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martes, septiembre 27, 2022

«?Por qu? no nos dejan caminar tranquilas??

El tema que es tan naturalizado y que algunos asumen como un acto inofensivo, tiene consigo implicaciones que pueden atentar en contra de la dignidad especialmente de las mujeres. Para Fernando Vel?squez, antrop?logo, hay que hacer una diferenciaci?n entre qu? es un piropo y qu? es el acoso callejero, ya que el primero por definici?n es un elogio que viene de la concepci?n de emitir palabras bonitas hacia alguien o algo y en nuestra cultura lo enunciado va en relaci?n con el aspecto f?sico en este caso de las mujeres. No obstante, el hecho se convierte en algo reprochable en t?rminos de convivencia por la manera en c?mo se dice y es allí en donde encontramos el componente acoso.

 

?El piropo se vuelve una expresi?n más de lo que es el acoso en tanto entendamos que este es un acto de intimidaci?n ejercido por alguien que asume un poder y una dominaci?n sobre el otro?, dijo Vel?squez.

 

As? pues, el acto violento del piropo se encuentra en que es una acci?n que se impone a una persona sin su consentimiento y autorizaci?n y se convierte en acoso callejero que est? vinculado con prácticas violentas que se ejecutan, principalmente, en contra de las mujeres en el espacio p?blico.

 

?Son comportamientos que aparentemente pueden ser aceptados socialmente, pero denigran y violentan a las personas que los padecen. Consisten en acciones verbales, pero también no verbales (silbidos, gestos, movimientos). Cuando se habla de acoso sexual callejero se indica en las prácticas que violentan de manera objetiva el cuerpo de las mujeres?, manifest? Edisson Orozco Villa, psic?logo y profesor de la Universidad Cooperativa.

 

 

Un acto intimidante

 

El acoso callejero hace parte de una violencia naturalizada, en donde los hombres suponen que con sus enunciados enaltecen la belleza de una mujer. ?No solicitamos comentarios, ?ni siseo, ni tampoco miradas intimidantes, en algunos casos sobrepasan los l?mites y nos tocan, porque no s?lo se reduce a las agresiones verbales a veces llegan a lo f?sico, no comprendemos por qu? no no nos dejan caminar tranquilas?, indic? María Jos? ?Tobar Lasso, integrante de la Ruta Pac?fica de las Mujeres.

 

Lastimosamente, esto es un problema que a diario viven las mujeres; muchas caminan por las calles con miedo y temor, lo cual queda en evidencia cuando cambian de acera para evitar pasar cerca a un grupo de hombres.

 

?Tenemos miedo de salir solas a la calle, de subirnos a un veh?culo de transporte p?blico y no saber qu? va a pasar, temor de ponernos una falda sin esperar un comentario que atente contra esa vestimenta convirti?ndonos en un objeto totalmente hipersexualizado con el tema de las piernas, los senos, las caderas, entre otras partes de nuestro cuerpo?, agreg? Tobar.

 

Finalmente, el piropo es un gesto verbal o no verbal que se orienta, la mayor?a de las veces, a las mujeres y es una práctica que durante años ha sido aceptada. Sin embargo, en la actualidad es importante reconocer que ciertas prácticas que eran consideradas como inofensivas, como pasa con ciertos chistes, tienen una carga social que resulta violenta para ciertos grupos de personas a los cuales les negaron la palabra.

 

El acoso

Existen variedades de acoso que van desde las más evidentes hasta algunas que son sutiles y que muchas veces no se cuestionan (exigencias econ?micas, restricci?n en actividades sociales, maltrato f?sico). El acoso puede ocurrir en los ?mbitos familiares, pero también en las labores y en el espacio p?blico. ?Una de las principales caracter?sticas es que se produce una imposici?n de poder sobre alguien que por caracter?sticas físicas, sociales o culturales no puede responder.

 

La intimidaci?n social hacia la mujer est? asociada con situaciones hist?ricas y prácticas culturales muy antiguas. Durante siglos las mujeres han sido ubicadas, al igual que ocurre con los ni?os, en lugares de dominio y propiedad masculina. Por esta raz?n, para muchos hombres ha sido natural considerar que tienen el poder para decir y hacer lo que quieren con el cuerpo de las mujeres.

 

?Esto puede ir desde decir un piropo hasta, como hemos visto, matarlas. Sin embargo, las mujeres en la actualidad han logrado transformar estas miradas centradas en la dominaci?n masculina y han permitido pensar en un nuevo lugar de relaci?n. En este sentido los movimientos feministas han servido para ense?ar, tanto a hombres como mujeres, la disparidad que existe en las relaciones y la importancia de pensar en la equidad?, dijo el docente de la Universidad Cooperativa.

 

 

?C?mo actuar frente al acoso?

 

No hay una manera de establecer la forma correcta de actuar frente a este tipo de situaciones, ya que las reacciones siempre son subjetivas. Algunas mujeres pueden hacer caso omiso al piropo, otras pueden tornarse agresivas y responder de manera arbitraria.

 

?Es importante que si estamos en un lugar con flujo constante de personas, hagamos sentir nuestro descontento con el piropo que nos lanzan porque tenemos que evidenciar nuestra incomodidad ?, dijo María Jos? ?Tobar Lasso, integrante de la Ruta Pac?fica de las Mujeres

 

 

Mirada desde qui?n ?lanza? el piropo

 

John James Gómez Gallego, ?docente del programa de psicolog?a de la Universidad Cat?lica de Pereira, ?explica c?mo funciona la mente de quienes enuncian los piropos.

 

?Cada persona tiene ciertas ?maneras de personalidad en donde la voluntad no funciona, ??por ejemplo, una persona puede tratar de abstenerse de comer para bajar de peso pero hay algo más allí de su voluntad que lo empuja a alimentarse compulsivamente, as? pasa con los que enuncian piropos, en donde no depende de un dominio consciente, pero eso no cambia el hecho de que siguen siendo responsables de lo que hacen?, indic? el docente.

 

Para el antrop?logo, Fernando Vel?squez, es fundamental que los hombres sean emp?ticos y se pongan en este caso en el cuerpo de las mujeres, pues ellas tienen que soportar todos los d?as miradas, insinuaciones y hasta contacto f?sico.

 

 

Dato

El acoso callejero es la violencia más naturalizada que viven a diario las mujeres, pues la sociedad piensa que es normal que a las mujeres se les diga palabras obscenas

 

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