En 1972, cuando Risaralda tenía apenas cinco años de vida político-administrativa, Mario Jiménez Correa asumió como el noveno gobernador de este nuevo departamento en el período noviembre de 1972 a agosto de 1974. En el cargo fue antecedido por Cástor Jaramillo, Luis Eduardo Ochoa, Camilo Mejía, Jorge Vélez, Gilberto Castaño, Reinaldo Rivera, José Jaramillo y Enrique Millán Rubio, todos ellos ya fallecidos. En la conmemoración de los 52 años de fundación del departamento de Risaralda, con Mario Jiménez Correa reconstruímos lo que fue su mandato y la realización de los Juegos Deportivos Nacionales de 1974 en Pereira.

¿Cómo fue su llegada a la Gobernación de Risaralda?
Enrique Millán Rubio se posesionó en la Gobernación de Risaralda en mayo de 1972 y como al mes de estar en el despacho, un viernes me dijo que el lunes siguiente se iba para Cali pero que no le dijera a nadie donde estaba, que iba a un control médico y que regresaba el martes. Pero Millán no apareció y se presentó una llamada del Presidente Misael Pastrana quien me informó que Enrique estaba enfermo, que tenía un cáncer en el cerebro y que lo iban a operar. Me anunció que me nombraba con el caracter de encargado, me envió el decreto y solo, con el decreto en la mano, me fuí al Tribunal Superior a tomar posesión. Me presenté sin mis hijos y sin un fotógrafo, me posesioné sólo y creo que he sido el único que lo ha hecho así.

¿Cuándo fue nombrado en propiedad?
En noviembre de ese año, cuando murió Millán Rubio, fuí nombrado en propiedad. Y entonces el Presidente me dijo: me hace el favor va y se posesiona, aproveche que la Asamblea está en sesiones, invite mucha gente y échese un discurso rajando del gobierno anterior. ¿Y cómo lo iba a hacer si yo había hecho parte de ese gobierno?

¿Quiénes lo acompañaron en su equipo de trabajo?
Una de las cosas que le dije al Presidente fue: a mí me van a destituir a los 15 días porque a don Camilo Mejía (el jefe liberal) y Jaime Salazar (el jefe conservador) no les va a gustar que yo haya resuelto trabajar con un grupo de amigos, entre los cuales estaban Mario Giraldo, William Montoya, Guillermo Olano Arias, Bernardo Mesa Abadía y Stella Hincapié. Yo le había ofrecido un cargo a Carlos Arturo Ángel, pero no aceptó. Era un grupo de gente muy joven, yo fuí el gobernador más joven que hubo en Colombia con solo 30 años, ellos eran mis compañeros de estudio. Era como un kínder.

¿Cómo fue el ejercicio del gobierno de ese kínder?
Yo fuí muy amigo de Mario Delgado Echeverri, el alcalde de Pereira en el centenario, el cual cargaba una libretica en donde tenía apuntado todo lo que había hecho en el gobierno: que los sanitarios de la escuela tal, la pintura de este y otro colegio, la reparación de una carretera, todo lo tenía anotado. Pero yo no le paré bolas a eso, nosotros nos dedicamos a trabajar. Yo venía de la academia, había sido Alcalde de Pereira, concejal y gerente de las Empresas Públicas, cargo que le recibí a Willian Jaramillo y le entregué a Fernando Agudelo Velasco. Este equipo tenía experiencia por todos los lados y era gente que conocía mucho. Además yo trabajé en una especie de tanque de pensamiento que tenía el departamento, donde estaban Carlos Arturo Ángel y Álvaro Vallejo Mazuera.

