Huellas imborrables del viejo colector Egoyá

Ramón Darío Tejada Mejía es un hombre que vivió en carne propia la tragedia del terremoto de 1999. Aunque es un sobreviviente de ese fatídico suceso, tuvo que ver cómo el sismo acabó con la vida de su esposa e hija. Tejada Mejía recuerda cómo hace 20 años y un poco más de 4 meses, la tierra se sacudió dejando a sus familiares debajo de toneladas de escombros.

Ramón Darío asegura que el riesgo que representaba el colector Egoyá era conocido por los mandatarios pereiranos, pero afirma que nunca hicieron nada por mitigar el peligro que se materializó aquel 25 de enero de 1999 a eso de la 1:20 p. m. Por eso afirma que la construcción del Nuevo Egoyá era una necesidad latente en la ciudad.

Este hombre compartió con cientos de pereiranos su trágica experiencia, durante la inauguración del Nuevo Egoyá, donde con valentía narró cómo ese león dormido rugió con tanta fuerza que apagó la vida de decenas de personas.

Aunque desde 1999 no se registra otra tragedia de grandes magnitudes en la zona de influencia del viejo Egoyá, la zozobra sí permaneció durante 20 años en la mente de los pereiranos.

En caso de que este colector hubiese colapsado, el impacto negativa en la ciudad hubiese sido enorme. La afectación llegaría a un total de 4356 establecimientos de comercio, 101 industriales, 55 oficiales, sin hablar del alto flujo de población flotante que circunda esta zona céntrica y que saldría afectada.

La tragedia sino se hubiese construido el Nuevo Egoyá tendría una magnitud que acarrearía pérdidas económicas por el orden de los $144.000 millones.