?ngel G?mez Giraldo

Voy caminando por la calle que aguanta un ir y venir de personas. No veo sus corazones. Qu? tal, c?mo ser?a cuando s? de sus p?lpitos extra?os.

Sinceramente, me dar?a acidez estomacal ver un coraz?n herido, sangrante, maltratado por los pu?os de un pugilista, infartado.

Si deseas que a tu coraz?n le pase esto date una pasadita por la carrera 8a. entre calles 22 y 23 del centro de Pereira.

Seguro que sufre un traspi?s, y hasta puede caer sobre el duro pavimento del and?n las veces que cay? el Nazareno v?a al calvario.

?Si no tuvi?ramos coraz?n seguramente el mundo ser?a una escombrera o una jirafa oteando sin atinar a decir nada!

 

El cuento
Tengo que contarles. No s? si deber?a hacerlo pero llegu? hasta la calle 22 mas all? se me encabrita el coraz?n como si fuese un potro salvaje y se niega a continuar la marcha.
?La raz?n? Pues me encontr? con la necesidad sentada en cuclillas y es tan desali?ada que se viste de compasi?n pero no le dice nada.

Es la necesidad, es la miseria que nos pone all? la migraci?n venezolana para que la morena y trasnochadora sepa que es mejor patacones de pl?tano verde que te exponen a que se revienten los dientes que del ?maduro?, r?gimen que solo produce hambre.

S?, en todo el centro de la capital de Risaralda, llegando al parque El Lago est? la necesidad que pide para subsistir: ?Una monedita para comer?. Est?tico como una estatua griega observo. Y no es una persona sola, son dos: Un hombre y un menor de edad, el hijo. El hombre pasa por la edad de los ajustes emocionales que se producen a los 40 a?os de edad. El hijo, por una preadolescencia despeinada.

Por la tipolog?a de ambos no parecen venezolanos cl?sicos. De piel y ojos claros pueden pasar como antioque?os oriundos de Jeric? venidos a menos por escasez de mercanc?a.

Veo amables sus rostros. Incre?ble, son capaces de sonre?r a pesar de la indigencia.
El padre se siente bien con el nombre de Alex?nder, el hijo tambi?n. Nombre tan significativo que no corresponde con la situaci?n que ambos viven.

 

En cuclillas
Permanecen sentados en cuclillas a lado y lado del tenderete improvisado con unas cuantas golosinas para la venta que nadie compra, pues en vez de ofrecerlas piden una moneda para comer.
Esto para que vean que la miseria talla m?s que una piedra en el zapato.

Sin embargo Alex?nder padre sonr?e como si fuera presentador de programa de televisi?n en franja para adultos.
Lo mismo hace el ni?o que sonr?e cual ?ngel desplazado del cielo por acoso de las v?rgenes necias.
?Llegamos de Maracaibo, ciudad capital del Estado Zulia?, con tal abundancia de oro negro que sus habitantes sudan petr?leo.

Situada al oriente del pa?s, limita con Colombia.
?Sin embargo aqu? lo que estamos sudando es un dengue ya que implorar la caridad p?blica es un esfuerzo muy grande?, me comenta este padre proveniente del vecino pa?s con un acento al que le queda poco de venezolano ya que lo est? perdiendo de tanto pedir en parlache, jerga antioque?a.

?Una monedita para comer?, es el discurso de la necesidad tirada en plena calle, tal vez para conmover.
No ofrecen las golosinas porque no est?n vendiendo sino pidiendo en un horario de 5:00 de la tarde a las 8:00 de la noche, aqu? en la calle 22 con carrera 8a.

Alex?nder no tiene permiso de las autoridades para trabajar, y como pedir es un derecho del que no tiene nada, los funcionarios que controlan el espacio p?blico pasan de agache frente a ellos por pura consideraci?n. Y los venezolanos respiran tranquilos.

 

Conmovido
Mi coraz?n se conmueve tanto que los acompa?a toda la tarde del primer d?a de abril que se nos meti? al rancho con aguacero y disparando rayos.
Padre e hijo, venezolanos, llevan casi un mes en esta posici?n en el mismo sitio. Parecen tenerlo todo al alcance de la mano pero de nada les sirve: El Palacio de las Empanadas, Comboy Pizza, almac?n de muebles para el hogar con cama, comedor de 4 y 6 puestos , y hasta un banco: Bancoomeva.

Al frente el imponente edificio sede de la C?mara de Comercio de Pereira les saca los ojos.
En el primer piso y tras los cristales de un local comercial recientemente desocupado ven a Maduro que les hace muecas para seguir tortur?ndolos a distancia.

 

 

Generosidad
Sin embargo, a veces atendiendo el pedido de una monedita para comer, do?a generosa los sorprende. ?Muchas personas en vez de una moneda nos dan un billete. Los vecinos nos traen comida?.
De esta manera Pereira se salva haciendo la obra de caridad que requieren en estos momentos nuestros hermanos, los venezolanos.

Si les contara: Alex?nder tiene un guardado en el hotel donde residen en todo el centro de Pereira: Otro hijo. Se trata de una preciosa mujercita de 17 a?os. A ?l le parece que tiene la belleza de los arreboles que pinta el sol en las tardes de verano a su ciudad: Maracaibo. Pero no se?ores, ella no aparece en la foto que ilustra esta cr?nica porque el padre sabe que sacar una persona de esta edad a la calle es arriesgarse a perderla.

?Ay do?a generosa! No sabes lo que se dice de manera extraoficial aqu?: en Pereira hay cerca de 3000 migrantes venezolanos que hacen parte de los 3 millones que hacen presencia en otras ciudades de Colombia.

As? que solo nos queda decir lo que dicen los que no tienen empleo sabiendo que lo que buscan no es trabajo: ?Qu? hacemos?.
(La imagen del joven se publica con autorizaci?n de su padre)

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