Ana María Cuartas*

Hay momentos en la historia que nos sacuden profundamente y nos invitan a detenernos, a mirarnos a los ojos y a recordar quiénes somos. El terremoto del pasado 10 de agosto fue uno de ellos, nos confirmó que, aun en medio de la adversidad, la verdadera fuerza de Risaralda está en su gente, en sus instituciones, en sus liderazgos, en las manos que ayudan, en los corazones que acompañan y en la capacidad de levantarnos juntos.
Desde el primer día vi algo que me conmovió profundamente. Nadie esperó una llamada de auxilio. Nadie esperó una convocatoria, un contrato o una instrucción. Empresarios, gremios, jóvenes, organizaciones sociales, instituciones y ciudadanos salieron a las calles a ayudar.
Muchos, incluso después de revisar los daños en sus propias casas, sacudiéndose el polvo de la ropa, llegaron al Puesto de Mando Unificado a preguntar simplemente: ¿en qué podemos ayudar? Eso es liderazgo para servir.
Quiero reconocer especialmente al gobernador de Risaralda, Juan Diego Patiño y al alcalde de Pereira, Mauricio Salazar, y de sus secretarios y equipos de trabajo. He podido ver de cerca su dolor, su preocupación por nuestra gente y el cansancio de enfrentar una tragedia para la que ninguna administración puede estar completamente preparada. Pero también los he visto liderar en la emergencia, convocar para unir y tomar decisiones difíciles pensando en el bienestar colectivo.
No podemos desconocer que gobernar en medio de una tragedia que supera las capacidades institucionales es una responsabilidad enorme. Por eso, más que juzgar desde la distancia, debemos acompañar, aportar y hacer equipo.
También debemos reconocer a quienes estuvieron en la primera línea: los organismos de socorro, la Cruz Roja, la Defensa Civil, los bomberos del país, la Policía Metropolitana, nuestra red hospitalaria, la Empresa de Energía, la Carder, la Asociación de Ingenieros de Risaralda, Camacol, las Cámaras de Comercio, la Caja de Compensación, el Intergremial la Diócesis de Pereira, la ANDI y tantos otros que demostraron que una región puede responder cuando sus instituciones trabajan juntas.
Esta es una tragedia enorme, que afecta más de 400 municipios en 15 departamentos y en Pereira específicamente hay una gran afectación en los sistemas estructurales de la ciudad pues se presentan daños severos en las infraestructuras educativas, hospitalarias, viales, culturales, de vivienda, comerciales e incluso rurales.
Una situación en la que necesitamos apoyo, por eso agradecemos que el Gobierno Nacional ha priorizado la atención a la emergencia desde el primer día, haciéndose presente y concentrando esfuerzos en la estructuración del Fondo Milagro como vehículo que permitirá que la región afectada resurja.
Pero esta emergencia también nos plantea una pregunta más profunda:
¿qué Risaralda queremos construir después de levantarnos?
Tengo una enorme confianza en la generación de líderes que hoy está al frente de nuestras instituciones, empresas, gremios, universidades y comunidades. He visto su capacidad, su sensibilidad y su disposición para servir. Creo que esta generación está preparada no solamente para reconstruir lo que se perdió, sino para soñar una región diferente, más fuerte, más segura, más preparada, más sostenible y con mayores oportunidades para todos. La nuestra es una generación que sabe unir sus manos para hacer equipo.
Para hacerlo, debemos escuchar a quienes tienen más años, más experiencia y más historias que contarnos. Que la experiencia aconseje y que impulse a la nueva generación para que se atreva a soñar en grande y a hacer transformaciones. Nosotros asumimos la responsabilidad de pensar el territorio que queremos dejarles a nuestros hijos, de hacerlo realidad. Nuestra región ha tenido grandes hombres y mujeres que construyeron caminos que hoy transitamos, hoy los invito a que confíen en nosotros y en nuestra capacidad para imaginar, decidir y construir, mientras nos acompañan.
Desde ProRisaralda entendemos que la reconstrucción no será tarea solo de un gobierno, de un gremio, de una empresa o de una institución. Será una obra colectiva que requiere que cada uno de todo lo mejor que pueda aportar y que tengamos la grandeza de unirnos.
Estoy convencida de que Risaralda volverá a levantarse, pero podemos hacer algo más grande que volver a lo que éramos. Podemos aprovechar este momento para soñar en grande, planificar con visión y construir juntos el territorio que queremos ser. Tenemos el talento, las instituciones, la experiencia, la sabiduría de los mayores y las capacidades de una nueva generación dispuesta a servir y, sobre todo, tenemos algo que ningún terremoto puede derribar: las ganas de levantarnos juntos.
Risaralda resurge porque nuestra gente no se rinde, porque tenemos en nuestra sangre la fuerza de las chapoleras y de los arrieros y porque cuando nuestros liderazgos se encuentran, el futuro deja de ser un sueño y empieza a convertirse en un propósito colectivo.
* Directora ejecutiva de ProRisaralda


