Andrés García
Columnista

El pasado viernes se festejó el Día Internacional de la Mujer. La celebración, instituida por la ONU desde 1977, tiene por fundamento honrar la memoria de 130 mujeres que murieron el 8 de marzo de 1908 en un incendio en una fábrica de algodón en Nueva York, tras declararse en huelga con permanencia en su puesto de trabajo. El dueño de aquella bodega ordenó cerrar con llave las puertas del lugar para que las mujeres desistieran y así optaran por abandonar el sitio.

Si analizamos en profundidad la celebración del Día de la Mujer, encontramos en la historia un capítulo doloroso y siniestro que por el solo hecho de recordarlo nos causa estupor. Si vamos un poco más allá, observaremos que al igual en que esta fecha, muchas otras – por no decir la mayoría de las conmemoraciones – buscan reivindicar a alguien o a algo, un rol, una clase social, una causa, una opción sexual o un género, como si mediante dicha acción la sociedad buscase expiar la culpa que le asiste ante al gradual desconocimiento que a diario les expresa.

Con esto no estoy sugiriendo que la mujer no sea digna de reconocimiento ni celebración. ¡Nunca pensaría de esa manera! Todo lo contrario. La mujer es para mí la más clara manifestación del más alto gesto de divinidad hecho naturaleza, solo que la sociedad – en lugar de reconocerle su lugar y expresarle a diario respeto, comprensión, amor – pareciera empecinarse en subsanar su falta continua mediante una transacción comercial básica, en la cual termina por asignarle cada año tan solo una fecha de reconocimiento en el calendario. La mujer no merece una fecha en el almanaque. ¡Merece todas las fechas!

En Colombia, cada 28 minutos una mujer – principalmente entre los 20 y 29 años de edad – es víctima de violencia de género. Más de 3.014 casos fueron denunciados en 2018, según el Instituto Nacional de Medicina Legal. Infortunadamente, la invisibilización del problema, se constituye en pandemia nacional lo que conduce a inferir que la cifra es mayor. Los chistes, las insinuaciones, el acoso, el maltrato en las relaciones de pareja, en colegios, etc., son tan solo algunos de los ejemplos a citar. Estas “fechas especiales” nos deberían llevar a reflexionar.

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