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jueves, junio 13, 2024

Alcalde, no venda el sofá

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¿Pecar me hace malo?

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Jaime Castaño Torres
Columnista
El Alcalde Maya ha hecho las cosas bien, pero se equivoca cuando habla de su deseo de acabar con el Instituto de Tránsito. El, Uds y yo sabemos que es imposible dejar la ciudad sin quién controle el tráfico físicamente a través de guardas que a mi juicio han sido eficientes desde su creación de la cual participé como Concejal de Pereira, cuando trabajábamos Ad-honorem. La Policía Nacional acaban de retirarla de esa función en Bogotá porque se requiere para vigilancia que es su razón de ser. La excusa de la que habla el Alcalde es la más peregrina del mundo y casi vergonzosa: dice que es preciso acabarlo por la corrupción que encuentra o encontró en el mismo. En ese caso su primer deber es denunciar penal y disciplinariamente a los corruptos o destituirlos para lo cual debe tener la facultad, pero decir que por esa razón va a acabarlo es un exabrupto.

He oído algunos comentarios periodísticos en los cuales se denuncia que una firma que está prestando servicios similares en Manizales ha estado rondando la institución en tela de juicio y al parecer está interesada en administrar o tomar las riendas de Tránsito lo cual tenemos que llamarlo sin tapujos es privatizar un servicio público indispensable, lo que constituiría en error garrafal, pues sería primero investir de autoridad a unos particulares quienes no podrían ejercer autoridad sancionatoria sobre el común de los asociados. Segundo, eludir la responsabilidad del control moral, pues ya los funcionarios o quienes hagan sus veces seran empleados de un tercero al que no cobija las esferas oficiales. Si quieren tecnología, designen un funcionario capaz de implantar la necesaria, pero no generen una fuente de enriquecimiento de terceros, con dineros que pueden acrecer las arcas municipales. Las instituciones no delinquen, sino quienes como seres humanos la integran o sea que no hay ninguna posibilidad de solución por esa vía, pero en cambio se perdería el control de los mismos por los organismos correspondientes incluído el propio Alcalde, pues ya a esos señores no se les podrá llamar funcionarios públicos sino empleados de un tercero. Ese sólo hecho facilitaría mucho más la corrupción en ese organismo y menos posibilidad de sanción, porque sería necesaria una demanda de incumplimiento de un contrato con el tercero y nunca se conocerá el resultado.

La legalidad de tal acto la dudo porque recuerdo cuando un Alcalde anterior intentó con la misma excusa privatizar el recaudo de impuestos y el acto fue demandado y como consecuencia de la caída de tal acto se presentó una cuantiosa demanda contra el Municipio que fue condenado a pagar por perjuicios obvios, pues quien se gana la lotería de un contrato de ese tipo empieza a hacer unas inversiones en mobiliario, locales, personal, entrenamiento y para la demanda que venga todo eso aumentará al triple y después el Municipio a pagar.

Señor Alcalde: Ud es un hombre probo, práctico y correcto. Haga lo que quien con esas cualidades debe hacer: Que la Contraloría Municipal haga la Auditoría de rigor, rinda los informes, imponga las sanciones, haga los juicios de resaponsabilidad fiscal del caso y cuando haya méritos formule las denuncias correspondientes. Los corruptos destitúyalos y reemplacelos por gente proba pero no se exponga a un serie de litigios que seguramente le sobrevendrán y se convertirán en su calvario.

Además no cometa el error de castigar a justos por pecadores, porque estoy seguro que los corruptos son unos pocos si los hay, pero no mancille la honra de los buenos. No coma cuento de privatizaciones porque recuerde que las empresas de concesión contratan diez veces más abogados para las demandas que empleados para cumplir la función. Ejemplo, si requiere diez ingenieros contrata cien abogados para las demandas que seguramente le ganarán y serán un INRI en su administración. Lo que usted está pensando es sencillamente lo del tonto que soprendió a su mujer yaciendo con otro en su sofá y procedió a vender el sofá para combatir la infidelidad de su cónyuge. Eso es de necios. No lo haga o la historia lo juzgará con la severidad del caso y de pronto los organismos de control también lo hagan si comete ese error.

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