No porque sea menos pública y visible para el pereirano del común, deja de ser menos dramática y grave la huelga de hambre que adelantaron la mayoría de los internos de la cárcel “La 40” de Pereira. Gracias a la intervención de entidades como la Defensoría del Pueblo y Personería Municipal, el movimiento de protesta se levantó y dejó a la vista los delicados problemas que tiene la institución carcelaria.

 

Por supuesto, esta no es la primera vez que se presenta un hecho de esta naturaleza. Ya en el pasado las personas allí recluidas han pedido la intervención de las autoridades carcelarias y del Gobierno nacional para que le sean solucionados problemas como el de la difícil atención médica o el de los cobros exagerados por algunos servicios; pero a pesar de los reiterados compromisos, estos no se han cumplido y las dificultades permanecen y se mantendrán mientras el problema no sea atendido desde la raíz.

 

Claro, el Gobierno puede que revise los procedimientos para que, por ejemplo en el caso de la salud, las citas y la atención médica lleguen a tiempo a los internos, e inclusive que se les suministre oportunamente los medicamentos, o en el del costo de algunos servicios como las llamadas telefónicas; pero esto no pasará de durar unos pocos días, porque el problema de fondo no radica allí, sino en la sobrepoblación de la cárcel y la imposibilidad de atender la demanda de la cantidad de internos recluidos en “La 40”.

 

Un establecimiento que tiene una capacidad máxima para 640 personas no puede recibir humanamente bien 1500 personas. Y mucho menos prestar medianamente bien unos servicios que fueron contratados para 640, mientras la población real es de más del doble, como está ocurriendo ahora en el caso específico de la salud.

 

Si lo que el Inpec tiene contratado con algunas empresas fiduciarias es darle cobertura en salud a 650 detenidos, más de la mitad de la población carcelaria se está quedando sin atención médica, y el problema que tuvo a la inmensa mayoría de los internos en huelga de hambre jamás se podrá solucionar definitivamente.

 

Los problemas, pues, de nuestro penal no se arreglarán de verdad mientras persista la causa principal que es el hacinamiento en este lugar, solución que, por lo menos por lo que se conoce con la nueva cárcel regional, no parece estar en camino ni en el corto ni en el mediano plazo. Y por tanto no parece que el movimiento de protesta que se sigue al interior de La 40, se pueda solucionar fácilmente.

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