¿Recuerda qué obras le dejaron a Risaralda en ese gobierno?
Me acuerdo del acueducto de Peñas Blancas, que viene desde Santuario hasta Balboa. Esa obra la hicimos con el Comité de Cafeteros, en esa época, hace 46 años, era una cosa loca. Mario Giraldo, que entre sus funciones tenía las de educación, se encargó de hacer un inventario de lo que teníamos en escuelas, colegios, profesores y alumnos. Y encontramos que había escuelas sin muchachos, que había muchachos sin escuelas y sin profesores y concluimos que faltaban 80 educadores. En ese entonces una entidad nacional asignaba los recursos para pagar un determinado número de maestros y tenían como auditor a Víctor Julio Pinto que era muy exigente, así que no se podían tener ni nóminas paralelas y ni enredos.

¿Y cómo solucionó ese asunto?
Me fuí a hablar con Juan Jacobo Muñoz, ministro de educación. Yo tenía cierto prestigio en el gobierno nacional por que se allá se dieron cuenta que acá trabajaba un grupo de jóvenes con una orientación más técnica e ignorábamos al política, aunque nos decían los politécnicos. El Ministro pidió a un funcionario revisar las asignaciones de maestros y hacer los ajustes para designar 80 maestros en Risaralda. Hicimos una tarea en educación muy importante. Pero en realidad no tengo inventarios y recuentos de lo que hicimos, porque a mí no me interesaba eso, sino hacer las cosas.

¿Pero en efecto se hicieron muchas obras?
Yo era también muy amigo de Federico Drews, éramos vecinos en la carrera 4a. Un día me pidió que los acompañara al Comité de Cafeteros, aunque entre la gobernación y el comité había cierto recelo porque ese gremio era rico, tenía plata y podía hacer obras. Así que acordamos electrificar en compañía la zona rural del departamento, empezando por Quinchía. La Gobernación aportó $ 300 millones y el Comité otro tanto para acometer ese proyecto. Además hicimos acueductos y muchas otras cosas.

¿Sin embargo, hubo una obra cumbre en su administración?
Yo no estoy reclamando absolutamente nada, como si lo hace mucha gente, pero en ese gobierno hicimos los Juegos Deportivos Nacionales de 1974. El director administrativo y financiero de esos juegos, los primeros tres o cuatro meses, fui yo, dado que cuando fue nombrado gobernador Enrique Millán me pidió que me fuera a trabajar con él y era, precisamente, el gobernador el presidente de la junta de los juegos. A poco tiempo Millán se enfermó y yo asumí como presidente de la junta. Y gracias a que yo era amigo del presidente Pastrana logramos superar las dificultades económicas y sacamos los Juegos adelante.

¿Cómo se inició su relación de amistad con el Presidente?
El Presidente quiso conocerme porque se enteró que yo había sancionado a un vigilante de la Gobernación porque había entrado a las 3:00 de la mañana a trabajar. Yo llegaba a la Gobernación así de temprano para que a las 8:00 de la mañana cuando llegaran “El Loco” Jaramillo, el fulano y el sutano, yo pudiera conversar con ellos. Yo le dedicaba mucho tiempo a eso.

¿Se contó con el apoyo del gobierno para los Juegos?
Cuando se necesitaba algo para los Juegos Nacionales, la persona que podía armar los presupuestos, que tenía experiencia y que gestionaba en Bogotá la plata que faltaba, era yo. Me siento orgulloso a morir: inauguré los Juegos con Misael Patrana y los clausuré con Arenas Bonilla el Ministro de Gobierno.

¿En ese tiempo cómo era su jornada de trabajo?
Yo vivía en la carrera 4a entre calles 17 y 18 y la Gobernación quedaba en el palacio municipal, en la carrera 7a entre calles 18 y 19, yo no tenía dificultades para estar allá a las 5:00 de la mañana, cualquier día de la semana. Y de noche trabajábamos hasta cualquier hora.

¿Satisfecho con los servicios que le prestó a la ciudad y al departamento?
Quien diga otra cosa es muy mentiroso. Yo vivo muy orgulloso de haber prestado un servicio cívico en todos los lugares en los que trabajé en el sector público. Pero llegó el momento en que dije: no más, me voy de aquí, yo quiero tener mi oficina propia y mis cosas.

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