Se cumplieron 72 horas del terremoto: la búsqueda de sobrevivientes no termina aquí

Las primeras tres jornadas después de un terremoto son consideradas decisivas para encontrar personas con vida entre estructuras colapsadas. Sin embargo, superar ese periodo no significa suspender los rescates. En Pereira y otras ciudades afectadas, cada punto debe ser evaluado antes de dar por terminada una búsqueda.

Colombia superó este jueves las primeras 72 horas posteriores al terremoto de magnitud 7,4 ocurrido el lunes 10 de agosto, un momento que modifica el escenario de las operaciones de búsqueda, pero que de ninguna manera representa una hora límite para hallar sobrevivientes.

Ese periodo es conocido entre los equipos especializados como la “ventana de la vida” o “ventana dorada”, porque durante los primeros tres días existe una mayor probabilidad de encontrar con vida a quienes quedaron atrapados en estructuras colapsadas. INSARAG, la red internacional de búsqueda y rescate de Naciones Unidas, considera esas primeras 72 horas especialmente críticas, aunque reconoce que se han producido rescates después de ese plazo.

Por eso, cuando el reloj supera las 72 horas, la esperanza no se apaga ni las operaciones se detienen automáticamente. Lo que cambia es la forma en la que los organismos de emergencia evalúan cada escenario.

¿Qué ocurre ahora entre los escombros?

A partir de esta etapa, los equipos especializados deben establecer qué edificaciones ya fueron completamente inspeccionadas, cuáles conservan zonas inaccesibles y en cuáles existen elementos que justifiquen continuar una búsqueda intensiva.

La posibilidad de sobrevivir depende de múltiples circunstancias: el espacio que haya quedado entre los escombros, las heridas sufridas, la ventilación, las condiciones ambientales y la posibilidad de haber tenido acceso a agua, entre otros factores.

Carlos Iván Márquez, exdirector de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres, explicó que las 72 horas no deben entenderse como una barrera definitiva y recordó que en emergencias internacionales se han registrado personas encontradas con vida muchos días después de un colapso.

Esto quiere decir que una estructura no debería descartarse únicamente porque hayan transcurrido tres días.

Si existen indicios de que alguien podría permanecer atrapado, la operación puede continuar.

El silencio puede seguir salvando vidas

En esta nueva fase adquiere todavía mayor importancia el trabajo técnico de los grupos especializados.

Perros entrenados, cámaras, equipos acústicos y personal capaz de ingresar a espacios reducidos son utilizados para detectar señales que a simple vista resultarían imposibles de identificar.

En Pereira, por ejemplo, organismos de emergencia continuaban revisando un punto del centro después de que un canino especializado marcara posibles indicios bajo los escombros. En estas operaciones se solicita silencio absoluto para poder escuchar golpes, voces o movimientos procedentes del interior de una estructura.

También por esa razón las autoridades insisten en evitar aglomeraciones alrededor de los lugares de búsqueda. El tránsito de vehículos, los gritos e incluso las vibraciones ocasionadas por personas sobre los escombros pueden dificultar el funcionamiento de los equipos utilizados por los rescatistas.

Una carrera que se vuelve más difícil

Que continúe existiendo posibilidad de supervivencia no significa que las condiciones sean iguales a las de las primeras horas.

Con el paso del tiempo aumentan riesgos como la deshidratación, las complicaciones derivadas de lesiones y la exposición prolongada a condiciones adversas. Además, las réplicas representan un peligro tanto para quienes permanecen atrapados como para los propios rescatistas.

El alcalde de Cali, Alejandro Eder, había advertido antes de completar las primeras 72 horas que el país entraba en una etapa especialmente crítica y que, aunque encontrar sobrevivientes posteriormente era posible, se convertiría en una tarea cada vez más compleja.

Terremoto deja cientos de muertos y miles de heridos

El terremoto de magnitud 7,4 golpeó el occidente colombiano durante la mañana del lunes 10 de agosto y provocó graves afectaciones en ciudades como Pereira y Cali.

El balance conocido hasta este miércoles señalaba 265 personas fallecidas, cerca de 500 desaparecidas y al menos 3.770 heridas, además de más de 9.550 viviendas destruidas. Las cifras continúan sujetas a actualización a medida que avanzan los censos y operaciones de emergencia.

Pereira aparece entre las ciudades que registran mayores consecuencias humanas y materiales por el terremoto, mientras los equipos de búsqueda continúan trabajando en estructuras colapsadas.

Las 72 horas no son una sentencia

Superar la llamada “ventana de la vida” marca, entonces, un cambio de etapa, no el final de la esperanza.

Las operaciones comienzan a depender cada vez más del análisis individual de cada estructura y de la evidencia que encuentren los equipos especializados.

Mientras exista una señal, una zona pendiente por revisar o una posibilidad razonable de encontrar una persona con vida, los rescatistas pueden mantener su trabajo.

Después de tres días, la carrera contra el tiempo se vuelve mucho más difícil. Pero el reloj, por sí solo, no decide cuándo termina una búsqueda.

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