El profeta Joel hace una invitación vibrante a la conversión y a volver de nuevo al Señor. Esta conversión a la que nos llama el profeta ha de ser de corazón. No valen sólo las palabras ni los buenos propósitos. Tampoco valen las penitencias superficiales.

 

El Señor quiere que cambiemos nuestro corazón, todo nuestro ser. Por eso, ya no sirven de nada los gestos externos como el rasgarse las vestiduras, un gesto muy común entre los judíos. Dios desea que rasguemos nuestro corazón, que nos arrepintamos de nuestros pecados, que dejemos atrás todo aquello que no agrada a Dios y que volvamos a Él de nuevo con un corazón contrito y humillado.

 

Y el profeta también nos indica cuál es el fundamento de esta llamada a la conversión: porque el Señor es “un Dios compasivo y misericordioso, lento a la cólera y rico en amor, que se arrepiente del castigo”. La Cuaresma, por tanto, es tiempo de cambiar el corazón, no sólo con prácticas externas sino con una auténtica conversión.

 

Para que podamos aprovechar bien este tiempo de Cuaresma, para no dejar caer en saco roto la gracia que Dios desborda en nosotros durante este tiempo, la Iglesia nos ofrece tres medios de los que ya habla Jesús en el Evangelio que escuchamos hoy.

 

La limosna, la oración y el ayuno, cuando los vivimos debidamente, son instrumentos que nos ayudan a acercarnos más a Dios, a vaciarnos un poco de nosotros mismos para que podamos escucharle a Él, para que podamos estar cerca de Él.

 

La limosna, que no es sólo dar a un pobre algo de dinero que nos sobra, sino que es dar de lo nuestro, darnos a nosotros mismos, nos ayuda a desprendernos de tantas cosas que obstaculizan nuestro comino hacia Dios.
La oración, que no es sólo repetir unas frases que nos hemos aprendido de memoria, sino que es el trato frecuente de amistad con el Señor, escucharle y hablar con Él, nos ayuda a abrir nuestros oídos a la Palabra, conocer más de cerca el Misterio de Dios, entrar en diálogo con el Señor.

 

Y finalmente el ayuno, que no es sólo comer menos, como si se tratase de una dieta para adelgazar, sino que es privarnos de tantas cosas que nos distraen, nos ayuda a buscar sólo lo que es necesario, es decir, nos ayuda a poner nuestra total confianza sólo en Dios. Estos medios, vividos no por sentirnos bien con nosotros mismos ni para que los demás nos aplaudan, sino vividos en el silencio donde sólo Dios nuestro Padre nos ve, nos acercarán más al Señor y nos devolverán la amistad con Él que hemos perdido a causa de nuestro pecado.

 

Y así, como dice el Papa Francisco en el mensaje para la Cuaresma de este años, podremos volver a encontrar la alegría del proyecto que Dios ha puesto en la creación y en nuestro corazón, es decir amarle, amar a nuestros hermanos y al mundo entero, y encontrar en este amor la verdadera felicidad.

 

Que el inicio de la santa cuaresma con la imposición de la santa ceniza, no hay sido un gesto vacío, ni supersticioso, por medio del cual muchos utilizan, queriendo alcanzar una recompensa mágica. Que este signo en verdad nos haya permitido disponernos realmente para iniciar este camino cuaresmal; un tiempo favorable, para reconciliarnos con Dios.

 

Que esta Cuaresma no sea una más en nuestra vida, sino que sea una oportunidad para acercarnos todavía más al Señor, que es compasivo y misericordioso, y está deseando darnos su amor desde la cruz de su Hijo Jesucristo, como celebraremos dentro de cuarenta días en la Pascua.

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