Frente al cuerpo de ‘Bendito Menor’, De La Espriella lanzó dura advertencia a grupos criminales

El presidente confirmó en Riohacha la muerte del cabecilla de las ACSN mientras detrás de él permanecían cubiertos los cuatro cuerpos del operativo. La escena convirtió el balance policial en un contundente mensaje político.

No fue una rueda de prensa convencional. Detrás del presidente Abelardo De La Espriella, tendidos en el suelo y cubiertos con lonas blancas, permanecían los cuerpos de las cuatro personas que murieron horas antes durante un operativo de la Policía en Riohacha.

Entre ellos estaba el de Naín Andrés Pérez Toncel, alias ‘Bendito Menor’, uno de los principales cabecillas de las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada (ACSN).

Frente a esa escena, el mandatario tomó el micrófono y convirtió la confirmación de la muerte del jefe criminal en una advertencia directa para las estructuras armadas que operan en Colombia.

La imagen tuvo una fuerza particular: el jefe de Estado no se limitó a informar desde Bogotá que una operación había terminado con la muerte de un objetivo de alto valor. Viajó hasta La Guajira, apareció ante los cadáveres y desde allí habló directamente a quienes desafían al Estado.

“Todos los delincuentes y narcoterroristas que desafíen al Estado van a caer bajo la fuerza de las armas y las leyes de la República”, expresó posteriormente el mandatario.

Los cuerpos como telón de fondo del mensaje

La escena se produjo en instalaciones militares de Riohacha, donde fueron trasladados los cuerpos después del procedimiento realizado durante la madrugada de este viernes 4 de septiembre.

Las imágenes difundidas muestran al presidente pronunciándose ante los medios mientras, a pocos metros, permanecían los cuatro cadáveres cubiertos. La decisión de hacer público el balance de esa manera llevó el anuncio mucho más allá de la descripción de un resultado operacional.

El mensaje parecía tener dos destinatarios.

El primero era la opinión pública, ante la cual De La Espriella buscó mostrar resultados concretos de la ofensiva que prometió durante su campaña y que ha acelerado durante su primer mes en la Casa de Nariño.

El segundo eran los propios jefes de organizaciones ilegales.

Con el cuerpo de uno de los hombres que había declarado objetivo prioritario de su Gobierno como parte del escenario, el presidente reforzó una idea que viene repitiendo desde antes de asumir el poder: quienes no se sometan a la justicia serán perseguidos por la Fuerza Pública.

Una imagen diseñada para generar impacto

La puesta en escena resulta difícil de separar del mensaje político.

‘Bendito Menor’ se había convertido durante los últimos meses en una figura altamente visible. Aparecía en redes sociales mostrando motocicletas, armas y joyas, encabezaba caravanas por Riohacha y llegó a difundir mensajes desafiantes mientras las autoridades ofrecían una recompensa millonaria por información que permitiera ubicarlo.

Este viernes ocurrió lo contrario.

Ya no fue Pérez Toncel quien controló la imagen que circulaba públicamente. Fue el Gobierno el que presentó su muerte como evidencia del alcance de las operaciones estatales.

Por eso la fotografía del presidente hablando frente a los cuerpos puede terminar siendo incluso más recordada que varios de los detalles técnicos del operativo. Es una forma de comunicación política basada en imágenes contundentes, concebidas para transmitir autoridad, control y consecuencias.

No es la primera vez que De La Espriella recurre a este recurso.

Días atrás había difundido un video en el que aparecía caminando entre cuerpos cubiertos después de otra operación militar en Guaviare. Aquella publicación provocó cuestionamientos de organizaciones de derechos humanos y sectores políticos, que consideraron problemática la utilización pública de cadáveres como parte de la comunicación gubernamental.

Ahora, en Riohacha, el mandatario volvió a elegir una imagen similar.

“Ha llegado el fin”

De La Espriella presentó la muerte de Pérez Toncel como el cierre de la trayectoria de un hombre al que las autoridades relacionaban con narcotráfico, extorsiones, homicidios y control ilegal de territorios del Caribe.

El presidente calificó el procedimiento como una operación “impecable” y aseguró que ‘Bendito Menor’ mantenía bajo presión a comunidades de La Guajira.

Pérez Toncel encabezaba la subestructura Javier Cáceres de las ACSN y tenía varias órdenes judiciales en su contra, además de una circular roja de Interpol, según las autoridades. Su nombre figuraba entre los objetivos de alto valor que el nuevo Gobierno había prometido perseguir.

La intención presidencial fue clara: mostrar que el operativo no sería presentado únicamente como una captura frustrada que terminó en muerte, sino como una señal de lo que podrían enfrentar otros cabecillas criminales.

El giro frente a los diálogos

El episodio también evidencia el cambio de política frente a las organizaciones armadas.

Las ACSN habían participado en acercamientos durante el Gobierno de Gustavo Petro. De La Espriella decidió cerrar oficialmente esa mesa, junto con otros procesos heredados de la denominada paz total, y ha defendido una estrategia centrada en el sometimiento y la ofensiva militar y policial.

El Gobierno ha empezado además a utilizar de manera sistemática la categoría de “narcoterroristas” para referirse a diferentes organizaciones ilegales y prepara un estatuto antiterrorista con el que pretende fortalecer esa política.

La muerte de ‘Bendito Menor’ se convirtió entonces en una oportunidad para materializar ese discurso.

No fue solamente anunciar que un cabecilla había muerto. Fue mostrar el resultado.

La familia esperaba afuera

Mientras el Gobierno realizaba el anuncio, familiares de Pérez Toncel esperaban información sobre la entrega del cadáver.

Su hermana, Rosa María Pérez Toncel, aseguró posteriormente que la familia había recorrido diferentes lugares desde las primeras horas de la mañana hasta establecer que el cuerpo permanecía en el batallón. También pidió al Gobierno que no fuera trasladado a Barranquilla y que pudiera ser reconocido y entregado en Riohacha.

Ese contraste añadió otra dimensión a las imágenes: mientras para el Gobierno los cadáveres representaban el resultado de una operación de seguridad, para sus familiares seguían siendo cuerpos pendientes de identificación, procedimientos forenses y entrega.

Una escena que abre debate

Mostrar cadáveres de personas abatidas en operaciones estatales no es una práctica habitual en la comunicación presidencial colombiana.

Para sus partidarios, este tipo de imágenes proyecta firmeza frente a organizaciones que durante años han intimidado comunidades y desafiado a las autoridades. De hecho, dirigentes regionales celebraron públicamente la muerte de ‘Bendito Menor’ y respaldaron la ofensiva gubernamental.

Para sus críticos, en cambio, convertir los cuerpos de personas muertas en parte del escenario político corre el riesgo de transformar las operaciones de seguridad en espectáculo y de deshumanizar incluso a quienes pertenecían a organizaciones criminales. Cuestionamientos similares ya habían aparecido tras las imágenes divulgadas esta semana desde Guaviare.

Ese debate probablemente acompañará al Gobierno si mantiene esta estrategia comunicativa.

Lo cierto es que De La Espriella quiso que la imagen fuera contundente: llegó al territorio donde había operado uno de sus objetivos prioritarios, confirmó personalmente su muerte y habló con los cuerpos del operativo a sus espaldas.

Así, el mensaje que salió de Riohacha este viernes no estuvo dirigido únicamente a explicar cómo cayó alias ‘Bendito Menor’.

Fue una advertencia para quienes continúan al frente de estructuras ilegales: el Gobierno quiere que sepan que los está buscando y, además, quiere que el país vea lo que ocurre cuando logra encontrarlos.

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