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jueves, mayo 23, 2024

100 días de ausencia

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Luis Miguel Cárdenas Villada

La República Unitaria de Colombia representa la administración del Estado a través de un gobierno elegido por voluntad popular, mediante procesos democráticos precarios. Este gobierno delinea políticas públicas previamente concertadas y reconocidas para su ejecución en un territorio jurisdiccional que forma parte de una región. Este territorio está habitado por ciudadanos y campesinos que nacieron en él o a quienes se les reconoció su adopción, definiéndose así como nación. Colombia está ubicada en América del Sur y cuenta con una Constitución autónoma que establece un orden. A pesar de que su territorio es reconocido, algunos políticos lo ocultan deliberadamente por decreto, y esto va en contra del deber ser.
La República Unitaria de Colombia está conformada por tres poderes y uno de ellos, el ejecutivo, lo integran tres niveles de Gobierno con competencias y responsabilidades que son desconocidas a propósito por sus Gobernantes por una sola razón, son políticos y no estadistas, por ello sus bajos perfiles de administradores de lo Público, así se presenten con más títulos que el campeón eterno del futbol; tienen tantos cartones, que será por eso que promueven tugurios, acompañados de hambruna, para manipular conciencias fácilmente.
La elemental síntesis de civilidad, para demostrar que los políticos – de cualquier raigambre – no necesitan de conocimiento adecuado para gobernar, en razón a invertir la ecuación del Estado Moderno. No se resuelve la identidad a través de la población y el territorio, como debiera ser, para conformar un Estado singular donde la población es dominada por el gobierno con su tácita aceptación y el territorio solo tiene sentido por el capricho del político, que para tristeza de pocos, es elegido con anuencia de una población sojuzgada voluntariamente, por eso la eterna y manida frase: “El Pueblo se merece sus Gobernantes”.
Los primeros cien días de gobierno es una ficción vuelta cultura, para entretener periodistas, pues retóricamente, deberían tener un mínimo de respeto al emitir juicios de valor, que entre otras cosas, no es su función, pero lo hacen por estar entregados servilmente al poder opositor, para el caso progresista, o en el gobierno de turno avasallador, debido razonablemente a su comportamiento rutinario, nadie pelea con su comida.
Se debe recordar que un Alcalde y Gobernador son elegidos para periodos fijos de cuatro años donde supuestamente deben cumplir con lo propuesto en un Programa de Gobierno, elaborado con participación ciudadana inteligente – solo retorico – para satisfacer necesidades o insatisfacciones a través de un Plan de Ordenamiento Territorial . POT que debe ser el sustento del Plan de Desarrollo – PD. Ni lo uno ni lo otro, los POT no leen los PD y en sentido contrario, solo interesa ajustar los presupuestos y compromisos para bienestar propio.
En Colombia, está demostrado que llegar a ser elegido como gobernante requiere una considerable suma de dinero; nadie invierte para perder en la empresa electoral. Desde una perspectiva contable, los sueldos nunca serán suficientes para cubrir esa inversión, pero al final de la gestión, la riqueza del gobernante suele aumentar. En una ocasión, un alcalde pobre fue cuestionado por su creciente riqueza posterior a su mandato; “Llegó a la Alcaldía en bicicleta y salió en un Renault 4”; los periodistas en ese entonces afirmaron que se enriqueció por corrupto. En contraste, otro alcalde adinerado llegó a la Alcaldía en un Ferrari y terminó su mandato con avión y un yate; los mismos periodistas afirmaron que su riqueza se reprodujo.
Cien días de un Gobierno es la advertencia vulgar, en analogía gastronómica, de saber anticipadamente lo que se va a consumir en la comida, partiendo del desayuno. Es una razón para desvirtuar, sin sentido, al anterior gobernante, cuando no es de su cuerda política, condición cultural extravagante de prometer lo que no se puede o no se quiere cumplir.
Cien días son suficientes para afirmar que, sin tener un Plan de Ordenamiento Territorial legítimo, no es posible un Plan de Desarrollo y mucho menos cumplir con el Plan de Gobierno, por eso, sin temor a equivocaciones, Alcaldes y Gobernadores, manteniendo la tradición de decretar antes que concretar, no llegarán a ningún Pereira y no podrán organizar el uso del suelo. Lumica74@hotmail.com.

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