22.4 C
Pereira
sábado, septiembre 24, 2022

La historia, la deuda y los indígenas

Liliana Cardona Marín

 

530 años han pasado desde que aquellas tierras vírgenes habitadas por nativos americanos (no solo los del norte), empezaron a ver cómo la paz, los saberes y la salud ya no era lo que tenían. Es una deuda histórica que casi por la fuerza los pueblos indígenas han hecho reivindicar.

 

En Colombia, donde casi todo se entiende al revés, es muy común escuchar que por qué quieren más territorios, que por qué ocupan las grandes haciendas o los terrenos del Estado que ¿Acaso no es suficiente con lo que ya se les ha otorgado? Pocos analizan que en esos territorios la cotidianidad difiere bastante a lo que se vive en los centros poblados.

¿Los territorios son sagrados?

 

Excepto la Sierra Nevada de Santa Marta o algunas zonas del Putumayo y Amazonas que están realmente protegidas como tierra ancestral de los pueblos que la habitan, decir que los pueblos originarios poseen tal o cual porcentaje del territorio colombiano es inexacto: uno, porque gran parte de las reservas naturales están allí mismo; dos, porque el conflicto los ha desplazado a razón de ser corredores para el narcotráfico, como ocurre en el Cauca, o bien por la minería ilegal que los volvió tierra de nadie donde impera la ley del más fuerte, que son los Grupos Delincuenciales Organizados.

 

Si los territorios indígenas fuesen el paraíso que se pregona, los Embera no estarían en el Parque Central en Bogotá, porque dejar el Resguardo o la parcela para ir a armar un cambuche en el frío de la capital, no es simplemente por negocio.

Una cultura que se apaga

 

Ver algunos indígenas en las calles de Pereira, sometidos o esclavizados por una mano anónima y poderosa que les entrega un amplificador y celular para que figuren como graciosos al moverse con el ritmo del aparato, no puede dar otra cosa que dolor y vergüenza ajena. Sí vergüenza de las políticas públicas, de los dirigentes no indígenas y de los indígenas que no hacen nada para impedir que sean sacados del territorio para ser explotados.

 

Los niños que crecen en el andén de las calles, no aprenden tejidos ancestrales, no saben de ramas para curar dolencias y su tradición oral se vuelca al relato tras la limosna.

Deuda educativa y salud

 

La brecha entre la educación urbana y la rural es inconmensurable, porque cuando no es que los nombramientos tardan mucho, son los largos recorridos a pie tras la ineficiente contratación de transporte escolar y la poca preparación de los profesores en etnoeducación que les permita aprender en su lengua materna a la par con el español los saberes occidentales. Esos conocimientos les darían herramientas para entender el convulsionado presente, podrían retroalimentar en sus propias comunidades o competir en la ciudad a la par con otro colombiano, pero estas oportunidades son escasas.

 

Con la salud es peor de complicado, porque entender la ablación desde los conocimientos occidentales modernos, entender el mal de ojo a la luz de los avances es un muro infranqueable de lo que Risaralda tampoco ha sido ajena, para la muestra un botón: el paro de hace un mes exacto en Pueblo Rico.

Reconocer y poco que celebrar

Cristóbal Colón desembarcó en lo que hoy es América y creyó haber llegado a las Indias, por eso nominó a los habitantes que encontró como indios.

El día de los pueblos indígenas es la fecha conmemorativa y de reconocimiento a esas razas que fueron víctimas de un descubrimiento mal concebido, porque está la teoría del estrecho del mar de Bering, otra teoría aplicable y reconocida por cierta.

Cuando España entrometió sus intereses en estas tierras, toda la cultura de adoración con tótems a seres de la naturaleza desapareció, para dar lugar a una religión traída de ultramares y aplicada a los ancestros por la fuerza de las armas y reforzada por el miedo no infundado al tribunal de la Santa Inquisición.

Es de pensar entonces cada que se habla de los indígenas, si los juicios en su contra le hacen justicia a la historia, a la realidad y a la incertidumbre de su futuro, porque para nadie tampoco es un secreto que sus líderes naturales se han desvirtuado en la política y constantemente faltan a la palabra empeñada, como para el caso de este tema, en el que fue imposible tener sus voces.

 

Cifra

47% de todas las personas indígenas que trabajan no tienen educación, frente al 17% de sus homólogos no indígenas. Esta brecha es aún mayor en el caso de las mujeres.

 

Dato

Más del 86% de las personas indígenas de todo el mundo, en comparación con el 66% de sus homólogos no indígenas, trabajan en la economía informal.

Para estar informado

- Advertisement -
- Advertisement -

Te puede interesar

- Advertisement -