CARLOS PATIÑO
El terremoto dejó casas destruidas, negocios afectados y ciudades intentando levantarse. Pero hoy 221 familias de Comestibles La Rosa enfrentan una incertidumbre abrumadora y es la suspensión de sus contratos laborales.
Nadie desconoce que un desastre natural puede afectar la operación de una empresa. Lo que sí debemos preguntarnos es si la tragedia puede terminar convirtiéndose en una tragedia laboral. La suspensión de un contrato no significa que desaparezcan los derechos del trabajador. Y una emergencia no puede convertirse en una autorización para desconocer la estabilidad laboral, los derechos convencionales o la libertad sindical.
La preocupación aumenta al recordar que en diciembre de 2025 la CUT denunció el despido de 13 trabajadores de La Rosa, en su mayoría sindicalizados, en medio de una controversia relacionada con la jornada laboral y la convención colectiva. Hoy aparecen 221 suspensiones. ¿Qué garantías tendrán esos trabajadores? ¿Cuánto durará la medida? ¿Existe un plan de reconstrucción? ¿Qué alternativas se estudiaron antes de suspender los contratos? ¿Qué papel está cumpliendo el Ministerio del Trabajo?
Son preguntas legítimas que merecen respuestas claras.
Como abogado y como ciudadano de esta región, quiero poner mi conocimiento jurídico a disposición de los trabajadores que hoy viven esta incertidumbre. No para desconocer la tragedia ni para anticipar responsabilidades, sino para acompañar la defensa de sus derechos laborales.
Reconstruir La Rosa será importante. Pero reconstruir también significa proteger a quienes durante años hicieron posible que esa empresa funcionara. Que tiemble la tierra, pero que no tiemblen los derechos de los trabajadores.
