Iván Tabares Marín
Columnista

En la película “La última tentación de Cristo”, dirigida por Martin Scorsese e inspirada en la novela de Nikos Kazantzakis, se enfrenta Jesús con Pablo. Ese encuentro tiene plena lógica en el contexto de la narración pues, como se recordará, Satanás toma la figura de un ángel de la guarda para engañar a Jesús poco antes de morir y convencerlo de que si renuncia a la cruz podrá vivir la experiencia de todos los hombres amando a una mujer y disfrutando la alegría de los hijos en este mundo maravilloso. En unos instantes Jesús ve pasar su posible vida.
Ya casado y con hijos, escucha una predicación de Pablo y lo interpela:

– ¿Viste a ese Jesús de Nazaret después de regresar de la muerte? Quiero decir ¿con tus propios ojos?
– No, pero vi una luz que me cegó y oí su voz.
– Eres un mentiroso.
Jesús se identifica como el hijo de José y María y se aleja disgustado. Pablo lo alcanza:
– Espera solo un minuto. ¿Qué te pasa? Mira alrededor tuyo, mira toda esa gente, mira sus caras. ¿Ves cuán infelices son? ¿Ves cuánto están sufriendo? Su única esperanza es Jesús resucitado. No me interesa si tú eres Jesús o no. El Jesús resucitado salvará el mundo y eso es lo que importa.
– Esas son mentiras; no puedes salvar el mundo con mentiras.
– Yo creé la verdad –continúa Pablo- de lo que la gente necesitaba y de lo que ellos creían. Si tengo que crucificarte para salvar el mundo, entonces lo haré, y si tengo que resucitarte, entonces lo haré también.
– No te dejaré; le diré a todo el mundo la verdad.
– Adelante, vamos, díselos ahora. ¿Quién te va a creer? Tú empezaste esto, ahora no puedes pararlo. Toda esa gente que me cree te matará. No sabes cuánta gente necesita a Dios; no sabes cuán felices Él los puede hacer. Él puede hacerlos felices de morir, y ellos morirán. Todo por amor a Jesucristo, a Jesús de Nazaret, al Hijo de Dios, al Mesías; no por ti ni por amor a ti. Ahora puedo olvidar todo de ti pues mi Jesús es mucho más importante y mucho más poderoso. Gracias, es bueno haberte encontrado.

En la siguiente escena Cristo va a morir; algunos de sus discípulos lo visitan para recriminarlo por haberlos dejado solos. Jesús reacciona, despierta de su sueño en la cruz y muere.

Nunca pude entender por qué la Iglesia prohibió esta película que, en mi modesta opinión, es un hermoso canto al amor humano, dignificado de la mejor manera posible, pues el mismo hijo de Dios es tentado por él. Muestra, además, que todos buscamos un sentido de la vida y que muchos lo encuentran en el mito, aunque se cambie la interpretación de la resurrección y la Iglesia desnude sus pecados.

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