El estigma de ser mujer pereirana

Marcela Arboleda Arias

Los seres humanos tienen la tendencia a generalizar y rotular a otros seres humanos, y esto es lo que sucede con el apelativo o denominación con respecto a las mujeres pereiranas. Este tipo de señalamientos no sólo suceden aquí, por ejemplo dicen que los  costeños son perezosos, los pastusos son brutos o a los paisas los ven como avispados. Este tipo de ‘caracterizaciones’ no sólo crean estigmas sino que además, generan recordación, pues la sociedad se encarga de hacer recoveco, de transmitirlo de generación en generación, como si no fuera suficiente que el país tenga el estigma de las drogas y la guerra.

“Las mujeres de Pereira han tenido que soportar ese rótulo de mujeres fáciles; incluso se les llegó a conocer como las sordas (si les dicen siéntese, se acuestan). Referencian algunos autores que el cruce de razas hizo que la mujer pereirana tuviera unas características especiales de belleza: morena, alta, de ojos grandes que causaban envidia”, explicó Patricia Zorro Arellano, especialista en Gerencia de la Comunicación Corporativa, coautora del libro “Pereira Nació Mujer”.

Carlos Balanta Larrahondo, docente de la Universidad del Área Andina en el área de humanidades, indicó que en el contexto histórico, algunos libros han descrito a la mujer hermosa y alegre de Pereira, y la han relacionado mucho con la prostitución.

Y es que esa misma cultura narco con la que han mostrado a la ciudad ha peyorizado la imagen de la mujer al punto que otras que no nacieron ni han vivido en Pereira, y que además ejercen la prostitución, se hacen pasar por mujeres  pereiranas para así obtener más dividendos, lo que a su vez refuerza el estigma con el que se vive desde hace años.

Imaginario colectivo

Claudia García Muñoz, docente investigadora de la Universidad Libre en la Facultad de Derecho, explica que el estigma hace parte del imaginario colectivo, por tanto dicha denominación permanece en el tiempo.

“A las pereiranas se nos atribuye un imaginario de fáciles, de objeto sexual, de mujeres dedicadas a la prostitución, permisivas, promiscuas y libertas. Dicho imaginario ha sido alimentado históricamente por condiciones incluso muy objetivas”, explicó García.

Ahora bien, el apelativo surgió en la época de la colonización antioqueña, lo que ahora se conoce como Departamento de Risaralda, era muy llamativo por sus condiciones geográficas, confluencias de caminos, clima y topografía. Los grandes hacendados caldenses tenían parcelas y era tradicional que viajaran todos los fines de semana  de Manizales a Pereira para pagarle a sus trabajadores.

“En estos plantíos o grandes haciendas había mujeres que trabajaban en las tareas domésticas y alimentaban a los jornaleros. Los hacendados bajaban de Manizales a pagar a los trabajadores y aprovechaban para ir a las fondas, retornaban el lunes hacia sus hogares y sus esposas asumían que por estar tanto tiempo fuera de casa, habían estado con otras mujeres. De acuerdo a la historia, las manizaleñas empezaron a atribuir a las mujeres pereiranas el ser fáciles, la quita maridos, las promiscuas”, agregó la docente de la Universidad Libre.

De ahí en adelante, se empezó a alimentar dicho imaginario, el cual ha llegado a instancias internacionales.

Autonomía económica

El no ser una mujer relegada o dedicada exclusivamente a los quehaceres del hogar, hizo que la imagen de la mujer de Pereira fuera vista como una persona rebelde, difícil de controlar.

“Nosotras estuvimos expuestas al área productiva de una manera mucho más intensa que las mujeres manizaleñas, las cuales quedaron restringidas al ámbito doméstico, a las tareas del cuidado; nosotras entramos al círculo productivo de manera muy fuerte: cogiendo café o en la industria textilera y ese tipo de circunstancias, ese tipo de empoderamiento tuvo unos impactos muy fuertes en la condición de la mujer”, dijo la docente de la Universidad Libre.

Así pues, con esa independencia económica que se resume en liderazgo, no estaba bien visto el que la mujer pudiera salir adelante por sus propios medios, por tanto asumían que el dinero que obtenían era a través de ofrecer y vender su cuerpo; ese pensamiento, esa idea o envidia, ha generado que en la actualidad todavía se vea a la mujer pereirana como un objeto sexual, creando una mala imagen en todos los rincones del país, una denominación que aún se escucha en las calles.

Esa autonomía y libertad fue castigada socialmente y fue señalada como promiscuidad.

Ahora bien, las mujeres pereiranas también entraron a las escuelas, es decir, no solamente entraron primero al circuito productivo, lo cual las empoderó, sino que quisieron ir más allá, se armaron de valor y exigieron poder estudiar, y es que en Pereira se fundó la primera escuela de todo el Eje Cafetero, entonces las mujeres de Pereira fueron las primeras en dejar de ser analfabetas y accedieron a la educación.

Todo lo acontecido lo reconvirtieron en un asunto estigmatizante, precisamente por toda la carga machista de no soportar mujeres así, y aunque eso ha venido cambiando, el estigma continúa, pero se le hace frente.