Ahora Pereira no puede perder su memoria

James Fonseca

Cuando el historiador Víctor Zuluaga Gómez escribió Pereira: La Historia se vuelve a escribir, reeditada por la Corporación Pereira Cívica, tuvo que viajar a Popayán y a Sevilla, España, para encontrar documentos que alguna vez estuvieron en los archivos de Cartago, porque en el siglo XX un alcalde de ese municipio decidió que aquellos “papeles viejos” no servían y fueronvendidos para reciclaje.

Ahora cuando Pereira cumple 163 años de su refundación, su Archivo municipal vuelve a estar en riesgo. Esta vez no por la ignorancia de un funcionario, sino por las consecuencias del terremoto del pasado 10 de agosto.

Las tres edificaciones donde se conserva el archivo sufrieron daños y algunos documentos quedaron expuestos a condiciones que pueden deteriorarlos de manera irreversible. No estamos hablando de papeles sin importancia. Según información del historiador Sebastián martínez botero, el Archivo municipal reunía, hasta 2023, aproximadamente 669 metros lineales de tomos de documentos producidos entre 1865 y 2015.

Allí están los archivos del Concejo, la Alcaldía y sus dependencias, documentos de las curadurías urbanas y registros de emergencias anteriores. En ese acervo también se encuentran documentos notariales que pueden contener la historia jurídica de terrenos donde fueron construidos el Hospital San Jorge, el Aeropuerto matecaña, la Villa Olímpica, la antigua galería y muchos otros lugares emblemáticos de la ciudad que hoy conocemos.

Es, también, una memoria que trasciende a Pereira. Además de las huellas de la formación local, de las instituciones, los servicios públicos, la urbanización, la vivienda, la salud, las migraciones, están las del poblamiento del Eje Cafetero. Por eso no basta con lamentar el daño.

La Constitución y la Ley General de Archivos imponen al Estado la obligación de proteger, organizar y conservar el patrimonio documental. No es una decisión discrecional del alcalde de turno. Es un deber legal.

Hoy una parte del archivo está en la institución Educativa José Antonio Galán y otra en el Centro Cultural Lucy Tejada. Allí los documentos se desordenaron, pero, según la información disponible, no habrían sufrido daños mayores. El mayor riesgo está en los sótanos del Palacio municipal, donde pudieron quedar expuestos a humedad y agua después del terremoto.

La respuesta debe ser inmediata, con especialistas que evalúen, ordenen y recuperen los documentos afectados y, sobre todo, los trasladen a instalaciones seguras y adecuadas. Pereira no puede perder nuevamente su memoria.

Ya una vez fue necesario viajar ir hasta España para reconstruirla. Sería inadmisible que, 163 años después, volviéramos a perder documentos irremplazables, porque no fuimos capaces de protegerlos. El archivo documental no es nostalgia.

Es la memoria de la ciudad y, en buena parte, patrimonio de la Nación. Conservarlo es una obligación con Pereira y un deber con quienes todavía no han nacido.

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