Mejor nada

Dicen en los tintiaderos políticos que hubiera sido mejor que el Obispo Corredor (foto) no hubiera suspendido en el ejercicio de sus funciones sacerdotales al padre Gutiérrez para que pudiera hacer su campaña a la alcaldía de Dosquebradas. Tras de que se demoró mucho para hacerlo, lo hizo con una larga lista de advertencias que a juicio de muchos lo que hace es perjudicarlo.

Suspensión y prohibición

Primero advirtió que no es una autorización, ni una dispensa y mucho menos un aval para que haga la campaña, sino una suspensión del ejercicio sacerdotal por diez años. Y segundo, le prohibió de manera categórica a los sacerdotes acompañar esa candidatura o prestarle las instalaciones de las parroquias para hacer proselitismo político en su favor.

Qué necesidad había

Muchos se preguntan qué necesidad había de hacer por escrito semejantes advertencias y mandarla a los medios la comunicación respectiva. Además, nadie entiende, por qué si solo falta un poco más de seis meses para las elecciones y el periodo del alcalde, en caso de ganar, es de cuatro años, la suspensión sacerdotal fue por diez años.

Un baculazo

Para muchos las admoniciones de Monseñor Rigoberto Corredor fueron un baculazo a la campaña del padre Oscar Augusto Gutiérrez (foto), porque no van a faltar los católicos que piensen que, si apoyan al suspendido sacerdote o votan por él, están desobedeciendo al Obispo y contrariando su mandato, o lo que es peor saliéndose de los lineamientos de la Iglesia Católica.

El Centro, el perjudicado

Y el gran perjudica con esto es, por supuesto el padre Oscar Augusto, pero especialmente el partido Centro Democrático que guardaba la esperanza de poder pelear, con posibilidades de ganar, la alcaldía de Dosquebradas, ya que por lo que parece, y gracias a la guerra interna que vive, no va a haber mucha oportunidad de disputar con opción la gobernación ni para la alcaldía de Pereira.

Atizó la hoguera

La presencia el viernes pasado de la senadora María del Rosario Guerra en la Ciudad, en vez de ayudar a calmar los ánimos y zanjar las diferencias entre los dos sectores en que está fraccionado el C.D. en Risaralda, lo que hizo fue atizarlos. La dirigente cuestionó duro los congresistas locales y se dolió de que estuvieran patrocinando personas que nunca han sido, ni hoy lo son, uribistas.

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