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martes, marzo 5, 2024

Antropofagia criolla

Es tendencia

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Ernesto Zuluaga

Columnista

Nada es más efímero que la gloria ni más ingrato que el ser humano mismo. Cuando se está arriba todos te sonríen, te buscan y te adulan pero cuando empiezas a bajar te das cuenta de que esos mismos que te halagaban ya se bajaron del bus y ahora son tus críticos acérrimos que castigan cualquiera de tus flaquezas o denigran de la flacidez de tus actos si no están a la altura de tus anteriores éxitos o por encima de ellos. Fallar, declinar o descender son circunstancias normales en la vida de todos los seres y por triunfantes que hayamos sido siempre vendrá el declive. Seremos entonces el blanco de críticas cobardes y comidilla de “oportunistas” que como las ratas fueron los primeros en abandonar el barco.

El escenario estelar para observar esta característica malvada de los humanos es la política. El día del triunfo electoral todos se abrogan su propiedad incluso aquellos que no hicieron parte de él y juran haber votado a favor; el día de la posesión se mezclan los amigos, la familia y los “lagartos” en una festiva connivencia digna de una obra de teatro. Al final del gobierno cuando el mandatario saliente abandona el recinto de su oficina para cederlo al triunfante ganador lo hace en la más sombría soledad, íngrimo con sus victorias y fracasos. Ya nada es importante, ni lo bueno ni lo malo. Se ingresa al ostracismo, oscuro rincón al que muchos se niegan a entrar pero apacible recodo donde se apaciguan las tormentas y se desvanecen las veleidades para recuperar la paz serena “que persigo y quiero”.

A Nairo lo abuchearon cuando no ganó y lo descueraron cuando no fue capaz de seguirle el paso a otros jóvenes que lo superaban subiendo. Olvidaron con perverso cinismo que ha sido el más grande ciclista colombiano de todos los tiempos y que muy lejos está cualquier otro de igualarlo, incluso Egan a pesar de su espectacular tour. A Falcao lo crucificaron y ahora les parece un anciano que huye al futbol turco porque está “acabado”, ignorando con pérfida intención que es de lejos el mejor futbolista y goleador de toda nuestra historia. Y ahora resulta que Catherine Ibargüen también se envejeció y que ya no puede darnos nuevos triunfos, desconociendo que es la más importante atleta coterránea de todos los tiempos. Qué necios y caníbales somos. Cuán rápido olvidamos.

“Al caído, caerle”, dice un adagio popular que refleja sin ambages el arribismo tan propio de nuestra idiosincrasia. Por eso no debe extrañarnos que para el colombiano del común Gaviria sea un politiquero, Santos un bandido y Uribe un paramilitar, la Corte el templo de la corrupción y el Congreso un circo.

Hacemos tabla rasa con todo. Parece inherente a la condición humana: si alguien resbala en la calle nos desternillamos de la risa y si cometemos el más mínimo error somos el rey de burlas. Pero por sobretodo lo que más duele es la ingratitud que llega desde los más cercanos quienes no libarán de las mieles porque ya no hay.

Por todo esto es que debemos aplaudir el altruismo y el deseo de servir que aún pervive en algunos ciudadanos especialmente jóvenes. Tenemos que valorar a quienes se atreven a dedicar  su vida para los demás sin pretender otra cosa distinta que mejorar el mundo en que vivimos. El peligro es confundirlos con aquellos corruptos que predican lo mismo y solo los mueve la ambición. Ellos son el cáncer de nuestra sociedad y nuestra mayor responsabilidad es reconocerlos.

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1 COMENTARIO

  1. Es más ciclista Egan Bernal que Nairo, empezó ganando la grande y le quedan restos y juventud para ir por el resto, no es que olvidemos sino que queremos más , y ellos reciben un sueldo para dar más porque eso es lo que saben hacer, o vivimos de los laureles? a propósito que sabe hacer ud?o como y de donde lo evaluamos?

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