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domingo, mayo 19, 2024

“Aparento luego existo”

Es tendencia

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El hombre, decía Pascal, tiene dos vidas: una es la auténtica, la otra la imaginaria que vive de la opinión, suya o de la gente. Kierkegaard evidenció la alienación que resulta de vivir de pura exterioridad, siempre y sólo en presencia de los hombres, y nunca sólo en presencia de Dios y del propio yo. Según el filósofo francés Jean Baudrillard, ya se ha hecho difícil distinguir los sucesos reales, de su representación mediática. Descartes afirmaba: “Cogito ergo sum”, pienso, luego existo; pero hoy se tiende a sustituirlo por “aparento, luego existo”.

Hoy parecería más satisfactorio el mundo de los likes, de los filtros, de salir en la foto. Solemos pensar en la imagen de algo más que en la cosa en sí. Un idealismo, donde la idea precede a la realidad; una especie de cárcel kantiana, donde se creería que la sociedad está dividida en las cárceles personales de cada uno, lo contrario a lo que pensaba Aristóteles, que las cosas son con independencia de lo que nosotros pensamos.

Hoy vivimos en una época trivial, el marketing ha sustituido el fondo, la visibilidad ha sustituido la trascendencia, la narración ha sustituido la historia. Lo que se muestra es lo que se aparenta y la persona se esconde detrás de sus cuentas en redes sociales con verdades y mentiras a medias. Una cultura de la apología al maquillado retrato y a la inmediatez mediática que coloca al individuo no a reflejar lo que es, sino a mostrar lo que quiere fingir que no es.

Esto nos ha llevado, a no conocer la realidad óntica de las personas, sino el reflejo de ellas; lo que nos lleva a pensar que lo único importante es crear en los demás una imagen nuestra y no lo que realmente somos. Un mundo donde lo que más importa es la primera impresión, donde se termina juzgando el libro, en este caso la persona no por lo que contiene sino por su portada.

Quien vive de las apariencias se priva de lo sustancial y esencial de la vida; se vuelve incapaz de poder advertir lo que realmente importa, y es allí, donde nuestras propias vidas empiezan a carecer de importancia. Solo desde el mundo de lo profundo y lo autentico, puede ser superada la imagen y la apariencia, el mundo real de lo artificial y superficial.

 

Padre Pacho

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