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sábado, julio 2, 2022

“Es exagerado revictimizar a la juventud por la no participación en las elecciones del pasado domingo”, Carlos Alfonso Victoria

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El pasado domingo por primera vez en el país se llevó a cabo la jornada electoral que eligió a los representantes de Consejos Municipales Juveniles, unas elecciones que tenían una gran expectativa y donde hubo una baja participación comparado con el potencial electoral para estas urnas.

En las 393 mesas que hubo habilitadas en el departamento de Risaralda en los 14 municipios, fueron depositados 15.732 votos que equivalen al 6.60% de un potencial electoral de 238.223 personas.

Las votaciones se vieron marcadas por una característica general como la poca asistencia de los jóvenes, para el caso de Risaralda. Por ello El Diario consultó a Carlos Alfonso Victoria, profesor asociado de la Universidad Tecnológica de Pereira, UTP, director del Departamento de Estudios Interdisciplinarios de la Facultad de Ciencias Ambientales e historiador, sobre el análisis que merece esta jornada nacional.

¿Cuál sería el análisis a la baja asistencia de jóvenes aptos para votar?

Me parece que es muy exagerado que se esté revictimizando a la juventud por la no participación en las elecciones del pasado domingo. En primer lugar es una manera muy reducida de entender la democracia, en cuanto a que no se puede limitar y expresar a través de votos, urnas o mecanismos eleccionarios; hay otras formas a través de las cuales se expresa la democracia.

He visto a través de los años en la universidad, que la juventud hace uso de manera directa y simbólica a través de expresiones que hemos llamado democracia contestataria, siendo las calles el escenario, allí discurren las voces de los jóvenes y hay diversidad, lo cual ha sido un común denominador en un país como el nuestro donde no propiamente desde el gobiernan han creado espacios para que la juventud incida poderosamente en el rumbo de la nación a partir por ejemplo, de las políticas públicas.

Los jóvenes ven que este mecanismo y consejos no van a incidir en las decisiones en la esfera pública, siendo esto una especie de democracia simulada, lo cual ya se había visto con los procesos de personeros escolares y concejal por un día. En segundo aspecto, hay una alergia política, apatía y desconfianza en este tipo de mecanismos.

En tercer lugar, estas elecciones fueron prácticamente invisibilizadas; este gobierno pretendió canalizar el descontento y rebeldía juvenil a través de estrategias eleccionarias para disipar la algarabía de los jóvenes; aquí me atrevo a decir que fue absolutamente garrafal el papel de los medios de comunicación. Cómo es posible que se le pida a la juventud que salga a votar cuando ni siquiera los medios en su momento les permitieron a los jóvenes aspirantes expresar sus propuestas. Incluso hubo sectores que no estaban convencidos de la validez o la importancia de esos espacios, donde sí estuvieron convencidos ganaron como el caso de Bogotá y Cali donde sí hubo coherencia a la movilización que produjo el estallido social.

Creo que el Gobierno no le hizo la debida difusión y no tuvo el “acompañamiento” de los grandes medios para que la juventud, independientemente de sus preferencias políticas, se pudiera expresar masivamente. Lo cual es una gran falla en el diseño que sigue siendo muy tímido frente a las demandas y exigencias de la coyuntura actual.

¿Quienes fueron los que tuvieron participación activa el pasado domingo?

Lo digo como hipótesis, si uno observa a nivel nacional el comportamiento de quienes fueron las agrupaciones políticas que obtuvieron la mayor votación, se está reproduciendo el famoso voto de maquinaria que podría entre otras cosas reproducir la red clientelista a través de hijos e hijas de empleados o funcionarios contratistas del sector público. Los mecanismos de representación se ven como algo muy lejano y paradójicamente lo que ven muchos jóvenes en Colombia es el brazo represivo, un Estado que produce miedo.

Cuando se ve el consolidado nacional, se ven los partidos tradicionales más airosos que las organizaciones progresistas o alternativas, esto se debe analizar con mayor profundidad, pero yo podría decir que para la desgracia de la democracia, es posible que se estén reproduciendo los viejos vicios de las maquinarias tradicionales. Hay que verlo también en otro sentido donde solamente menos del 10% de los jóvenes votó, lo cual le resta representatividad al dualismo como tal.

¿Qué destaca de esta jornada electoral?

Hay un clímax no propiamente de esperanza y confianza en este tipo de espacios, pero creo que independientemente de todo esto no está mal para empezar este tipo de procesos, aquí lo más importante de todo es que tanto las urnas como las calles y espacios públicos son los que en el futuro podría dar respuesta a ese sentipensar de la juventud colombiana que está reclamando cambios profundos en la sociedad en temas ambientales, sociales, económicos, de empleabilidad, salud, entre otros.

El no futuro que hoy experimenta este país, del cual dan cuenta las encuestas, dominado y gobernado por la corrupción en su conjunto, tendría que destrabarse a través de procesos políticos, como la deliberación y no la política exclusivamente como cierto tipo de ejercicios.

Decir que la juventud no participó o no hizo presencia en la urnas es un poco apresurado porque no todo se puede reducir al voto, ni a una institución que realmente no va a incidir mucho en la vida pública, localidades o municipios.

¿Cómo podría darse una participación activa de los jóvenes en el territorio nacional?

Considero que los jóvenes, como está ocurriendo en muchos gobiernos del mundo, tienen que llegar a ser gobierno, y el deseo es que en las listas a Cámara y Senado y las elecciones que vienen a nivel local, se hace necesario jóvenes que renueven una política lisiada por la corrupción y el clientelismo; creo que se están dando las condiciones en ciertas regiones. Es aquí donde hay un escenario de futuro para que los procesos vayan madurando.

Este es un proceso que yo recuerde, viene desde lo relativamente cercano con la séptima papeleta en 1991, donde la movilización de los jóvenes hizo que se dieran las condiciones políticas para dicha asamblea constituyente, lo cual fue un hito importantísimo. Luego vienen otros procesos como el de la Ola Verde entre el año 2009 y 2010 encarnada por jóvenes en todo el país que buscaban desmarcarse de la política tradicional y votar por una opción que les brindara confianza y esperanza en los destinos de la nación.

Carlos Alfonso Victoria

En segundo lugar vienen las movilizaciones universitarias, especialmente del 2013 y 2018, cuando en las calles la juventud universitaria pacíficamente echó hacia atrás una reforma que iba a ser nefasta para la universidad pública, desde el punto de vista de la financiación y lo lograron; lograron sentar al gobierno y hoy los pocos o muchos recursos que tiene el sistema público universitario se debe a esos miles de jóvenes que se movilizaron en todo el país.

Lo más reciente es otra expresión inédita que es el estallido social donde la expresión más innovadora en el teatro político es la juventud popular, no solo la juventud universitaria, es la juventud popular que se la jugó toda y se la está jugando por cambios estructurales en este país.

¿Cómo debería ser el futuro de la participación de los jóvenes en política?

En el futuro tendrán que haber reformas políticas que permitan justamente, que haya un sistema de participación de la juventud con poder y decisión en los temas que afectan poderosamente a los jóvenes y sus condiciones de vida en medio de los contextos en los que vivimos, desgraciadamente mediados por el conflicto, la guerra sucia, negación de los Derechos Humanos y sobre todo por un no futuro como el que experimenta Colombia en este 2021.

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