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lunes, febrero 26, 2024

Crece el eco de los Umbra desde Quinchía

Por: @DuberneyGalvis

En diciembre del año pasado publicamos en la edición digital e impresa de El Espectador el especial sobre la lengua Umbra de Quinchía; “Umbra: la lengua que se resiste a desaparecer”. Un agradable trabajo cuyo proceso de investigación periodística nos tomó cerca de un año. Allí se aborda la historia de la lengua Umbra que fue hablada por los indígenas Ansermas asentados en territorios que abarcaban desde Belén de Umbría y Anserma, hasta Quinchía, Riosucio y Marmato.  

Inicialmente se retomó la manera como el profesor Guillermo Rendón descubrió en 1995 la lengua que se creía extinta, pero que tras más de cuatro siglos, seguía existiendo. Y paso a paso se incorporan componentes relacionados con los petroglifos, los hablantes de la lengua en la actualidad, las tradiciones de los descendientes de Ocuskka que habitan la región de Quinchía y Riosucio, y hacen parte de este patrimonio cultural; con personas colmadas de historias de vida que han transcurrido hasta llegar a los días presentes en que buscan la protección de la lengua.

Ahora bien, la novelesca vida de Merardo Largo Trejos, quien actualmente está haciendo sus estudios de posgrado en Canadá; y la de su hermano Yoany Largo Trejos, quien desde la Villa de los Cerros está al frente de la escuela umbra para preservar y proteger la lengua; son dos hechos culturales que han atraído la mirada de la academia, la prensa y diversos sectores  sociales y culturales, sobre esta comunidad que ha vivido en las tierras del mítico cerro Batero.  Así las cosas, los Umbra no solo siguen existiendo en el lenguaje, sino que se han organizado como comunidad y actualmente se congregan alrededor del cabildo Guaqueramáes. 

Sobre la importancia cultural, han pensado los estudiosos de la región, como Martha Alzate, que incluso la promoción de su cultura podría ser una oportunidad para que las entidades de la región inviten a colombianos y extranjeros a conocerla y profundizar su estudio.  Concluye acerca de la pertinencia de buscar un tipo de visitantes para la región con intereses culturales, que además del especial cuidado ecológico, propendan por escarbar en las raíces culturales de la nación e invite a la humanidad a protegerlas. Sería una oportunidad no solo económica, sino posible en términos de preservación, para fortalecer nuestra identidad y contar la historia aun incompleta de la colonización. 

Y es un hecho que el interés colectivo que ha despertado la comunidad, les ayuda a tener eco ante las autoridades gubernamentales, para que atiendan y entiendan la importancia del descubrimiento y la existencia de la lengua en la región.   En este orden, ha sido la Cárder quien en la actualidad presta atención a la existencia de los umbra, reconociendo la condición de resguardo al manifestar la voluntad para incluirlos en el POMCA del río Opiramá de Quinchía. Asunto de mayor calado ya que una de las deidades de los umbra es Dokureima, dios de las aguas en cuyas ceremonias se manifiesta una estrecha relación con los contenidos gestuales de la lengua. 

Por otro lado, a la puerta de la Gobernación de Risaralda ha llegado desde la comunidad, la propuesta de la Escuela Umbra como orientó el ente departamental, para poder brindar el apoyo institucional; de concretarse, sería este uno de los más importantes pasos para empezar a protegerla.  Resta entonces que el Ministerio del Interior, donde están los mayores atascos, expida los documentos correspondientes para facilitar el avance organizativo hacia la supervivencia de la lengua y la comunidad. 

Por ahora, Merardo sigue preparándose en Canadá, desde allí medita las propuestas de varias importantes universidades del país para incorporarse a sus departamentos. Entre tanto, Yoany, pule los contenidos y detalles para dar inicio a la escuela en Quinchía. Saben que hoy no están solos, equipos de estudiantes de derecho y otras disciplinas universitarias, están prestos a contribuir con la protección del patrimonio inmaterial y material de la región. 

Así pues, la voz de los Umbra empieza a retumbar cada vez más fuerte. No será larga la espera para que empiecen a florecer los múltiples jardines con miras a concurrir en favor de su preservación. ¡En Quinchía los esperan! 

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