Análisis regional y nacional
Por: Marco Antonio Pérez S.
Este 20 de julio, cuando se instale un nuevo Congreso de la República, Risaralda estrenará representación parlamentaria por completo.
Ninguno de los seis congresistas que el departamento tuvo en Bogotá para el periodo 2022-2026 —los senadores Juan Pablo Gallo y Samy Merheg, y los representantes a la Cámara Diego Patiño Amariles, Aníbal Hoyos, Alejandro García Ríos y Carolina Giraldo Botero— continuarán en el Legislativo.

Evidenciando un relevo total y sin precedentes recientes en la política risaraldense, que llega además con un cambio en el contexto institucional del país, al pasar de un gobierno de izquierda que gobernó en permanente fricción con el Congreso, a una administración de derecha —la de Abelardo de la Espriella— con una relación aún por definir con el Legislativo.
**Una bancada de perfil bajo **
Durante el cuatrienio 2022-2026, la delegación risaraldense no ocupó un lugar protagónico en el debate nacional. El balance más visible de gestión estuvo marcado, más que por liderazgos legislativos de alcance nacional, por la defensa de intereses regionales puntuales —vías, salud, café, agua— y por controversias judiciales que salpicaron a varios de sus integrantes.
Juan Pablo Gallo, senador liberal y exalcalde de Pereira, llegó al Senado en 2022 con la votación más alta lograda hasta entonces por un político risaraldense, cercano a 135.000 sufragios a nivel nacional. En el Congreso presidió la Comisión Tercera (2024-2025) y ejerció una oposición sostenida al Gobierno Petro desde las comisiones económicas, oponiéndose de forma pública a la reforma tributaria y a la consulta popular impulsada por el Ejecutivo.
Sin embargo, su gestión quedó marcada por investigaciones judiciales, ya que la Corte Suprema abrió proceso en su contra por presunto enriquecimiento ilícito, y trascendió su nombre entre los congresistas señalados de beneficiarse de contratos de la Unidad de Gestión del Riesgo (UNGRD), a cambio de votos en la Comisión de Crédito Público, lo que a la postre lo marginó del debate público y del mismo proceso electoral.
Samy Merheg, senador conservador y jefe de una de las casas políticas más influyentes del departamento, alcanzó su cuarta reelección en 2022, y para esta anunció su decisión de marginarse de la actividad política electoral.
Desde las Comisiones Económicas del Congreso, impulsó el permanente debate por la adecuada distribución de recursos del presupuesto nacional para inversión regional. Además, impulsó iniciativas puntuales para el departamento como estampillas para la financiación de universidades regionales o el subsidio de transporte para pacientes del sistema de salud
En la Cámara, Diego Patiño Amariles, el liberal con más trayectoria del grupo —cerca de tres décadas en cargos públicos, incluida la Gobernación de Risaralda—, se mantuvo como referente del ala tradicional del liberalismo, aunque su intento de dar el salto al Senado en 2026 quedó frustrado por la fragmentación interna de su partido.
Aníbal Hoyos, también liberal, concentró su gestión en la agenda cafetera y en la consecución de recursos para obras regionales como la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales (PTAR) de Pereira-Dosquebradas y el hospital de cuarto nivel, incluidos en el Plan Nacional de Desarrollo, también se frustró su intención de reelegirse en la Cámara baja del parlamento.
Por parte del Partido Verde, que por primera vez tuvo presencia en la Cámara de Representantes, Alejandro García Ríos fue uno de los representantes con mayor actividad legislativa reconocida: impulsó la ley que prohíbe las corridas de toros en Colombia, coautoría de la Ley de Salud Mental y de la Ley contra el Ruido.
Entre tanto, Carolina Giraldo Botero, primera mujer risaraldense en llegar a la Cámara en el siglo XXI, fue autora de la ley que prohíbe las «marcas de gobierno» en la publicidad estatal y de la Ley de Huérfanos por Feminicidio, además de denunciar irregularidades en el manejo de recursos del OCAD Paz.
El desempeño de la bancada risaraldense no puede leerse por fuera del pulso que, a escala nacional, sostuvieron el Gobierno de Gustavo Petro y el Congreso durante todo el cuatrienio; es más ese pulso, sacrificó la actuación y gestión de muchos parlamentarios que se inauguraron en este período.
Tras una breve “luna de miel” inicial, en la que se aprobaron la primera reforma tributaria, el Plan Nacional de Desarrollo y la ley de Paz Total, se rompió de forma progresiva y terminó marcando la totalidad de la legislatura.
El Congreso 2022-2026, lejos de ser un simple “notario” del Ejecutivo —como suele describirse el papel tradicional del Legislativo colombiano frente al poder presidencial—, terminó actuando como un contrapeso activo, a veces obstruccionista, que le impuso límites reales a la agenda reformista de Petro.
Fue en ese terreno de alta polarización y bajo margen de maniobra donde se movió la representación risaraldense: una bancada que, salvo excepciones puntuales, no lideró el gran debate nacional, sino que operó desde la periferia de esa confrontación, priorizando la gestión de algunos recursos y proyectos regionales, y el intercambio de apoyos políticos antes que la construcción de una agenda propia de alcance regional y nacional.
El relevo de la bancada risaraldense coincide con un giro político de mayor calado: el triunfo en segunda vuelta del candidato de derecha Abelardo de la Espriella, quien se impuso el 21 de junio al senador Iván Cepeda -heredero político de Petro-, por menos de un punto porcentual, y que asumirá la Presidencia el 7 de agosto.
A escala nacional, el nuevo Congreso también gira hacia la derecha: el Pacto Histórico logró la bancada más numerosa en ambas cámaras, pero el Centro Democrático recuperó terreno de forma sustancial, en una correlación de fuerzas que, de mantenerse la coherencia entre Ejecutivo y mayorías legislativas que no tuvo Petro, podría producir una dinámica de gobernabilidad distinta a la vivida en el cuatrienio anterior.
Lo que viene
Esa es, en el fondo, la pregunta que se abre para Risaralda: si la fragmentación y el perfil bajo de la bancada saliente respondieron en parte a la lógica defensiva de “resistir” ante un Gobierno con el que buena parte del liberalismo y el conservatismo regional no comulgaban, cabe preguntarse qué margen de gestión tendrán los nuevos congresistas, con mayor pluralidad ideológica que la bancada anterior, pero también con menos trayectoria legislativa acumulada, frente a un Ejecutivo de signo afín a varios de ellos, pero de carácter también outsider y con una agenda todavía por decantarse.
Ninguno de los seis congresistas de Risaralda, repite curul en el nuevo periodo legislativo 2026-2030.


