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martes, julio 16, 2024

Ahora que se abren los debates

Es tendencia

DOBLE ESTÁNDAR

EN LA COPA

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Alexánder Ríos Arboleda

Columnista

Impresionado por las noticias de Cali, centenares de heridos, muertos, bloqueos y la ciudad con mayor debate sobre el paro y vandalismo nacional al borde del colapso. Las palabras del alcalde Jorge Iván Ospina en los medios nacionales son débiles y permisivas, en donde evade su función de primera autoridad policiva, aduciendo argumentos no propios de un líder que ha sido elegido popularmente para defender a la ciudadanía y garantizar los derechos constitucionales de “todos”.

A la problemática que vive la capital de la salsa, se agregó la llegada de la famosa minga caucana, disque a respaldar el incendio en Cali, trasmitiéndole a la ciudad la misma soberbia que aplican al sur occidente colombiano todos los años, de bloquear la vía Panamericana y desabastecer a extensos territorios, no solo del Cauca sino de Nariño, quienes quedan sin provisión de gasolina, alimentos y bloqueada la económica en general. La minga en su arribo a la ciudad, no tuvo la oposición del alcalde Ospina, no fue contundente en persuadirlos sobre lo inoportuno de su visita. Entonces la comunidad los enfrentó, algunos en forma pacífica otros en forma agresiva.

El balance de la minga fue desastrosa, heridos a  bala, machete y piedra entre indígenas y caleños, invasión a la propiedad privada, daño en bien ajeno y la máxima, pretender con su guardia indígena hacer los famosos retenes sustituyendo la tarea de las autoridades, con requisas e irrespetando la libre movilidad de los ciudadanos. En su tarea de intromisión a Cali llegaron miles de indígenas, en chivas, camionetas de alta gama, algunas de ellas con placas tapadas que dicen son contratadas por la Unidad Nacional de Protección. Es decir con dinero de los colombianos están viajando estos aborígenes, dejando en Cali una estela de delitos, que hoy no escucho que se estén investigando por parte de las autoridades. Ante esta oposición contundente de los caleños, la minga no tuvo otro remedio que devolverse a sus tierras con la cola entre las patas. La única autoridad caleña de renombre que ingenuamente lamentó la ida de los integrantes de la minga y les pidió perdón, fue el arzobispo católico monseñor Darío de Jesús Monsalve, es decir aquí no primó la tranquilidad de millones de caleños, sino lo mal atendidos que fueron los indígenas en una ciudad incendiada.

Dentro de las cosas que se deben ajustar en la recomposición del país, debe incluirse hacer una auditoría de lo que está pasando en los resguardos con los dineros que los colombianos  aportamos para su funcionamiento. Revisar porque en esos territorios en donde cualquier colombiano no puede poner un pie, hay cultivos de coca en cantidades alarmantes como de marihuana. El respeto a estos ancestros culturales de América, de donde algunos de nosotros tenemos nuestras raíces, debe estar signado por la trasparencia que es lo que reclama hoy Colombia en todos sus estamentos.

P.D. Mientras el alcalde de Pereira es investigado por hablar de defender la ciudad de los vándalos, la Procuraduría no ha expresado nada de investigar a los cientos de funcionarios públicos que marcharon en pleno toque de queda, mientras los 450.000 pereiranos restantes nos quedamos en casa cumpliendo la orden. Es decir ¿la ley es para quién?

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