La calle, un lugar hostil y violento para las mujeres

Estos lugares por donde transitan diariamente cientos de personas no solo están plagados por monumentos, parques y sitios comerciales. En algunos lugares conocidos como peligrosos residen los habitantes de calle.

Mónica Mesa Alvarado, investigadora en la maestría de estudios de género para la Universidad Nacional de Colombia, en su trabajo denominado “Corporeidades ñeras: contradicciones callejeras”, indagó sobre el tipo de situaciones a las que se ven inmersas aquellas mujeres habitantes de calle, pues aunque es poco ‘común’ verlas, existen y son señaladas por la sociedad.

“Para llegar a las conclusiones, desarrollé cinco entrevistas con mujeres habitantes de calle, y es de anotar que primero son minoría y además tienen unas condiciones particulares en donde se tienen que blindar, porque si bien a las mujeres se nos ha sido vetado el espacio público y la calle en general se nos muestra como un lugar inseguro, ellas están habitando ese lugar”, manifestó Mesa.

Algunos de los relatos de las mujeres que habitan las calles es que es un lugar violento y muchas se sienten como si fueran malas mujeres, malas hijas, hermanas y madres, y además rompen con ese estándar de lo que ‘debe ser’ una mujer, pues siempre tienen que lucir limpias, pulcras, delicadas y ‘bien puestas’ y obviamente estas mujeres rompen dramáticamente con esa idea.

Por otro lado, se exponen a la violencia tanto física como sexual, además de la violencia del mismo Estado, pues una de las principales causas para que terminen en la calle se debe a las condiciones de pobreza en las que viven.

Violencia sexual

Uno de los apartados de “Corporeidades ñeras: contradicciones callejeras” indica que cuando algunas mujeres se ven sin con qué consumir, deciden usar su cuerpo para encontrar a alguien que les financie el vicio, alguien con quién hacer un trueque.

“Lo que hacen es coquetear para ver qué logran. En algunas ocasiones ellas están dispuestas a tener relaciones sexuales a cambio de vicio, pero en muchas otras, ellas solo quieren coquetear y poder conseguir droga a cambio, lo que se vuelve una interacción muy peligrosa, porque la mayoría de los ñeros espera sexo como canje, así ellas nunca lo manifiesten. Por esto Flor cuenta que las que no “ponen su cuerpo” como mínimo pueden salir golpeadas”.

Ahora bien, una de las mujeres entrevistadas por Mesa relata que en las zonas conocidas como las ollas, quienes mandan son los ‘sayas’ y en ocasiones disponen del cuerpo de las mujeres porque estas no tuvieron con qué pagar.

En la calle por amor

Algunas mujeres terminan inmersas en las calles por amor, es decir, Mesa encontró a través de los relatos, que muchas en medio de su enamoramiento, por irse detrás de un hombre quedan atrapadas y esto queda expuesto en el apartado de su escrito: “Ese enamoramiento del que se hablaba como una de las causas de salida a la calle, también se ve como una de las causas de permanencia. Aunque Sandra entró a la calle por esta razón, no siguió con el mismo hombre, sin embargo, para ella es muy importante tener pareja, porque es su compañía y es con quien se comparte la cultura callejera. Que el punto de partida de una pareja sea en la calle, no les exime de esas dinámicas violentas que se reproducen en las relaciones amorosas tradicionales, manifestándose tanto en parejas heterosexuales, como del mismo sexo, justificando muchas veces los actos de violencia, creyendo que el amor todo lo puede y lo perdona”.

Se transforman

Los relatos dan cuenta de que la calle es un lugar hostil y violento, en donde las mujeres deben sobrevivir, por tanto muchas aprenden a defenderse y a comportarse y vestirse como hombres para pasar ‘desapercibidas’.

“Muchas empiezan a saber defenderse, a entender que es mejor andar sola que estar mal acompañada, a identificar a qué lugares se puede meter y a cuáles no, entonces crean estrategias para sobrevivir”, dijo Mónica Mesa Alvarado, investigadora en la Maestría de estudios de género para la Universidad Nacional de Colombia.

Así pues, dentro de su estudio se encontró que para las mujeres vivir en la calle no es la primera opción, pero cuando lo es, resulta una decisión riesgosa que implica construirse como “ñera” y replantear su cuerpo, lenguaje y prácticas asociadas con los conceptos de belleza e higiene.

Libertad din límites

La investigación de “Corporeidades ñeras: contradicciones callejeras” habla sobre la libertad sin límites, y es que en general, para muchas familias, resulta difícil aceptar que uno de sus miembros viva en la calle, y esto es particularmente más complicado para las madres de las ‘ñeras’. Los intentos para que ellas regresen a la casa casi nunca dan resultado. Esto no significa que ellas pierdan contacto con su familia, las que fueron entrevistadas tienen un contacto directo y frecuente con su familia, sobre todo con sus madres.

Sin embargo, al parecer, la libertad que les da la calle es irremplazable, porque allí las experiencias son marcadas por el presente, casi nunca se piensa en el futuro, se consigue para lo del vicio y la comida del día. En la calle se tiene independencia, es por esto que uno de los mayores miedos que sienten los habitantes de calle es el encierro, que les quiten su libertad.

¿Personas desechables?

Es muy común escuchar dicho término, el cual utilizan para referirse a las personas habitantes de calle. La frase deshumaniza y da a entender que son seres que no sienten ni importan, con esto justifican situaciones como la mal llamada limpieza social, en manos anónimas, que por medio del asesinato de habitantes de calle argumentaban la terminación de este fenómeno.

Gran minoría

La Agencia de Noticias UN, encontró que en el 2017, y en el marco de la ley 1641 de 2013, que establece los lineamientos generales para la formulación de la Política Pública Social para Habitante de Calle, el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane) llevó a cabo el VII Censo en esta población.

En la caracterización para Bogotá se encontraron 9.538 personas en situación de calle, 8.477 hombres (88,9 %) y 1.061 mujeres (11,1 %), la mayoría entre 20 y 45 años. La principal razón por la cual iniciaron la vida en la calle fue por el consumo de sustancias psicoactivas, con un 38,3 %, seguida por conflictos y dificultades familiares, aspecto en el cual las mujeres tiene un rango mayor, 40,2 % frente al 31,8 % de los hombres.

En cuanto al consumo de sustancias, el censo mostró que las mujeres consumen más cigarrillo y basuco que los hombres: 87,5 y 73,2 %, respectivamente.

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