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miércoles, febrero 28, 2024

Ausencia de prueba y prueba de ausencia

Es tendencia

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Julián Cárdenas Correa

Columnista

Aunque soy un liberal (repito la aclaración de siempre porque me preocupa mi reputación: no del partido) y valoro en consecuencia y extremo mis libertades, he respetado el aislamiento decretado por el Gobierno Nacional; más por sensatez que por otra cosa, viéndome sólo con la opción de ejercer mi libertad a través de la lectura, la meditación y la reflexión.

Ahora bien, dado que mi familia y gran parte de las personas que son cercanas  han cumplido igual que yo, algunos por temor a contagiarse, otros, por dóciles, otros por cumplidores y otros también por sensatez; me sorprendieron muchas cosas en las últimas semanas: Muchas de las calles del centro de Pereira con un flujo importante de peatones, casi como en un día normal pre-covid; supe por las noticias de algunas rumbas con afluencia de público; aunque no lo entendí al

principio, toque de queda y ley seca el fin de semana del día de la madre. ¿Por qué digo que me sorprendieron? Porque creí que el resto de los pereiranos estaban igual que nosotros, es decir, cumpliendo una medida ordenada por el Gobierno que más allá de las reflexiones de si son o no dictatoriales, tenían en esencia la intensión de contener el grado de aceleración de contagiados que pudiesen terminar en unidades de cuidados intensivos.

He hecho abstracción de monitorear, como lo hacen otros de una manera casi obsesiva, las cifras y las estadísticas de enfermos, recuperados y fallecidos. Si lo pensamos un poco, con cabeza fría, tener esos datos no nos dice absolutamente nada; porque además hay un gran error en confiar en esos datos: Como lo afirma el autor Nassim Taleb, se confunde la prueba de ausencia, con la ausencia de prueba. Se ha confundido, expertos en salud incluidos, la ausencia de prueba, o sea el número de pruebas que hacíamos, que era y es mínimo comparado con los países desarrollados; nos hacían concluir que “íbamos bien”. Lo que esos datos no significaban, era precisamente que no eran prueba, evidencia, de que íbamos bien, no eran la prueba de ausencia de un número más importante de contagiados. Cuando aumentó el número de pruebas realizadas, oh casualidad, aumentó el número de diagnosticados con covid19. Reitero, teníamos era ausencia de capacidad de hacer pruebas, no teníamos pruebas de lo que llevamos dos meses leyendo y escuchando.

El gran problema, un problema muy democrático por demás, porque responsables, sensatos, temerosos, obedientes, descarriados, irresponsables, jóvenes, viejos, ricos, pobres, todos, absolutamente todos, quedamos expuestos por igual; y a juzgar por los datos, es evidente que después del desconfinamiento los casos se van a multiplicar y seguramente más que eso, crecerán exponencialmente.

Por lo tanto sí aplica, más que nunca, eso de que cada quien por lo suyo. Cada uno es responsable de cuidarse y a los suyos. El egoísmo vuelve y aparece como la panacea para el bienestar común. Si la mayoría se cuida por su propio bienestar, si nos preocupamos por cuidar a nuestros grupos cercanos, con ello entre todos lograremos el bienestar general. “Maldito” Adam Smith.

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