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miércoles, marzo 22, 2023

“Quiénes vuelven”, una innovadora experiencia de educación ambiental

Por iniciativa de dos educadores, los estudiantes de Santuario se han dedicado a registrar el regreso de especies de fauna nativa a una zona dedicada hoy a la conservación de los recursos naturales en las estribaciones del Tatamá

Por Óscar Osorio Ospina

Buena parte de las 510 hectáreas que hoy hacen parte del Distrito de Manejo Integrado Planes de San Rafael en Santuario (Risaralda) eran ocupadas por fincas dedicadas a la ganadería y a otras actividades agropecuarias. Pero todo empezó a cambiar cuando en 1995 el Concejo Municipal decidió declarar esta zona como parque municipal natural, la cual el Ministerio de Ambiente elevó en el 2010 a la categoría de distrito de manejo integrado.

San Rafael se ubica en la vertiente oriental de la Cordillera Occidental, hace parte de la zona de amortiguación del Parque Nacional Natural Tatamá y tiene una importancia estratégica dado que su riqueza fluvial, conformada por el río San Rafael y sus afluentes, las quebradas La Cristalina, Papayal y Santa Elena, abastece el sistema de acueducto municipal.

Las aguas del río San Rafael abastecen el acueducto municipal de Santuario
Las aguas del río San Rafael abastecen el acueducto municipal de Santuario

En la actualidad, de este distrito de manejo integrado hacen parte 64 predios que abarcan unas 460 hectáreas declaradas zonas de preservación y restauración, mientras que las restantes 50 corresponden a la zona de uso sostenible con cultivos de mora, tomate de árbol y otros renglones agrícolas.

Para observar el avance del proceso de restauración de la riqueza nativa de flora y fauna, los docentes José Uriel Hernández, profesor de la Universidad Tecnológica de Pereira, y Raúl Pareja, encargado del área de ciencias naturales y educación ambiental del Instituto Santuario, pusieron en marcha un proyecto en el cual participan los jóvenes que hacen parte del Semillero de Investigación Gallito de Roca, conformado por estudiantes de los grados de 6º a 11º de educación media vocacional, y el semillero Cacique Candela integrado por estudiantes de primaria, en alianza con la Junta de Acción Comunal del sector.

Esta iniciativa bautizada “Quienes vuelven” está registrada como proyecto escolar ambiental en el programa Ondas de Colciencias, hace parte del Proyecto Ciudadano de Educación Ambiental, PROCEDA, y fue inscrito el concurso “Dejando huella” de la Universidad de los Andes en el cual ya está ubicado entre los 10 finalistas.

Sobre los alcances y propósito del proyecto, el profesor Raúl Pareja, indicó a EL DIARIO que “nuestro objetivo es indagar o investigar quiénes han vuelto después de 30 años a repoblar lo que eran fincas de ganadería y de cultivos menores por parte de colonos antioqueños y en las cuales la Cárder se hizo a la administración de lo que es hoy en día el Distrito de Manejo Integrado Planes de San Rafael”.

Centro de visitantes del Distrito de Manejo Integrado San Rafael en Santuario
Centro de visitantes del Distrito de Manejo Integrado San Rafael en Santuario

Allí se ha establecido un centro de visitantes de la Cárder que se utiliza para labores académicas y de investigación, así como también como alojamiento para los visitantes que pueden recorrer buena parte del área mediante diferentes recorridos como el Sendero Lluvia de Semillas y El Amparo.

Señala Pareja que la investigación buscaba abarcar tres tópicos: aves, plantas y mamíferos mediante el uso de cámaras de investigación para la vida silvestre, las que comúnmente la gente llama cámaras-trampa, ubicadas en sitio estratégicos. Explica que decidieron enfocarse en la observación de los mamíferos “porque estos han sido mucho más aporreados por los cazadores y menos consentidos que las aves por los humanos, las cuales son observadas con aparatos muy sofisticados”.

Agregó que el nicho fuerte de este trabajo es la observación de pequeños y medianos mamíferos, en desarrollo del cual se han detectado entre 12 a 15 especies, como zarigüeyas, guatines, armadillos o gurres cola de trapo, comadrejas, ardillas, ratones… “Pero el papá de los pollitos o, mejor dicho, nuestro mayor hallazgo ha sido el venado de cola blanca que para nosotros significa mucho porque era muy cazado por los colonos antiguos, incluso por los indígenas, porque un animalito de esos significaba unos 30 kilos de carne. Y entre los depredadores, se han encontrado el tigrillo y la taira”.

Todos ellos hacen parte de una cartilla que está actualmente en impresión y la cual se ha financiado con el concurso de la Cárder, la Oficina de Parques Nacionales y la Corporación para el Desarrollo Cultural y Ambiental de Santuario.

Acerca de la importancia de este trabajo dijo que se trata de un aula viva para la investigación en el sitio: “Para nosotros cobran vida las verdaderas ciencias naturales en la medida que las estudiamos en el contexto del territorio, el cual muchas veces no conocemos, no lo valoramos y no lo podemos conservar”.

Para el docente de la UTP, José Uriel Hernández, este proyecto implica una estrategia para aproximarse a las instituciones educativas con el ánimo de fomentar el espíritu científico en los niños, las niñas, los jóvenes y los maestros. “Eso nos hace tener la mira no solamente en Santuario sino en otros municipios motivando la formación del espíritu científico. Todo se inicia a través de una propuesta de investigación o de una pregunta de investigación y en el Instituto Santuario siempre ha surgido la pregunta: ¿cómo se afecta la biodiversidad a causa de los monocultivos?, la cual ha sido el eje estructurante de la investigación que iniciamos entre 2007-2008”, señaló.

Agregó que el proyecto Quiénes Vuelven “tiene una connotación muy importante, porque conecta con la investigación científica a los niños de la escuela, los lleva al municipio con los niños de la escuela municipal, los jóvenes del colegio oficial y los conecta con la universidad, son cuatro parámetros en los cuales se involucran niños, niñas, jóvenes y maestros en el tema de la investigación, eso me parece que es lo más importante».

Explicó, a renglón seguido, que gracias a la vinculación de un joven santuareño con el Instituto Santuario y la Universidad de los Andes les abrió las puertas para presentar el proyecto a esa alma mater en donde ha tenido muy buena acogida y una gran valoración, sobre todo por la línea conductora que se construye entre la escuela de la vereda, el colegio del municipio y la universidad.

Y privilegió, sobre todo, el hecho de que la observación de la fauna nativa con estas cámaras desvirtúa, en alguna medida, el concepto que tienen algunos chicos quienes al preguntárseles qué animales tenemos en Risaralda contestan que el tigre, el león, el elefante, la jirafa… “Ellos están en el parque Ukumarí, pero la fauna nuestra es de otra dimensión y por ello la importancia del reconocimiento de la diversidad que tenemos en el Parque Nacional Natural Tatamá. Y es asombroso porque lograr uno descubrir por sus propios medios qué es lo que tiene en el territorio, es fascinante”, apuntó Hernández.

 

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