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lunes, enero 30, 2023

Se llama Gustavo Petro y es el presidente

Liliana Cardona Marín

Solo la versión diametralmente opuesta del expresidente Álvaro Uribe puede generar el nivel de polémica que causa el nuevo mandatario de los colombianos.

 

Van solo cuatro meses y 20 días del primer gobierno de izquierda, pero ya se han hecho marchas en oposición y a favor, se le acusó del precio internacional del dólar y los colombianos, como nunca antes estuvieron tan pendientes de la actuación de un mandatario en la reunión del clima COP 27 en Egipto.

 

Es un presidente poco amigo de las declaraciones, reacio a las hordas de periodistas que todavía esperan crédulamente que les hable en los lobby de ministerios, embajadas y hoteles confiados en que en esa ocasión sí sabrán de primera mano sobre las decisiones que se tomaron a puerta cerrada.

 

Las veces que el presidente ha hecho esperar a los miembros de las fuerzas militares para las ceremonias, también han dejado un sello propio sin antecedentes. Y cuando se anuncia que el primer mandatario tiene algo por decir a los colombianos, por primera vez en muchos años la mayoría presta atención con todos los sentidos, busca en internet y escucha a los expertos sobre las repercusiones de dichos anuncios.

 

La tributaria y la economía

Colombia es un país sin memoria y por eso repite infortunios sin cesar, pero para el caso de los contradictores y los encargados de viralizar contenidos en las redes sociales sacar la foto de cuando los senadores Petro y Bolívar, se oponían a la reforma de Carrasquilla, es la mejor manera de educar en historia a unos ciudadanos desinformados.

 

Los verdaderos expertos en economía concluyen que la Reforma se alinea con la Constitución de 1991 y cumple con ella en la medida en que será debatida en el Congreso de la República. Con la Tributaria se busca recaudar $80 billones hasta el 2026, que se destinarán, según lo que se dice desde la Casa de Nariño, al gasto social: proyectos de lucha contra el hambre y pobreza, para la educación, la protección del medio ambiente, la transición energética, el desarrollo productivo y la sostenibilidad de las finanzas públicas.

 

Pero al colombiano de a pie que es presa fácil de las especulaciones, le hacen creer que el nivel de inflación actual es culpa de Petro, también le dicen que el precio de la gasolina es la razón del incremento de los alimentos, cuando se sabe que el transporte de carga se hace con ACPM y que este quedó congelado hasta junio de 2023.

 

En el país de la no memoria, pocos recuerdan que hay que conseguir dinero, porque la olla quedó raspada: la plata para la paz se esfumó quién sabe cómo, nunca se sabrá verdaderamente el paradero de los recursos de Centros Poblados y todavía falta mucho por saber sobre lo que pasaba en la Sociedad de Activos Especiales (SAE).

 

La concertación para el incremento del salario mínimo quedó como la segunda más alta en un siglo, que es en realidad un rezago del disparatado incremento de hace un año, a razón del cual la inflación va volada y la capacidad adquisitiva de los colombianos disminuyó, toca seguir a la espera del ajedrez económico para entender cómo será el 2023 en la materia y con este nuevo gobierno. 

 

El nuevo año se avizora con más reformas: por ejemplo a la salud, la reforma pensional, la reforma rural y desarrollo de programas equivalentes, reformarán también la Ley 30 de educación y se hará reforma al sector de la seguridad y la defensa. 

 

El gobierno del cambio y ‘La paz total’

Desde la campaña se sabía que un gobierno en el que esté Roy Barreras, Dilian Francisca Toro, Mauricio Lizcano y tantos otros, de cambio tendría poco, pero así es el juego sucio de la política y al no ser de esa manera, las Reformas no habrían pasado, la guerra se libraría en el Congreso, con lo que se perdería tiempo valioso para atender las mesas de diálogo con el ELN.

 

La propuesta del perdón social no cayó bien desde los debates televisados, porque no se puede entender cómo Emilio Tapia tendría la cara tan dura, como para solicitarlo. La comunidad internacional por ahora observa en silencio y se pronuncia con reserva, aunque la tercera parte de los senadores gringos expresaron apoyo a las decisiones del máximo dirigente colombiano la semana pasada.

 

El discurso de Gustavo Petro es coherente con su campaña, con lo que él piensa y que las cosas se hacen de una nueva manera es indiscutible. Siempre se alegó que la paz era esquiva, porque no había reforma agraria, ni propuestas que realmente tocaran al campo, pero cuando se habló de mantener la siembra de coca mientras se sabe qué tan rentables son los cultivos sustitutivos, se armó el escándalo.

 

La que sí se desdibujó fue la presencia de la vicepresidente Francia Márquez, que se vaticinaba activa, en búsqueda de esa Paz, como era su lucha de activista, a no ser que esté trabajando como es debido, en silencio y que los resultados tengan la última palabra.

 

Los Diálogos Regionales para la formación del Plan de Desarrollo, es un pequeño paso hacia esa paz, porque les preguntó directamente a las comunidades sobre las falencias que no los dejan progresar y por lo que deben entrar muchas veces en el juego de la ilegalidad.

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