Una larga y bien vivida vida

Don Abraham Trejos partió esta semana, con tan solo 108 años de edad, a la casa eterna. Esta es apenas una sencilla semblanza en las voces de las personas que compartieron la vida con él.

Según información de internet, el Abraham bíblico vivió 175 años, pero esto para aquellos tiempos era apenas normal, pero la proeza de este quinchieño fue pasar con creces la centuria en perfectas condiciones, tanto físicas como mentales.

Cuna sencilla

En los registros que se conservan de don Abraham, se marcan constantemente dos frases: ‘volverme viejo porque no crecí’ y ‘bueno, está bien’. El señor Trejos nació el 7 de junio de 1918 en la vereda El Higo, pero con apenas 20 días de nacido se trasladaron a Moreta en Quinchía, Caldas, para aquel entonces. Su infancia se desarrolló entre caminos imposibles en época de invierno, quebradas sin puentes e historias de ‘asustos’ fieles a la tradición oral con la que se formó el eje cafetero.

Imagen de la comparsa ‘Corazón Bandolero – 1938’. Conservada por Jorge González habitante de Moreta, hoy con 95 años de edad y suministrada por Asdrubal Loaiza.

Para saber un poco más de la historia de este asombroso hombre del común, se consultó con el experto en folclor Asdrubal Loaiza Trejos, investigador de tradiciones y costumbres en las 16 veredas que conforman el cañón del Cerro Batero o Karambá (como lo conocen los indígenas) y amigo de don Abraham desde 1982. “En Moreta pudo estudiar sólo hasta segundo de primaria en una escuela de bahareque que le tocó estrenar, no había más. Con eso ellos ya se defendían el resto de la vida”. Tradicionalmente en esta región las familias son numerosas y la de don Abraham también estaba conformada por 10 hermanos. “Comunidades que dependieron por mucho tiempo del consumo de maíz, yuca y frijol, pues el café y el plátano llegaron años después”.

Anécdotas

En uno de tantos registros, el mismo don Abraham dice: “Me fui poniendo ya pícaro”, de esa magia hablaron sus ojos hasta el final, mostraban tranquilidad, transparencia y alegría”, siguió siendo el más chiquito en los grupos que conformó. Llegó el tiempo de prestar el servicio militar. “Nos contaba que él fue el encargado de tocar la diana para despertar al resto del personal. Me acuerdo mucho de él en las obras de teatro de Semana Santa, siempre personificó a Poncio Pilato”. dice el señor Loaiza.

Don Abraham fue la generación posterior a la guerra de los Mil Días y sobreviviente de la violencia posterior al bogotazo, nada le pasó porque lo tenían para una historia muy larga. Estuvo casado por 51 años con su primera esposa, pero el amor tocaría su puerta por segunda vez, cuando ya contaba con más de 70 años con una señora que también asistía a un Centro Vida del adulto mayor. Aquella esposa también falleció, como recuerda otra de las personas que más trato tuvo con él, la señora María Rosa Betancourt Jaramillo, quien ha sido coordinadora de uno de estos centros en Quinchía.

Cuando doña María Rosa participó en el Reinado del Adulto mayor en 2022, don Abraham con 104 años fue su edecán. Foto: María R. Betancourt.

“Hace más o menos tres años que la familia maravillosa que tiene se lo llevó para Dosquebradas. Era una persona que nunca se vio triste y si era uno el que estaba así le decía ¿por qué estás triste? La vida es muy linda para vivirla”.

¿Cuáles eran las actividades favoritas de don Abraham? “Le gustaba decir poemas, cuentos, adivinanzas y sobre todo trovas, también bailaba, para el pasillo era el mejor. Siempre con su pipa que le encantaba. Las comidas que más le gustaban eran el sancocho, los fríjoles, los envueltos y las arepas de chócolo. Cuando le dábamos comidas rápidas en las fiestas no se las comía, decía que no le sabían a nada”.

“Míreme con todos los años que tengo y no he sabido de tristezas, a pesar de los tiempos duros y difíciles”.

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