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viernes, junio 21, 2024

ARCHIVOS Y PAPEL HIGIÉNICO

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Por: Víctor Zuluaga Gómez

Decía en un artículo anterior que los archivos más antiguos que existían en Cartago sobre la fundación de dicha ciudad en lo que hoy es Pereira, fueron incinerados por orden del alcalde, a mediados del siglo pasado.

Conviene anotar que en muchas otras localidades de Colombia ocurrió lo mismo, ya por orden de un funcionario o bien, como ocurrió en Riosucio, donde fueron incinerados en la época de la violencia, con el fin de tomar posesión de las tierras de los indígenas. Los archivos de la notaría fueron incinerados por las Autodefensas. 

Y en otros casos, cuando me encontraba buscando información sobre las razones por las cuales los indígenas del Chamí habían perdido todas sus tierras, pude constatar el descuido en que se encuentran algunos archivos municipales. En el caso de Tadó, dichos archivos se encuentran en el cielo raso, por donde circulan como pedro por su caso las ratas y toda clase de alimañas. O en Pueblo Rico, en el archivo del municipio, que se encuentra ubicado en la parte superior de un baño, donde ubicaron unas cajas para acomodar los archivos.

Sin embargo, en el caso de Ansermaviejo, población que fue fundada por el Mariscal Robledo, un año antes de fundar a Cartago, podemos afirmar que se tomó una determinación absurda, infame. Resulta que un sacerdote del Chamí realizó una petición al Incora para que le adjudicaran unas tierras supuestamente baldías en el occidente de Mistrató, tierras que habían sido tituladas a los indígenas por la Corona española. Pues bien, alguien me comentó que el sacerdote en cuestión había jurado que en esa zona en donde le fueron adjudicadas más de 400 hectáreas de tierras, ya no existían indios. Me dijeron, además, que la escritura de dichas tierras adjudicadas al sacerdote, se encontraban en la notaría de Ansermaviejo. No lo dudé en emprender el viaje hacia dicha localidad y en efecto, revisando los archivos correspondientes a la primera mitad del siglo XX, pude constatar la información que me había dado un amigo. Pero, como para no creer, cuando solicité revisar los archivos del Siglo XVI, relacionados con la fundación de Anserma en 1539, me dieron una noticia que inicialmente pensé en que trataban de tomarme del pelo. El funcionario de la notaría me informó que lamentablemente, un alcalde de la ciudad había vendido los archivos viejos a una fábrica de papel higiénico. 

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