VIOLENCIA
Mar?a Ligia Acevedo-Amali

Una palabra que al verla escrita o al escucharla tiene de por s? connotaci?n intimidante. Implica sometimiento, avasallamiento, crueldad. Es una expresi?n que golpea la psiquis, la naturaleza del ser, de su libertad. Palabra que merma la alegr?a para convertirla en espanto, en dolor, en l?grimas. Verla escrita o escucharla aporta un cuadro de terror para aquellos que involucra, y la imagen mental que produce es de matices inhumanos de sufrimiento y mezquindad.
Un acto de violencia involucra no solo un agresor y una v?ctima sino, adem?s, hijos, padres, hermanos y a quienes presencian la agresi?n. Puede ser deliberada o no. Deliberada, cuando el agresor sabe que su acto, palabras o actitud provoca dolor en el otro y aun as?, no se contiene. No premeditada, cuando surge de manera s?bita, por ejemplo en un enfrentamiento verbal de connotaci?n acalorada, pero en ambos casos, una vez comprendido y entendido por el ofensor que ha causado da?o f?sico o ps?quico, no le produce arrepentimiento ni siente pena por el dolor o da?o ocasionado.

 

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Puede ser aprendida
La violencia puede ser aprendida, cuando a fuerza de observarla, presenciarla, o vivirla, se asume como un comportamiento normal en el agresor y para la v?ctima que la acepta; al igual que lo hace la sociedad, que no reaccionan contra ella ni se manifiesta de manera alguna, lo mismo que hace la familia y hasta la autoridad, y por eso se convierte en un ejercicio repetitivo que quien lo ve lo toma y lo guarda a manera de ense?anza o imitaci?n, ejercit?ndolo posteriormente en su entorno familiar o grupo social.

El comportamiento actual de la juventud y de algunas clases sociales, pareciera dar a entender que se ha tomado la violencia de las escenas de las pel?culas y las telenovelas, como algo normal en el desarrollo de la cotidianidad entre las parejas, con los compa?eros de clase, entre amigos, o en la familia, muchas de las veces motivados en los celos. Hasta en lo que compete a la parte laboral, a nivel de superiores con subalternos y entre estos, en su condici?n de pares; los jefes, con infinidad de motivaciones y los subalternos por lo general movidos por envidias, anhelos de ascender y en la escala de mando, o tambi?n por rivalidades externas a su sitio de trabajo.

 

En todos los campos
La violencia la vemos plasmada en las actitudes y palabras de los personajes en quienes deber?amos de tener el mejor ejemplo de comportamiento verbal y social. En todos los campos del discurrir humano est? presente, para desgracia y verg?enza de todos.

Hay Violencia en lo pol?tico, lo dom?stico, lo religioso, lo cultural. Confrontamos con frecuencia la ciberviolencia y all? las v?ctimas, en su gran mayor?a, resultan ser los menores, dando como resultado los suicidios. Y en los adultos, las separaciones, los homicidios, las agresiones de todo g?nero y el chantaje.

De parte del Gobierno tambi?n se presenta la violencia. Basta un poco de an?lisis, o detenernos a pensar algo m?s en lo que se escucha y en lo que se dice y hasta en las decisiones que se toman por quienes se encuentran en cargos del estado para darnos cuenta de que, en sus palabras y hasta en sus acciones hay violencia, constre?imiento, coacci?n.

Existe la violencia econ?mica. La comercial. Cada vez le resulta m?s dif?cil al ser humano acceder a todo aquello que se le oferta, pero que no est? al alcance de su bolsillo y sin embargo, se le obliga o se doblega su ?nimo y voluntad para inducirlo a adquirir lo que no tiene con qu? pagar, para despu?s despoj?rselo con p?rdidas econ?micas y frustraciones.

 

El pan de cada d?a
Hay violencia dom?stica, de g?nero, y sexual, convertidas en el pan de cada d?a. Es como si la humanidad en lugar de avanzar en el conocimiento y entendimiento de que somos seres racionales y con inteligencia, anduvi?ramos en una involuci?n mental que nos llevara a la ?poca de las cavernas y m?s all?.

