163 años eligiendo levantarnos

María Irma Noreña

Después del terremoto, Juan Pablo Sánchez Espinel hizo algo que retrata el alma de Pereira. Tiene 13 años, vive en San Luis, en la comuna Boston, y muchos lo conocen como el “Topito Colombiano”. Primero comprobó que su familia estuviera bien; luego ayudó a su abuela y a un comerciante. Después llegó hasta Providencia y, acompañado por adultos, se puso casco, guantes y tapabocas para apoyar la remoción de escombros.

“Ningún colombiano puede dejar solo a su país”, dijo. En esa frase de un niño cabe buena parte de lo que somos: una ciudad que no pregunta quién debe empezar, sino dónde hace falta una mano.

Este 30 de agosto, Pereira cumple 163 años de vida político-administrativa. No es el aniversario que imaginábamos. Nos encuentra con ausencias que duelen, hogares afectados y familias que todavía intentan recuperar su tranquilidad. Por eso, celebrar no significa olvidar lo ocurrido ni disimular el dolor. Significa honrar a quienes ya no están, agradecer a quienes tendieron la mano y renovar nuestra decisión de salir adelante.

Desde su nacimiento, Pereira ha sido construida por gente que llegó con esperanza, trabajó y abrió oportunidades. Esa misma fuerza deberá guiarnos ahora. La solidaridad fue la primera respuesta; la reconstrucción debe ser la siguiente.

Y reconstruir no es solamente levantar paredes. Es lograr viviendas más seguras; recuperar colegios, vías y servicios; reabrir negocios, proteger empleos y acompañar a quienes viven de su trabajo diario. Es prepararnos mejor, con tecnología, prevención y alertas tempranas. También es convertir la recuperación de Pereira en un impulso para Risaralda y todo el Eje Cafetero.

Como senadora pereirana, mi compromiso es que la voz de esta ciudad sea escuchada en las decisiones nacionales y que la ayuda se traduzca en soluciones concretas. Pereira merece una reconstrucción que no la devuelva simplemente al día anterior al terremoto, sino que la haga más segura, productiva y preparada para el futuro.

Juan Pablo sueña con ser bombero. En octubre viajará con su mamá a Bogotá para formarse con los Bomberitos y representar a Pereira. Haber ayudado a abrirle esa puerta me recuerda que reconstruir también es cuidar los sueños de quienes vienen detrás.

Hoy, nuestros 163 años no se miden solamente en el calendario, sino en todas las veces que esta ciudad ha elegido levantarse.

Feliz cumpleaños, Pereira. Como nos enseñó el Topito Colombiano, no vamos a dejar sola a nuestra tierra. Vamos a cuidarla, reconstruirla y llevarla hacia adelante, juntos.

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