Fabio Castaño Molina
Columnista

Advierten los expertos en medicina que a muy serios problemas de cuello y de columna nos vemos abocados los miembros de la actual generación humana, gracias al uso excesivo de la telefonía celular que nos hinoptiza y nos embebe con la mirada hacia abajo por el uso de las redes sociales, hasta el punto de generar de manera insconsciente no solo problemas de tipo lumbar o cervical, sino también una actitud que raya en comportamientos antisociales al aislarnos de nuestro círculo de personas más cercanos de nuestro entorno familiar o laboral.

 

Seguramente que el tecleo incensante cuando chateamos a través de estos aparatos también nos está pasando cuenta de cobro, pues las falanges de nuestras manos están siendo sometidas a largas jornadas de trabajo. Pasar la mayoría del tiempo con el celular entre manos tiene sus consecuencias. Una de ellas es sentir dolor y rigidez tanto en los dedos como en las manos; es probable que incluso percibamos cierto hormigueo y es que la musculatura de nuestra mano se resiente después de pasar horas pulsando teclas en el teléfono.

 

Seguramente son muchas las consecuencias de orden físico que deja el excesivo uso de los celulares, de eso no queda la menor duda. Pero, lo que más debería preocuparnos es la forma como ese uso desmedido de las redes sociales, de toda índole, viene generando daños o comportamientos malsanos en la psiquis o mente de muchísimas personas que viven absolutamente despistadas y absorbidas por una pantalla, donde publican lo que hacen y lo que no, donde se enteran dónde han estado sus amigos y con quién… Coincido plenamente con lo que sobre este tema señala la bloguera Arancha Hidalgo al expresar que la tecnología está bien, y que es un gran avance, pero todo en su justa medida. El ser humano tiene la necesidad de relación, de contacto físico, verbal, gestual… relacionándonos cara a cara podemos disfrutar tanto del lenguaje verbal como del no verbal, tener una comunicación fluida, observando si nuestro emisor o receptor está siguiéndonos en lo que le decimos.

 

A fin de cuentas deberíamos de preguntarnos si las redes sociales son de verdad “sociales o antisociales”. No perdamos esa esencia de relacionarnos, porque realmente somos eso, seres sociales, los cuales estamos hechos para la comunicación entre nuestros iguales.

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