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martes, julio 23, 2024

Algorética

Es tendencia

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(Pbro. Diego Augusto Arcila Vélez) 

Dice el adagio popular “dime con quién andas y te diré quién eres”, hoy podría ser “dime qué  tienes en el celular y te diré tus gustos”. En efecto, las redes nos capturaron rápidamente y de  qué manera. Todas las plataformas tienen un diseño arquitectónico llamado “insider”, que se  traduce por “el gancho”; el cual a su vez produce cuatro “bucles”’, gatillos, que disparan toda  

la dopamina necesaria en nuestro cerebro para hacernos esclavos del celular. Los ganchos,  “bucles”, funcionan en 4 pasos: el primero, el afectivo que mueve nuestra voluntad; el  segundo, el like, que aprueba nuestras emociones; el tercero, la recompensa, que es el  definitivo y más importante porque mueve la red para atraparnos en el cuarto y último que es  la adicción y el compartir de cuanta historia, foto, música, etc., encontremos.  

El sistema digital está gobernado por los algoritmos, que son fórmulas matemáticas que en un  “abrir y cerrar de ojos”, te definen en tus gustos, anhelos y deseos más interiores. Estos  algoritmos una vez te hayan identificado, no te sueltan, te invaden de toda la información que  te define y te caracteriza. La dopamina es el neurotransmisor encargado de regular la  recompensa y de llevarte a experiencias insospechadas con tu celular, creando la mayoría de  las veces una “enfermiza” dependencia delante de la información. Los algoritmos moldean tu  carácter y hacen de tu voluntad lo que quieren. La recompensa es a la vez, una onda  expansiva que perturba la emoción, la memoria, la motivación e incluso tu personalidad, de  allí que se hable de “tribus algorítmicas” que manejan una información común sin medir  muchas veces las consecuencias. Existen “tribus” desde las gastronómicas, pasando por las de  salud, hasta las de motivaciones sexuales, farmacodependientes y hasta para citarse a pelear  en un parque del barrio. 

El Papa Francisco en días pasados participó de la reunión de los países del G7, en Borgo  Egnazia, Apulia, al Sur de Italia, y en una magistral intervención que trataba sobre los retos  éticos de la Inteligencia Artificial, advertía: “hablar de tecnología es hablar de lo que significa  ser humanos y por tanto de nuestra condición única entre libertad y responsabilidad, es decir,  significa hablar de una I.A, ética”. Allí delante de los países más poderosos del mundo, acuñó  la palabra “algorética”; para resignificar que somos ante todo seres humanos libres, que  debemos escapar a la esclavitud del celular, y definir de una vez por todas, “que somos más  importantes que las máquinas y los algoritmos que nos condicionan y atrapan”.

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