​Sean misericordiosos, ​como es misericordioso su Padre

JESÚS proclamó las bienaventuranzas y luego siguió diciendo a sus discípulos «A ustedes que me escuchan, les digo: Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian​; bendigan a los que los maldicen​,​ oren por los que los injurian.

Si alguien te pega en una mejilla, ofrécele también la otra, y si alguien te quita la capa,

déjale también la túnica.

A todo el que te pida dale y al que te quite lo tuyo no se lo reclames.

Traten a los demás, como quieren que ellos los traten.

Si aman a los que los aman, ​¿​qué mérito tienen?

También los pecadores aman a los que los aman.

Si hacen el bien a los que les hacen el bien ​¿​qué mérito tienen?

Los pecadores hacen lo mismo.

Si prestan cuando esperan que les paguen, ​¿​qué mérito tienen?

También los pecadores se prestan unos a otros​, ​con intención de recobrar lo prestado.

Amen más bien a sus enemigos​, ​hagan el bien y presten sin esperar que les paguen ​n​ada;​ y será muy grande su recompensa​,​ y serán hijos del Alt​ísimo,​​ porque él es bueno con los ingratos y los malos​.​

​Sean misericordiosos, como es misericordioso su Padre.

No censuren, y Dios no los censurará.

No condenen, y él no los condenará.

Perdonen, y Dios los perdonará.

Den, y él les dará; les llenará la medida con generosidad, con creces, hasta el borde.

Pues la medida con que den, será la medida con que reciban.»

    Palabra del Señor

 

REFLEXIÓN

¿Por qué tanta gente vive secretamente insatisfecha? ¿Por qué tantos hombres y mujeres encuentran la vida monótona, trivial, insípida? ¿Por qué se aburren en medio de su bienestar? ¿Qué les falta para encontrar de nuevo la alegría de vivir?

 

Quizás, la existencia de muchos cambiaría y adquiriría otro color y otra vida, sencillamente si aprendieran a amar gratis a alguien. Lo quiera o no, el ser humano está llamado a amar desinteresadamente; y, si no lo hace, en su vida se abre un vacío que nada ni nadie puede llenar. No es una ingenuidad escuchar las palabras de Jesús: «Haced el bien… sin esperar nada». Puede ser el secreto de la vida. Lo que puede devolvernos la alegría de vivir.

 

Es fácil terminar sin amar a nadie de manera verdaderamente gratuita. No hago daño a nadie. No me meto en los problemas de los demás. Respeto los derechos de los otros. Vivo mi vida.

 

Pero eso, ¿es vida? Despreocupado de todos, reducido a mi trabajo, mi profesión o mi oficio, impermeable a los problemas de los demás, ajeno a los sufrimientos de la gente, me encierro en mi «campana de cristal». ¿Para qué? ¿Para encontrar mi felicidad?

 

Vivimos en una sociedad donde es difícil aprender a amar gratuitamente. En casi todo nos preguntamos: ¿Para qué sirve? ¿Es útil? ¿Qué gano con esto? Todo lo calculamos y lo medimos. Nos hemos hecho a la idea de que todo se obtiene «pagando»: alimentos, vestido, vivienda, transporte, diversión. Y así corremos el riesgo de convertir todas nuestras relaciones en puro intercambio de servicios.

 

Pero, el amor, la amistad, la acogida, la solidaridad, la cercanía, la intimidad, la lucha por el débil, la esperanza, la alegría interior.., no se obtienen con dinero. Son algo gratuito que se ofrece sin esperar nada a cambio, si no es el crecimiento y la vida del otro.

 

Los primeros cristianos, al hablar del amor utilizaban la palabra ágape, precisamente para subrayar más esta dimensión de gratuidad, en contraposición al amor entendido sólo como eros y que podía tener para muchos una resonancia de interés y egoísmo.

Hay muchos hombres y mujeres entre nosotros que sólo pueden recibir un amor gratuito, pues no tienen apenas nada para poder devolver a quien se les quiera acercar. Personas solas, maltratadas por la vida, incomprendidas por casi todos, empobrecidas por la sociedad, sin apenas salida alguna en la vida.

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