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Pereira
domingo, agosto 14, 2022

Si fuera solo el precio del gas…

La semana pasada Ecopetrol levantó el subsidio que tenía para el GLP (Gas Licuado de Petróleo) o el gas de la pipa, como lo conocen la mayoría de las personas. Esto inmediatamente se tradujo en incremento en el valor del cilindro y en otro karma para los pobres de Colombia, que es en quienes realmente recaen las consecuencias de las medidas que se toman en las altas esferas.
En la zona de riesgo de la avenida del Río, por obvias razones nunca les han llevado la red de gas domiciliario y la pipa era el combustible más usado, pero en el recorrido que hizo el periódico encontró testimonios que refirieron que ya están cocinando con leña. ¿Qué tan dañino es este? Los niños, los ancianos, y las personas con asma están en mayor riesgo. La exposición a pequeñas partículas de humo de combustión puede causar o agudizar problemas respiratorios, porque cuando se quema leña, suele haber más concentración de componentes como el benceno y elementos como el monóxido de carbono y el óxido de azufre.
Puede que en la ciudad no se sienta tan fuerte este incremento, como en la zona rural en donde al incremento se le suma el transporte y el cilindro dura solo 15 días, porque además las personas calientan agua para bañarse.
Y ahora, ¿Quién
podrá ayudarlos?
La clase sumergente de este país es aquella que trata de sobrevivir con la venta diaria de comestibles en las plazas o calles de los barrios populares y a los que les toca reventar ingenio para buscar la salida a la situa. Entonces, cuando una pipa de gas sube entre el 14 y el 16% la medida más fácil dirían algunos es subir el precio de los productos que venden, pero no es así, porque sus clientes ya veían grave pagar $1.000 por una empanada, para que de la noche a la mañana le digan que una empanada cuesta $1.200, un chorizo $3.000 y no conseguir el tinto en $800 pesitos.
Una de las historias que encontró El Diario y que devela la crueldad de esta decisión es la de Digna López, una mujer de la tercera edad venezolana que vende café en una de las calles de Pereira. A Digna le toca comprar por facilidad de movilización la pipita de 10 libras, el martes pasado el nuevo precio la tomó por sorpresa cuando le cobraron $31.500 y lo más grave de esta situación es que solo le dura cuatro días porque la mantiene encendida. Esto quiere decir que a vuelo de pájaro el mes de gas propano le sale en $220.500.
A la señora López no le gusta incrementar el valor de su producto, porque viene de un país en el que ha visto cómo la comida subió y subió de precio perjudicando especialmente a quienes son sus clientes potenciales, sean de uno u otro lado de la frontera. Ella va a esperar a ver hasta cuándo puede aguantar ante tanto aumento, como el del paquete de vasos desechables de cinco onzas de los que gasta dos paquetes en sus 12 horas de trabajo de 5:30 a.m. a 5:30 p.m., sin contar que el plástico de un solo uso ya tiene los días contados y vasos en otros materiales ecológicos son costosos.

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