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lunes, febrero 6, 2023

Libros y frutas a la orden ¡con mucho gusto!

Liliana Cardona Marín

La grandeza de un pueblo la hace su gente y por eso debe ser que ‘La perla del Otún’ crece a pasos agigantados en comparación con las vecinas del eje. En una ciudad hay tantos actores anónimos que día a día están ahí, sin que su presencia sea percibida, salvo en las ocasiones que se requiere de sus servicios.

 

La informalidad tiene muchos lados desde dónde abordarla, pero esta es una nota positiva en la que solo cabe decir que aunque parezca muy fácil salir y ocupar un pedazo de andén, en realidad la calle es dura, el clima que hace de las suyas cada dos horas en Pereira y la angustia de saber que en cualquier momento la autoridad llegará a imponer orden.

 

Hay que leer

Jeison Beltrán tiene 23 años, se graduó como bachiller del colegio Alfredo García en 2014, después hizo un técnico y un tecnólogo en Asistencia Administrativa en el SENA, trabajó en Busscar con la fibra de vidrio, pero se salió, porque “No hay nada como trabajar de cuenta de uno”. 

 

Va para dos años a un costado del edificio ubicado en la esquina de la carrera 7 con calle 19, sitio al que llegó después de pasar una temporada en Bogotá y dónde empezó con la venta de libros. “Empecé con 65 libros, nunca se me olvida y le iba metiendo de a dos o tres”, recuerda Jeison.

 

Beltrán es un buen lector y autodidacta del cambio de chip mental para atraer lo bueno de la vida. Se creería que a un vendedor de libros en este país, le queda difícil, por el bajo nivel de lectura de los colombianos, pero este joven dice que es como todo, que estar en este negocio le mostró la importancia de leer y aprender lo que no enseñan en el colegio, como la educación financiera.

 

Acerca de los libros pirata Jeison Beltrán piensa que si al fin y al cabo dicen lo mismo que los que están en la librería, por qué no ayudar a una persona que quiere leer, pero solo tiene $20 mil y deja de hacerlo por falta de los $70 mil que vale el original. A él lo tiene enganchado ‘Inquebrantables’ de Daniel Harbif y afirma que uno de los más buscados es el del presidente.

 

La moraleja de esta historia la tiene clara el vendedor: “He aprendido que la clave es ayudar a los demás, es que la gente cree que la única forma de ayudar es con el dinero y muchas veces una palabra de motivación es todo lo que necesitan. A mi familia la puse a leer, aunque es un hábito duro, empezamos desde abajo pero vamos creciendo, lo importante es conservar la humildad”.

 

Herencia saludable

En la calle 24 con carrera 6 esquina está ubicado un puesto de frutas de tradición, tanto así que en los tiempos duros de la Pandemia, los clientes fieles que son médicos y policías llamaron a Mauricio Alejandro Guapacha Trejos, para entregarle mercado.

Las frutas son el sustento de seis miembros de su familia.

De los 41 años que tiene este quinchieño, ha dedicado 16 a la venta de frutas, su mamá y padrastro también fueron vendedores ambulantes. En los inicios fue una carreta, ahora es un puesto en acero inoxidable que surte con $200 mil, cada dos días.

 

Alejandro no tiene mayor problema con Espacio Público, porque un político le dio el aval para esa ubicación, Cámara de Comercio lo censa anualmente y cada año también debe ir a actualizar el curso de manipulación de alimentos en la Secretaría de Salud. Este trabajo le da para pagar el arriendo de la mamá que vive sola y sostener a dos hijas, la esposa y su suegra.

 

En diciembre las ventas bajan, ya que los clientes naturales del sector se van de vacaciones, por eso cierra desde el 23 de diciembre, hasta después del puente de Reyes, cuando todo vuelve a la normalidad. “Vivo muy contento con mi negocio, me siento bendecido”, puntualiza Guapacha.

 

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