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miércoles, junio 7, 2023

Los nadies quieren que los vean

Entre las cosas que trae consigo la modernidad está la anulación del sujeto en nombre de los avances y del desarrollo y toda la sociedad entendió que era una de las reglas del juego, pero hay casos que ya rayan con el mero descuido administrativo del gobierno local.

 

Tal es el caso de David Ricardo García y en su nombre el de alrededor de 15 personas con movilidad especial y que residen en la comuna Ferrocarril que comprende los barrios Libertadores, Nacederos, Matecaña y Gilberto Peláez), curiosamente también es la comuna de mayor desarrollo en infraestructura, pues se adelantan en este momento la ampliación de la Avenida 30 de Agosto a la entrada de la terminal aérea y una vía alterna más, que colinda justo con los barrios en mención.

 

El barrio Gilberto Peláez

No se sabe si es por azar del destino, casualidad o mal de muchos, pero tiene 13 años, la misma edad de otro barrio que en la comuna Villasantana padece calles sin pavimentar y de difícil acceso. El solo hecho de imaginarse cómo hacen para sacar a un enfermo, porque la idea de que entre un taxi o una ambulancia por las calles del Gilberto Peláez, no existe.

 

Se ponen los pelos de punta de solo pensarlo y como ya ha sucedido , los vecinos relataron que es de la siguiente manera: “después de acomodar al paciente en una silla Rimax, cuatro hombres fuertes deben levantarlo y salir con él a puro hombro y con el cuidado de no ir a tropezar con piedras o resbalar por los pequeños pedazos de concreto que ellos mismos han puesto con el fin de evitar el barro y que con la lluvia son prácticamente jabón.

Imposible pensar en una silla de ruedas por estos accesos.

El caso de David

El denunciante de la situación es David Ricardo García, un pereirano al que la vida le ha tenido que dar duras lecciones y de las que, según él, ya aprendió. Por un atentado con arma de fuego quedó en silla de ruedas, pero esta condición no le ha impedido que vea por sí mismo y que salga a las calles de la ciudad, como vendedor ambulante.

 

David vive en  la manzana 3 del barrio Gilberto Peláez, para poder salir a la vía principal debe pasar dolores insoportables en sus heridas, por las condiciones de falta de acceso digno. La madre de David, como puede le ayuda a llegar y ya de ahí hasta la panadería de la esquina donde reversa el alimentador sigue por sus propios medios.

 

Si no hay calles decentes, muchos menos andenes para niños, personas de la tercera edad y en condiciones especiales. Al no haber calles y andenes, los paraderos también brillan por su ausencia, entonces la espera del transporte se hace bajo el sol en la manzana 9. A los afectados se les ha informado que las busetas con rampa sufren daños por las condiciones de las vías del barrio, a lo que ellos responden que es más falta de pericia de los conductores.

 

“A mí me dieron un teléfono para que llame a pedir la buseta, pero se les olvida la hora o que yo llamé. Tengo la capacidad de subirme, pero a muchos conductores les da pereza bajarse a ayudarme con la silla y cuando me ven me dejan botado”, cuenta David. Él también expresa que al tener heridas abiertas, si se llega a caer en una de estas maromas el dolor sería insoportable y que para volver a la casa no le queda fácil llamar, porque al ser vendedor ambulante no puede predecir horarios. 

David Ricardo García denuncia la falta de transporte para él y otras personas en similares condiciones.

Las normas y la realidad

En el manual de ‘Accesibilidad al medio físico y al transporte’ de la Consejería para la Política Social, el Ministerio de Transportes y el Fondo de Prevención Vial quedó consignado que “Las acciones emprendidas en el ámbito internacional a través de la ONU y de diferentes organizaciones de países Iberoamericanos, han conllevado a que el tema de la discapacidad sea tratado como una prioridad a nivel mundial”.

 

Si se tiene en cuenta que la situación de violencia del país trajo como consecuencia el surgimiento de una población maltratada tanto física como psicológicamente y cuenta con un número considerable de personas con discapacidad, le corresponde al Estado velar por los derechos fundamentales de todas ellas, para que reciban la misma atención y trato, y gocen de las mismas libertades y oportunidades sin ninguna discriminación, así como lo expresan los artículos 13, 47, 54 y 68 de la Constitución Política de Colombia.

 

“Cuando los paraderos de buses se conectan con estaciones de metro o de cualquier otro sistema de transporte, se debe garantizar un recorrido accesible, desde el paradero a la plataforma de embarque del otro modo de transporte o al espacio público que intermedie entre éstos dos. El embarque de pasajeros se debe desarrollar en lo posible en el ámbito de la plataforma del vehículo, o mediante rampas que cumplan con las características”, reza el manual.

 

Pero en Pereira no todas las busetas alimentadoras del Megabús cuentan con este tipo de rampas y a las personas en silla de ruedas les toca esperar por lo menos dos horas a que este vehículo llegue. Desde el Área Metropolitana Centro Occidente, la persona encargada del tema dijo que el martes se pondrían en contacto con este ciudadano o que le harían llegar un número, pero que el problema de este tipo de vehículos es la baja demanda de personas en situación de discapacidad que pueden recoger en una ruta. Pero queda la pregunta ¿Las otras personas no pueden viajar en estas busetas?

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