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viernes, septiembre 30, 2022

Trabajo si hay: Risaralda busca 10.000 recolectores de café

En la llamada “gran cosecha” se espera una producción de tres millones de arrobas en 22.000 fincas cafeteras del departamento

 

Óscar Osorio Ospina

 

Entre agosto y diciembre en Risaralda se adelantará la recolección del grueso de la cosecha cafetera, temporada durante la cual se presenta una alta demanda de mano de obra para atender las labores de recolección del grano.

El departamento registra un total de 22.000 fincas dedicadas al cultivo del grano, pertenecientes a 19.500 familias cafeteras, las cuales ocupan un área superior a las 45.000 hectáreas sembradas.

“Comienza la cosecha grande que se vio retrasada a causa del tema climático, este año va a ser dispersa por los cortos periodos de tiempo seco lo que ha hecho que las floraciones sean pocas. La cosecha vendrá muy mermada, pero es de buena calidad”, afirmó Jorge Humberto Echeverri Marulanda, director ejecutivo del Comité Departamental de Cafeteros de Risaralda.

El funcionario estima que la recolección del grano se hará entre agosto y diciembre, dependiendo de la altitud sobre el nivel del mar de cada municipio cafetero.

En este período se espera recolectar alrededor de tres millones de arrobas de café que tienen un valor en el mercado cercano a los $700.000 millones, cifra que implica una muy importante dinamización de la economía regional a todo nivel.

“La cosecha es menor en comparación con otros períodos, en un porcentaje importante por la incidencia del clima y dependiendo del comportamiento del fenómeno de La Niña, que ha sido intenso y extenso. Y según las previsiones, hay que prepararnos para un fin de año muy lluvioso”, anotó Echeverri Marulanda.

A esto hay que sumarle otro factor: la reducción del área destinada a la siembra de café. Risaralda llegó a tener 80.000 hectáreas en café, mapa que en los últimos diez años se redujo en unas 12.000 a 15.000 hectáreas y que actualmente es de 45.000. Este fenómeno, que afecta por igual a Quindío, Caldas y Antioquia se atribuye al costo

de la tierra, la cual se ha venido destinando a desarrollos inmobiliarios. Mientras tanto, crece la producción de café en Cauca, Nariño y Huila, al punto que “ahora somos el Eje Cafetero, pero solo del centro del país”, en palabras del dirigente cafetero.

En total, la cosecha cafetera anual de Risaralda se estima en cuatro millones de arrobas que tienen un valor aproximado de un billón de pesos, dado que en esta oportunidad del precio interno -que hasta el viernes era de $2.285.000 la carga- es el doble del que estaba rigiendo por esta época el año pasado.

La recolección

La recolección de estos tres millones de arrobas, demandan la utilización de unos 40.000 recolectores, cifra que incluye la mano de obra familiar.

El 90% de las 19.500 familias cafeteras en Risaralda (unas 17.550) son pequeños productores, lo que significa que tienen fincas con un promedio de 1.3 hectáreas por unidad productiva, lo que indica que en época de cosecha la recolección involucra a casi todos los miembros de la familia.

Así que en esta temporada se requieren alrededor de 10.000 recolectores, muchos de ellos provenientes del norte y del sur del país, así como también venezolanos que en los últimos años se han asentado en la región y encuentran en la cosecha cafetera una buena opción de trabajo y de ingresos.

Para proveer esta elevada cantidad de mano de obra, de manera conjunta la Gobernación de Risaralda, las alcaldías municipales, los Comités de Cafeteros, la Policía, el Ejército y la red de hospitales han puesto en marcha un plan interinstitucional, el cual ha dado positivos resultados en los últimos siete años, en procura de dignificar la labor tanto del cafetero como del recolector y darle valor e importancia a la mano de obra.

“Y eso pasa por un buen pago. Que el recolector esté tranquilo que en Risaralda hay una pesa justa, un pago justo, buena alimentación y alojamiento digno”, explicó Echeverri Marulanda al indicar que con la Policía Nacional se ha venido adelantando la labor de calibración de las básculas en las fincas, en donde se han mejorado también las condiciones de vivienda para los recolectores.

Lo que piden ellos

Pero curiosamente no es un buen precio lo que está en el tope de las exigencias que hacen los cosecheros de café a la hora de emplearse. Su principal demanda pasa ahora por dos cosas: la cercanía de la finca del casco urbano respectivo y contar con una buena señal de celular.

Una buena conectividad se ha vuelto artículo de primera necesidad para la mano de obra dedicada a esta labor, a fin de estar en contacto permanente con su familia que está en regiones alejadas del país o más alla de nuestras fronteras.

A su vez, el precio del kilo de grano recolectado obedece a la dinámica de la oferta y la demanda y, generalmente, se fija mediante los comités municipales que se reúnen

cada semana para analizar distintos factores que pesan a la hora de determinar el valor a pagar a los recolectores.

Bolsas de empleo

Uno de los principales componentes del Plan Cosecha, cuyo lanzamiento se hizo la semana pasada en Belén de Umbría -el primer municipio productor de Risaralda- es la conformación en los diferentes pueblos de las bolsas de empleo en donde se deben inscribir los aspirantes a ser enganchados en el proceso de la recolección.

Estos instrumentos permiten la caracterización de los aspirantes a integrar esa mano de obra, incluyendo información acerca de quiénes son y de dónde vienen, al tiempo que al empleador se le garantiza que vinculará a personas confiables para recoger la cosecha y, a su vez, éste les ofrece a los recolectores buenas condiciones para desarrollar su labor.

De manera regular también se vinculan a estas personas a actividades como brigadas de salud, jornadas culturales y actividades recreativas, a fin de mejorar sus condiciones de vida y contribuir a cambiar el concepto de que la cosecha cafetera es sinónimo de licor.

El mapa cafetero

Belén de Umbría encabeza el escalafón de los municipios cafeteros de Risaralda, con una cosecha promedio de 8.200 toneladas anuales. Le siguen, en orden descendente, Santuario, Santa Rosa de Cabal, Apía y Pereira.

En años pasados Pereira fue la capital cafetera de Colombia. En esa época tenía 18.000 hectáreas sembradas en café, las que ahora son solo 4.000. Este fenómeno obedece, principalmente, a la expansión inmobiliaria, puesto que ante el alto costo de la tierra los propietarios prefieren vender o destinarlas al desarrollo de urbanizaciones o condominios antes que continuar cultivando café.

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