Y quienes de manera pasiva presenciamos y consentimos la violencia, asumimos el papel de agresores, porque cohonestamos con nuestro silencio en favor del agresor y no de la v?ctima, siendo as? que la ley nos autoriza para denunciar.

La Violencia coarta a la v?ctima. Porque no le permite libertad de decidir, de hacer, de crecer. ?Limita sus potencialidades presentes y futuras? al no permitirle actuar en la forma y en lo que desea y tiene derecho, por temor, por impotencia ante agresi?n o la amenaza que se cierne sobre ella.

Si concluimos que la Violencia es destructiva, perniciosa, reprochable, condenable y castigable por la ley, execrable desde donde se la mire, ?por qu? no exterminarla de la mente de los humanos apelando a la racionalidad de seres inteligentes y pensantes y la abolimos definitivamente de nuestro lenguaje y de nuestra relaci?n con el pr?jimo? La pregunta ser?: ?C?mo hacerlo, si parece ya estar tan arraigada y hasta se dice que forma parte de nuestra idiosincrasia?

Respuetas
La respuesta es: Sensibiliz?ndonos. Humaniz?ndonos. Mir?ndonos como iguales. Considerando el dolor ajeno y su padecimiento como si fuese propio. Comprendiendo y aceptando las diferencias en pensamiento, religi?n, culto, pol?tica. Aplicando el derecho de igualdad a todo cuanto compete a nuestra condici?n de seres humanos que provenimos de un mismo lugar c?smico o de un mismo Padre. Asumiendo la certeza de que ocupamos este planeta tierra s?lo mientras tengamos vida y que de ?l, as? como vinimos un d?a tendremos que irnos, sin nada, con nuestra sola piel y el esqueleto, sin pergaminos ni posesiones, sin ninguna de aquellas cosas que hoy afanosamente buscamos y hacemos para que nos consideren y nos vean superiores, diferentes y dignos de mayores privilegios que los dem?s. Empe??ndonos en comprender que el hombre es uno solo y que por lo tanto lo que uno hace afecta a los dem?s y en el futuro, a nosotros mismos.

Reconoci?ndonos como hermanos, sabiendo que una vez despojados de todo lo material nada nos diferencia, porque somos carne, hueso, cerebro, m?sculos y venas con igual estructura y conformaci?n. Que el color, la clase social, la religi?n, el grado de conocimiento y t?tulos alcanzados, el estatus en que se viva y todo lo dem?s, que err?neamente entendemos como diferencias para permitirnos conductas y actos impropios y lesivos del derecho ajeno, no son m?s que pretextos en que nos escudamos para descalificar a nuestros cong?neres.

Si doblegamos el orgullo, nos apartamos de la ambici?n y del apetito por el poder y nos hacemos conscientes de que el derecho nuestro es el derecho de todos y que el respeto y reconocimiento que buscamos o pretendemos es igual derecho para los dem?s, nuestra actitud cambiar?, para hacernos m?s humanos, m?s solidarios, m?s respetuosos no solo entre nosotros mismos, sino tambi?n con la naturaleza y con todo aquello de lo cual dependemos para seguir existiendo.

 

La palabra, arma de cambio
No hay que olvidar que la palabra, que tantas veces es utilizada como arma, y que es espada que hiere mucho m?s profundo que el acero o la bala, porque mata al hombre a trav?s del alma, porque va directo a la mente, a la psique, al coraz?n del ofendido, es de igual manera sanadora, b?lsamo de reconciliaci?n, con poder de acercamiento, convencimiento y reflexi?n. Convirtamos entonces la palabra en nuestra principal arma de cambio, para acabar con la violencia. En di?logo, para cada momento y situaci?n de conflicto o diferencia, a fin de encontrar la soluci?n a aquello que muchas veces no logramos ver como posible, por empecinarnos en sentimientos y pasiones que nos obnubilan hasta no dejarnos apreciar el verdadero camino a seguir.

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