No hay lugar a equivocaciones

Después de todo lo que ha pasado con la elección del director, la Carder no puede darse el lujo de tener otro traspiés, o de equivocarse en la escogencia de quien va a estar el frente de ella.

El Consejo Directivo de la Corporación Autónoma Regional de Risaralda (Cárder) acaba de abrir el proceso de convocatoria para la elección de un nuevo director para el período 2020-2023, la que, si no sucede nada extraordinario como ha pasado tantas veces, deberá ocurrir el próximo 2 de diciembre.

La escogencia de la cabeza de esa importante entidad ha sido, especialmente en el período que termina, una verdadera novela. Demandas a las decisiones, impugnaciones de los procesos, señalamientos a los aspirantes, aplazamientos poco claros en los cronogramas y al final suspensiones o revocatorias de las determinaciones, han sido el pan de cada día cada vez que se ha intentado elegir el director.

Con razón o sin ella, la elección de quien debía ocupar el cargo en el actual período fue siempre el peor chasco. Al menos cuatro personas han pasado por la dirección y sus designaciones y remociones han estado rodeadas de una serie de elementos y circunstancias que no se compadecen con la transcendencia de la decisión.

Y, por supuesto, la indecisión y la consecuente interinidad en el cargo, producto de todo lo que ha pasado, han sido un elemento perturbador para el buen funcionamiento de la entidad. Cualquier institución y más una del tamaño y la importancia de la Cárder, necesita de una cabeza que tenga la continuidad que le ha determinado la ley.

Pero para cualquier profesional, por bueno que sea y que conozca el tema, que sea encargado de dirigir la Corporación mientras se resuelve la elección de su director en propiedad, va a ser muy difícil emprender un proyecto o proponer una política, si hoy está en el cargo y mañana no se sabe quién va a estar.

Ojalá, ahora que se vence el término del actual período y se abre un proceso completamente distinto e independiente, se surta con la mayor transparencia y apego a la normatividad vigente, para evitar dar pie a alguna interpretación errónea y nuevas demandas, y, sobre todo, se escoja al mejor director.

La Cárder es una entidad que por su delicada función y la responsabilidad que tiene en el desarrollo ordenado y equilibrado de la región, requiere de una persona de las más altas calidades profesionales, con conocimientos y experiencia comprobada en el tema ambiental y de los recursos naturales y, en lo posible, que conozca la entidad, la normatividad que la rige, la forma como funciona y opera, y los proyectos que está ejecutando. Después de todo lo que ha pasado en los últimos años con la elección del director, la Cárder no puede darse el lujo de tener otro traspiés, o de equivocarse en la escogencia de la persona que va a estar el frente de ella. Eso no se lo perdonaría el departamento al Consejo Directivo de la entidad.

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