Yo doy la vida eterna a mis ovejas

En aquel tiempo, dijo Jes?s:
?Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecer?n para siempre, y nadie las arrebatar? de mi mano.

Lo que mi Padre me ha dado es m?s que todas las cosas, y nadie puede arrebatar nada de la mano de mi Padre.
Yo y el Padre somos uno?.
Palabra del Se?or

REFLEXI?N
Era invierno. Jes?s andaba paseando por el p?rtico de Salom?n, una de las galer?as al aire libre, que rodeaban la gran explanada del Templo. Este p?rtico, en concreto, era un lugar muy frecuentado por la gente pues, al parecer, estaba protegido contra el viento por una muralla.

Pronto, un grupo de jud?os hacen corro alrededor de Jes?s. El di?logo es tenso. Los jud?os lo acosan con sus preguntas. Jes?s les critica porque no aceptan su mensaje ni su actuaci?n. En concreto, les dice: ?Vosotros no cre?is porque no sois de mis ovejas?. ?Qu? significa esta met?fora?

Jes?s es muy claro: ?Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco; ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna?. Jes?s no fuerza a nadie. ?l solamente llama. La decisi?n de seguirle depende de cada uno de nosotros. Solo si le escuchamos y le seguimos, establecemos con Jes?s esa relaci?n que lleva a la vida eterna.

Nada hay tan decisivo para ser cristiano como tomar la decisi?n de vivir como seguidores de Jes?s. El gran riesgo de los cristianos ha sido siempre pretender serlo, sin seguir a Jes?s. De hecho, muchos de los que se han ido alejando de nuestras comunidades son personas a las que nadie ha ayudado a tomar la decisi?n de vivir siguiendo sus pasos.

Sin embargo, ?sa es la primera decisi?n de un cristiano. La decisi?n que lo cambia todo, porque es comenzar a vivir de manera nueva la adhesi?n a Cristo y la pertenencia a la Iglesia: encontrar, por fin, el camino, la verdad, el sentido y la raz?n de la religi?n cristiana.

Y lo primero para tomar esa decisi?n es escuchar su llamada. Nadie se pone en camino tras los pasos de Jes?s siguiendo su propia intuici?n o sus deseos de vivir un ideal. Comenzamos a seguirle cuando nos sentimos atra?dos y llamados por Cristo. Por eso, la fe no consiste primordialmente en creer algo sobre Jes?s sino en creerle a ?l. Cuando falta el seguimiento a Jes?s, cuidado y reafirmado una y otra vez en el propio coraz?n y en la comunidad creyente, nuestra fe corre el riesgo de quedar reducida a una aceptaci?n de creencias, una pr?ctica de obligaciones religiosas y una obediencia a la disciplina de la Iglesia.

Es f?cil entonces instalarnos en la pr?ctica religiosa, sin dejarnos cuestionar por las llamadas que Jes?s nos hace desde el evangelio que escuchamos cada domingo. Jes?s est? dentro de esa religi?n, pero no nos arrastra tras sus pasos. Sin darnos cuenta, nos acostumbramos a vivir de manera rutinaria y repetitiva. Nos falta la creatividad, la renovaci?n y la alegr?a de quienes viven esforz?ndose por seguir a Jes?s.

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