La valentía detrás de súper ‘Topito’

La tragedia dio paso a muestras asombrosas de solidaridad civil en las calles de Pereira, entre nubes de polvo y muros colapsados, un adolescente de apenas 13 años se convirtió en un símbolo de valentía y amor patrio.

Todo superhéroe tiene una identidad oculta y el ‘Topito’ no podía ser la excepción, bajo el nombre de Juan Pablo Sánchez Espinel, pasa sus días este nuevo personaje de la ciudad después del fragor de la tragedia. Esto de la fama es aún muy nuevo para él, pues su cotidianidad se movía entre la casa materna ubicada en el barrio San Luis y la casa de la abuela en Boston, donde también está la cancha sintética y sus potenciales clientes.

Shedulces

“Al principio le puse ‘Shedule’ pero la gente se confundía mucho, así que lo cambié para que supieran que es de dulces”. En su comunidad es conocido por este emprendimiento que empezó sin pedirle un solo peso a su mamá, sino que ahorró hasta completar lo suficiente para la primera bolsa de bombones que le daría paso a otros productos. Lo mejor de todo es que tiene el público de los partidos ‘pulpito’ para venderles cuanto a él se le ocurra. Ahora se dedicarán a buscar un dulce propio, algo que todos al saborear sepan que es de Shedulces.

El día D

Aquella mañana, Juan Pablo, que todavía no se transformaba en ‘Topito’, se encontraba durmiendo en su ‘cambuchito’, como le dice a la pequeña habitación que da hacia la calle. “El temblor me movió y me desperté, pero cuando vi que empezaba más duro pensé  ‘hay que salir de acá porque este terremoto nos va a dar un susto horrible’, mi mamá y yo nos fuimos corriendo hasta el parqueadero, nos agachamos al lado de los carros y nos cubrimos la cabeza con las manos. En ese momento vimos cómo se cayó una reja de la cancha y un edificio se derrumbó a medias, mi mamá no paraba de decir: ‘¡Uy, Señor, qué es esto tan horrible!’”.

El joven había salido descalzo, regresó con su mamá a la casa que tienen en arriendo en el primer piso y que “gracias a Dios no sufrió ningún daño”. Se vistió y salió rápido para Boston a ver cómo se encontraba la abuelita.

«Hubo momentos en que me caían pedazos de ladrillo y paredes al lado, pero a mí no me daba miedo».

Ignoró las advertencias de peligro su mamá, que le negara el permiso para alejarse y el miedo a las réplicas para adentrarse en el corazón de la destrucción en Providencia uno de los barrios más golpeados. Allí, armado únicamente con una pala, guantes sencillos, una gorra y una profunda convicción familiar de ayudar al otro, se internó en las estructuras colapsadas para remover escombros y abastecer los baldes de las cadenas humanas de rescate, demostrando que el heroísmo no tiene edad cuando se trata de proteger a la gente de su país.

Su mamá siempre le enseñó una lección muy bonita, que el país de uno es como si fuera la familia y que el que no quiere a su país, no quiere a su madre.

No dejar solo al país

“Primero fui a ayudar en una tienda que se llama La Fonda, donde se había desplomado el techo y un aviso de un asadero de pollos que iban a poner. Cuando llegué a la casa de mi abuela, vi que las matas que vende estaban, la tierra regada en el piso y el porche hundido, en esas llegó mi tío Juan David y me mostró fotos de cómo estaba el barrio Providencia, que estaba arrasado y destruido”.

¿Qué pasó al llegar a Providencia? “Llegué con una chaqueta con capucha, pero estaba poco equipado, me dieron una gorra y unos guantes de esos azules que se me rompieron rápido, me integré de inmediato a las labores de remoción de escombros con un tapabocas que también se desgastó rápido.Estuve unas cinco o seis horas trabajando sin parar. La polvadera que se levantaba era tremenda e incluso, por el afán del trabajo, a veces alguien se descuidaba y me pegaba un palazo en la cabeza sin querer. Terminé con algunos granos en la nariz y problemas respiratorios por el polvo, por lo que me revisaron los bomberos y me dieron medicina”.

La tecnología

Antes del terremoto, el celular de Juan Pablo estaba más malo que bueno y no tenía redes sociales, pero tras la entrevista del medio de comunicación argentino TN, la historia fue diferente: en la cuenta de Instagram @soyjuanpablo_oficial ya cuenta con 26.800 topitos (un ejército), hay 15 videos, el último en el reconocimiento que durante la velatón le hizo la Alcaldía de Pereira.

El estudio

Juan Pablo está o estaba en sexto, eso está por definirse cuando se retome la normalidad académica. “Estudiaba en el colegio Suroriental desde la casa por elección mía y también por algunos temas personales que no me gusta contar tanto. Me mandaban las tareas y para mí era mucho mejor estudiar así”.

“Parecía una escena de película bélica: ambulancias pasando, una señora con un perro que no paraba de ladrar y escombros por todos lados que tapaban el paso”.

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