Neverg Londoño Arias
En todo evento traumático debemos estar alerta sobre lo que ocurre con nosotros y nuestro entorno. Conviene dejar pasar unos días pendientes del estado del cuerpo y sus reacciones dado que el cerebro ha entrado en una intensa actividad. El miedo a morir hace que entre en juego todo el organismo procesando la necesidad de sobrevivir y colocando en alerta los sistemas de protección con una suficiente descarga de adrenalina y cortisol. Cuando ya se es consciente de la situación, bajan los niveles de estos compuestos, se siente cansancio, dolores en diferentes partes del cuerpo y unos deseos infinitos de llorar. Permítase llorar hasta la última lágrima, que está descargando tensión. El cerebro por su parte, va archivando gran parte de la información que ya no necesita, pero sigue en posición de alerta ante la posibilidad de que el peligro continúe.
Para lograr estabilidad y bajar los niveles de ansiedad se hace pertinente controlar el flujo de información. Ver y ver noticieros, recorrer los lugares del desastre y convertir el suceso en tema del diario vivir, hace que su cuerpo siempre esté alerta, aumente el estrés y el miedo y llegue a un estado enfermizo que merece atención. La afectación del oído interno, unida a la sobreinformación provoca extrañas sensaciones de temblor y mareos repentinos.
Conviene ayudarse y procurar estabilizar el sistema nervioso retomando las actividades, rutinas y tareas y de paso entender que usted depende de usted y muchas personas dependen de nosotros, por lo cual nuestra actitud las puede afectar y hacer permanecer en un mundo sin soluciones concretas.
Camine, sacúdase como tratando de retirar cosas pegadas a la piel, expulse miedos, tensiones y estrés, libere el cortisol acumulado. Si persiste la sensación de temblor se recomienda un sencillo ejercicio: Sentados en una silla, espalda rígida y la mirada dirigida a un punto fijo, establezca contacto con el cuerpo y murmúrele en tono bajo: “Siento mi cuerpo y mi respiración. Estoy bien y a salvo, el susto ha disminuido. Siento el piso firme bajo mis pies. La tierra no se mueve”.
Recupere sus horarios para el trabajo, la alimentación, la distracción y el sueño. Insista en que el cerebro procesa sus deseos de bienestar, sabiendo que puede lograrlo. Ayude a otros a recuperar su estabilidad emocional.
Evalúese en períodos cortos. Sea consciente que hay temblores repentinos provocados por el paso de vehículos pesados, que hay ruidos fuertes y que las personas lloran o gritan por infinidad de motivos. Pero si considera que su situación sigue siendo incontrolable, no dude en buscar apoyo profesional.
