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viernes, diciembre 2, 2022

El triste final de la Casa de la Cultura de Dosquebradas

Por Óscar Osorio Ospina

Esta institución cívica, creada en 1975, arrastra un elevado pasivo y una notoria falta de ingresos por lo que se dispuso su liquidación hace dos años

Una pequeña valla ubicada en uno de los costados de la Casa de la Cultura de Dosquebradas da cuenta de una dolorosa decisión que hace dos años tomó la asamblea extraordinaria de socios: la liquidación de una institución con 45 años y una historia muy meritoria a favor de la cultura.

Ello ocurrió el 28 de noviembre del 2020 ante la acumulación de un elevado pasivo por cuenta de deudas laborales, impuestos y obligaciones bancarias y la casi nula posibilidad de generar frescos ingresos que soportaran esa situación y que le permitiera a la entidad seguir adelante con su labor.

Y como cosa irónica, quien fue su principal impulsor y también el primer presidente de la Casa de la Cultura, tiene ahora el papel de presidente-liquidador de la misma: Víctor Armando Castellanos Castellanos, que en su dilatada hoja de servicios públicos a la región acumula los cargos de concejal y alcalde de Dosquebradas y diputado de la asamblea de Risaralda en varios períodos.

Sus inicios

De principio a fin, la Casa de la Cultura está ligada al nombre de Víctor Armando, al punto que la fábrica de Industrias Extrametálicas Castellanos, INEXCAS, de propiedad de su familia y ubicada en el barrio Santa Isabel, fue la cuna de la organización no gubernamental de carácter cultural.

Hacia 1974, una delegación de trabajadores y amigos de INEXCAS atendió la invitación que un grupo de jóvenes de Marsella, encabezados por el hoy exgobernador Carlos Arturo López Arias, les hiciera para visitar este municipio y realizar una jornada de integración deportiva. Y como parte de la agenda de trabajo, los visitantes recorrieron y conocieron la casa de la Cultura de Marsella, cuya sede ocupa casi una manzana completa con una edificación de arquitectura antioqueña de tres pisos que sirvió de sede a un colegio de monjas.

Allí se incubó la idea de crear la Casa de la Cultura de Dosquebradas, como entidad sin ánimo de lucro, la cual obtuvo en mayo de 1975 la correspondiente personería jurídica otorgada por el Gobernador Alberto Mesa Abadía, cuya primera junta directiva estatutaria integrada así:

Presidente, Víctor Armando Castellanos; primer vicepresidente, Luis Carlos Loaiza; segundo vicepresidente, Ricardo Castrillón; tesorero, William Franco Castañeda; revisor fiscal, Hernán Franco; fiscal adjunto, John Jairo Marín; secretaria, Nubia Cardona; relaciones públicas, Nicanor Cardona y vocales: Myriam Herrera, Gabriel Noreña, Francisco Javier Vega y Silverio Aguirre. Su primer director fue el educador Hernando Henao Peláez.

Durante ocho años la sede de la entidad fue la fábrica INEXCAS, luego ocupó un local cedido en arrendamiento frente al actual CAM, después se logró que la Asociación Municipal de Juntas de Acción comunal le cediera un lote en la carrera 47 y posteriormente el municipio les entregó el terreno donde se construyó la sede actual, en la avenida Simón Bolívar con calle 49. Esta entrega se protocolizó mediante acuerdo 011 de agosto de 1982, aprobado por el Concejo Municipal y gracias a las gestiones del entonces Alcalde Diego Patiño Amariles y del Personero William Franco Castañeda.

Allí la Casa de la Cultura posee dos predios que en total suman 2.864 metros cuadrados con un área construida de 2.016 metros cuadrados, que por muchos años fue el epicentro cultural, educativo y social de Dosquebradas. Estos bienes están valorados en cerca de $7.000 millones.

Años de esplendor

Resulta bien difícil saber cuántas personas se beneficiaron de los servicios de la Casa de la Cultura de Dosquebradas a lo largo de los 45 años que estuvo en plena actividad, desde 1975 hasta el 2020.

Sin embargo, Castellanos Castellanos asegura que por allí pasaron más de 16.000 personas que capacitaron en danza, teatro, artes plásticas y música, así como en cerámica, lencería, arte quiteño, pintura en tela, modistería, peluquería, sistemas, inglés y otras tantas manualidades y oficios. En especial destacó el papel que en este contexto cumplió la Escuela de Formación Artística y Ciudadana, a través de la cual se canalizaron los recursos para el funcionamiento de sus programas.

A ello hay que añadirle que estas instalaciones sirvieron también como sede de la Asociación Colombiana de Casas de la Cultura durante siete años, así como salón de eventos para actividades sociales y recreativas y, también, para encuentros políticos y comunitarios.

“Durante todos estos años de funcionamiento, su seriedad y pulcritud en el manejo de las políticas culturales y en la utilización de los recursos que los organismos gubernamentales le han otorgado, la han posicionado como una de las instituciones

sin ánimo de lucro más respetadas y queridas, al punto de haberse constituido en el epicentro de la creatividad del hombre dosquebradense”, anotó Víctor Armando.

Vino la decadencia

Pero los días de gloria comenzaron a tocar a su fin en 1991, desde la vigencia de la actual Constitución Política se levantó una serie de talanqueras para la entrega de recursos públicos bajo la figura de auxilios, convenios y cosas parecidas.

“La decadencia vino con los cambios políticos, la decadencia viene prácticamente desde el momento de la expedición de la Constitución en 1991. La nueva Constitución acabó con los auxilios y más que con los auxilios, acabó con una mentalidad que era de los convenios que son contratos de prestación de servicios donde hay un interventor y donde tiene que llevarse todo muy bien relacionado. Aquí no hubo nada doloso en ningún momento de la existencia de la Casa de la Cultura, antes nos ha tocado es ponerle el pecho a la situación”, explicó Castellanos.

Por esta situación, por la falta de fuentes de ingresos estables y por la acumulación de deudas con los bancos, con la administración municipal por la vía de impuestos y con los trabajadores y contratistas por obligaciones laborales, la asamblea extraordinaria de socios decidió en noviembre del 2020 liquidar la Casa de la Cultura.

“Es que la Casa de la Cultura se disolvió, es un requisito de ley, y estamos en la liquidación. Fue aprobada la negociación directa con la Alcaldía Dosquebradas y en estos días están haciendo ciertos ajustes presupuestales para poder entrar en firme la negociación”, anotó.

Ello implicará que la Alcaldía Municipal deberá descontar la deuda por impuesto predial, reconocer el pago de las mejoras hechas sobre el terreno, recibir de vuelta el predio y trasladar el excedente a la junta liquidadora para pagar el resto de las acreencias. Y con ello caerá el telón de la Casa de la Cultura que, ojalá, pueda volver a retomar sus actividades, ya ahora de carácter oficial.

 

Víctor Armando Castellanos, primer presidente y ahora presidente-liquidador de la Casa de la Cultura de Dosquebradas

 

De la asamblea extraordinaria de socios que decidió hace dos años la liquidación de la Casa de la Cultura quedó esta valla como testimonio mudo.

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