Vivienda digna en Puerto Caldas: una reconstrucción que empieza por escuchar a la comunidad

En San Isidro, el proceso de construcción parte de las condiciones que ya enfrentaban las familias y busca mejorar sus viviendas mediante acompañamiento técnico y trabajo comunitario. 

La reconstrucción de Pereira está siendo entendida como un proceso que va más allá de levantar paredes y viviendas. El sismo también permitió visibilizar problemas habitacionales que ya existían y que ahora hacen parte de los retos que enfrentan las comunidades.

Jorge Augusto Noreña, arquitecto e integrante de Ruta 4 Taller y Cumbre Arquitectura, impulsa el proyecto ‘Pequeñas, grandes acciones’ junto a la Fundación El Comienzo del Arco Iris, con el propósito de acompañar el proceso de reconstrucción en San Isidro. “Nos interesa pensar en hacer un proceso de reconstrucción integral”.

El proyecto reúne a arquitectos, ingenieros, geólogos, psicólogos y una abogada, además de estudiantes y profesionales vinculados a la Universidad Cooperativa de Colombia, la Universidad Católica de Pereira y la Fundación Universitaria del Área Andina.

En el territorio se han realizado estudios técnicos y diagnósticos sobre las viviendas y la situación legal de los terrenos. Noreña explicó que los habitantes también participan en el diseño de sus casas y pueden plantear cómo quieren sus espacios.

“Creo que el sismo nos debe dar esa enseñanza, cómo construir bien, no se trata solo de construir, poner un techo y construir sin cimientos, sin muros, sino plantear que hay un proceso de acompañamiento técnico”, aseveró Noreña.

El trabajo de Ruta 4 Taller en esta comunidad comenzó en 2018 con el apoyo al proyecto de corte y confección. Después, el equipo realizó cuatro mejoramientos de vivienda de manera urgente tras el sismo, según explicó Noreña.

Actualmente se adelantan los diseños de cinco reconstrucciones, con la participación de cerca de 200 personas entre profesionales y voluntarios. El proyecto también cuenta con el apoyo de organizaciones como Argos y Proyecto Kinder, un espacio cultural en Bogotá, además de aliados y colaboradores desde Estados Unidos.

Noreña señaló que uno de los llamados del proyecto está dirigido a la institucionalidad para que acompañe estos procesos de reconstrucción. Las viviendas contemplan diferentes alternativas constructivas, entre ellas guadua, ladrillo y mampostería estructural, bahareque y bambú, de acuerdo con las características de cada proyecto.

 

El cuidado

La psicóloga Manuela Rendón Betancourt indicó que poblaciones como San Isidro han construido desde lo que saben y con los recursos que tienen. “Eso siempre los deja un poquito en riesgo, en una necesidad latente. Siempre están esperando a que se caiga la cocina”.

Rendón destacó que el proceso de reconstrucción que se lleva a cabo ha impactado en el aspecto emocional de las personas. “El semblante cambió, la confianza cambió, saber que pueden descansar en un techo seguro, que no se les va a caer nada encima, que sus cosas están bien, que están cuidadas, que pueden invertir en cosas para ellos porque no se les van a dañar, porque no estarán en riesgo”, aseguró la profesional.

Otro aspecto que resalta es la oportunidad de cambiar no solo un techo, sino también la vida de las personas a partir de los espacios que habitan. A su vez, Manuela Rendón manifestó que han podido pensar y diseñar espacios de privacidad para niñas, adolescentes y mujeres, donde puedan desarrollarse libremente.

Durante la segunda etapa, uno de los objetivos del proyecto es que, si una casa es habitada por cinco mujeres, cada una pueda tener sus divisiones para crear dichos espacios y que esto impacte en su confianza y autoestima. “Todo va ligado a todo. Somos humanos, somos integrales. De donde vivimos, de donde dormimos, influye en cómo nos sentimos en la vida”.

Solidaridad entre vecinos

Para Hilda Marín, presidenta de la Junta de Acción Comunal y fundadora de la corporación El Comienzo del Arco Iris, el proceso también ha permitido fortalecer los vínculos entre las familias de San Isidro.

“Mejorar una vivienda es calidad de vida. Ayudarle a que esa familia viva en unas condiciones dignas, que tenga mejores cocinas y baños, que no se moje en un aguacero o que no se le caiga una pared o el techo, es dignificar la vida primero que todo”, explicó Marín.

De acuerdo con la información recopilada por la JAC, en San Isidro hay 183 familias. Muchas de las viviendas, al ser revisadas, presentaron afectaciones en sus estructuras. “La emergencia pasó, pero queda la necesidad”, sentenció.

En este proceso, la solidaridad ha sido un pilar. Marín expresó que las familias se han colaborado unas a otras en el proceso de reconstrucción. “La solidaridad de la comunidad es importantísima, es la que ayuda a mover todo este proceso”, puntualizó la lideresa comunitaria.

Conexión con el territorio

La historia de Gladys Mejía Restrepo en San Isidro de Puerto Caldas comenzó hace 33 años. El 10 de agosto, la casa donde vive sufrió daños. Tras el sismo, Mejía explicó que las paredes comenzaron a crujir y presentaron grietas en las esquinas, mientras que otras, en el patio, cedieron.

La vivienda será intervenida por el equipo de profesionales para mejorar sus condiciones de seguridad. “Estoy agradecida con los muchachos, mi Dios los va a acompañar. Yo estoy en un pedacito mientras ellos trabajan en el resto de la casa”.

“Dios es tan grande, que no sé cómo no colapsó todo. Yo amo este pedacito que tengo”, afirmó.

 

 

Las familias de San Isidro participan en la reconstrucción y se apoyan entre sí para mejorar sus condicion

es habitacionales. 

 

 

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