La vida en uno de los epicentros del Coronavirus: EE.UU.

Javier Amaya, MPH *

Pereira fue fundada apenas 6 años antes que la ciudad de Seattle en el noroeste de los Estados Unidos, pero Seattle casi la dobla en población debido a la migración nacional y extranjera que ha venido a radicarse, atraídos por los empleos de grandes multinacionales asentadas en la región, con grandes nombres en la tecnología, el comercio, la aviación y productos de consumo.

Al momento de redactar estas líneas, el estado de Washington reporta 457 infectados y de ellos 31 víctimas mortales a causa del Covid-19, casi todos mayores de 60 años convirtiendo la región en el primer epicentro de la enfermedad de todos los Estados Unidos. En la medida que se hacen nuevas pruebas a casos sospechosos, la cifra es superada todos los días.

Sin conocer el cuadro epidemiológico completo de las víctimas, se sabe que son adultos mayores con otras condiciones médicas complejas y con bajas defensas que desarrollaron neumonía que por último les quitó la vida. La razón para la alarma es la relativa rapidez con que perdieron la vida sin poder ser tratados con antídotos y menos vacunas, que tardarán en desarrollarse mientras los contagios aumentan. No se ha dado a conocer la raza y origen pero se presume que la mayoría son de raza blanca y de nacionalidad estadounidense. Tal vez sea cuestión de tiempo cuando sepamos de latinoamericanos afectados.

Como la forma de contagio se basa en el contacto cercano, incluso casual con los infectados, el gran reto de las autoridades es tratar de impedir nuevas infecciones aplicando el principio de “distancia social” que consiste en estar separados de la próxima persona por al menos 6 pies de distancia, cubrirse la boca, no tocarnos la cara durante el día y lavarse las manos con frecuencia dejando de lado el saludo de manos y otros contactos físicos directos.

Como los primeros síntomas son los mismos de la gripa estacional, se aconseja al afectado permanecer en casa, buscar consejo médico y por ningún motivo ir a una sala de emergencias sin ser enviado expresamente.

La vida urbana de occidente y la globalización dificultan enormemente la aplicación del principio de “distancia social” y las salas de cine, clubes sociales, eventos deportivos ya fueron reducidos o cancelados y las clases en escuelas públicas y universidades fueron suspendidas o se llevan a cabo por internet. Los refugios de desamparados, centros de cuidados de ancianos, transporte público y edificios de gobierno se ven sometidos a limpiezas exhaustivas diarias y a la prohibición expresa de no dejar juntar más 150 personas al mismo tiempo en un solo lugar. Muchas empresas han pedido a sus plantas de trabajadores laborar desde el hogar de ser posible y la descongestión de calles, avenidas, plazas y transporte público es sorprendente. Uno evoca las imágenes de un enlatado en blanco y negro que se transmitía en Colombia bajo el nombre inglés de “The Twilight Zone” y que muchos de mi generación recordarán, donde era común ver escenas de ciudades abandonadas, casas vacías, estructuras sin personas.

La ignorancia y el pánico complican cualquier progreso en superar la pandemia y en cuestión de horas quedaremos aislados de Europa por un mes, pero dejando caprichosamente el paso abierto con Inglaterra, como si de allá no pudieran llegar nuevos infectados.

La última gran pandemia de contagio de desenlace rápido fue la “Gripa española” de 1918, que según los historiadores médicos dejó 6.571 muertos en todo el estado de Washington.

Mientras China anuncia una lenta recuperación, Italia parece no haber tocado fondo todavía y en las Américas apenas caminamos por la primera etapa, gracias al nivel de conocimientos médicos, la ventaja de las comunicaciones y un liderato correcto nos permitirá vencer en esta nueva batalla por la vida, tomando decisiones sensatas con compasión y mejor preparados para la pandemia que sigue.

*Magister de Salud Pública. www.javier-amaya.us