Los Lustrabotas, un gremio que hace un gran esfuerzo por sobrevivir

A partir de las 7:00 a.m. empiezan a llegar los lustrabotas al centro de la ciudad de Pereira, poco a poco se van acomodando en sus puestos de trabajo plenamente identificados, lugar donde tienen sus implementos guardados bajo llave.

Organizan, limpian y se sientan a esperar a que lleguen los clientes, personas en su mayoría hombres, quienes, en aproximadamente 15 minutos, son atendidos por los Lustrabotas, un gremio que por más de 70 años ha hecho presencia principalmente en la Plaza de Bolívar, el Parque La Libertad y el Parque El Lago Uribe Uribe.

Este sector cuenta con 39 Lustrabotas en Pereira, 3 de ellas mujeres, cifra que se ha visto reducida puesto que dicho ejercicio no es heredado. La pandemia y el confinamiento los perjudicó y hoy en día los estilos de vida y la moda han llevado al uso de zapatos que no requieren ser debidamente lustrados.

Una labor característica en Pereira

“Por la pandemia podemos trabajar 2 personas por caseta, quienes no tengan el espacio y deban trabajar en la mitad de cada caseta, debe traer su asiento. Desafortunadamente hemos tenido muchos problemas con los vendedores de tintos que han llegado últimamente, pues sin razón alguna han querido apoderarse de los puestos desconociendo que es un espacio nuestro que tiene un legado de 75 años en este parque”, manifestó Ana Raquel Serrano, presidente del Sindicato de Lustrabotas de Pereira.

“Cuando yo comencé había mucho trabajo porque venían familias enteras a lustrarse los zapatos, parejas de esposos con sus hijos; hoy en día la mayoría de las personas usan tenis, zapato de gamuza o cuero graso lo que lleva a que no es necesario lustrarlos como antes y esto ha disminuido en más de un 70% nuestro trabajo”, expresó Ricardo de Jesús López, Lustrabotas.

La lustrada básica de los zapatos cuesta $3.000, el valor depende del tipo de calzado y material.

Otras afectaciones

Sumado al Covid-19, estos trabajadores se han visto impactados negativamente debido al mal estado en el que se encuentran los techos de las casetas y los pleitos que han sostenido con personas que buscar instalarse en estos lugares.

“Le hemos insistido a la Administración Municipal y en especial al doctor Carlos Restrepo de Infraestructura que nos arregle los techos, es muy triste que siendo este parque la sala de Pereira, visualmente dé un mal aspecto”, indicó Serrano.

“Algunas personas que venden tintos entre otros productos, nos tratan mal que porque es un espacio público y no es así, esto no es para cualquier persona, esto es un sindicato y espacio que es especialmente para los Lustrabotas, yo llevo 34 años trabajando aquí, eso se debe respetar”, indignado, expuso López.

Este gremio continuará luchando y desempañando su labor para así poder llevar sustento a sus familias.

Los Lustrabotas mayores de 70 años no volvieron a la Plaza de Bolívar, quienes continúan con el legado, deben cumplir con los protocolos de bioseguridad, el uso del tapabocas tanto de ellos mismo como de los clientes y mantener el distanciamiento.

Por un gremio que no debe morir

Ricardo Vega, Cliente: “esta labor es magnífica, todos colaboran con la presentación personal de los ciudadanos. Frecuentemente paso a lustrarlos para lucir bien mis zapatos”.

 

José Jairo Gallego, Lustrabotas: “hay compañeros que no tienen ni siquiera para comprar el betún, a veces se puede seguir derecho al medio día sin almorzar, es un sindicato que está en el olvido. En reiteradas ocasiones hemos solicitado que nos solucionen el malestar que causan los aguaceros pues esto se vuelve una laguna porque no hay desagüe y no nos han prestado atención en nada”.

Mario Ramírez, Cliente: “esta es una de las formas de uno mantenerse bien organizado. Vengo día de por medio a lustrar mi calzado, la mayoría de ellos los mantengo bien brillantes”.

 

Fernando Osorio Hincapié, Lustrabotas: “la mayoría de los que trabajamos aquí somos adultos mayores, por ello hacemos un llamado especial y la solicitud que seamos vacunados contra el Covid lo más pronto posible”.

 

Crédito: Fotos Roberto Betancourth

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