Juan Camilo Velásquez*
Un terremoto se mide en segundos, pero sus consecuencias se cuentan en meses y, muchas veces, en años. Las grietas de una fachada están a la vista. El deterioro de un negocio que lleva semanas cerrado, no. Es allí, en esas afectaciones menos visibles, donde Pereira se juega buena parte de su recuperación.
Miles de familias dependen de micro y pequeñas empresas que trabajan con márgenes estrechos. Cuando un negocio deja de vender durante varias semanas, no solo está en riesgo el capital de su propietario. También se afectan los trabajadores, los proveedores, los arrendadores y todos aquellos que hacen parte de esa cadena. La economía de una ciudad funciona así: lo que le ocurre a uno termina repercutiendo en muchos otros.
Por eso, la atención de la emergencia debe ir acompañada de acciones para cuidar el empleo y ayudar a que las empresas sigan funcionando. Los créditos con periodos de gracia, los alivios tributarios temporales y la agilidad en algunos pagos pueden darles el tiempo que necesitan para recuperarse. Las grandes obras tomarán más tiempo, pero hay decisiones que pueden brindar tranquilidad desde ahora.
La movilidad es un buen ejemplo.
Una vía cerrada no significa solamente tomar otro camino. Puede encarecer el transporte de mercancías, alargar los recorridos hacia el trabajo y dejar sin clientes a sectores enteros del comercio.
Recuperar la conexión con las zonas productivas, los centros de abastecimiento, los colegios, las universidades y los servicios de salud será determinante. También lo será avanzar hacia un transporte público integrado y complementario que conecte mejor los barrios y facilite el acceso a las oportunidades.
Pero reconstruir no puede consistir únicamente en dejar todo como estaba antes. El terremoto mostró vulnerabilidades que debemos revisar con serenidad y responsabilidad. Las familias necesitan respuestas sobre sus viviendas y los comerciantes requieren saber si podrán volver a sus locales. Al mismo tiempo, la ciudad debe asegurarse de que las decisiones que tome hoy no se conviertan en nuevos problemas dentro de algunos años.
En ese punto, el Plan de Ordenamiento Territorial adquiere una importancia especial. No es un asunto exclusivo de expertos. Allí se decide cómo crece Pereira, dónde se puede construir, cuáles zonas requieren mayor protección y cómo se distribuyen las actividades económicas. Esa conversación debe avanzar con información técnica, pero también escuchando a quienes conocen, trabajan y viven diariamente el territorio.
La recuperación puede servir, además, para organizar mejor algunos espacios comerciales. Las plazas de mercado, los centros de abastecimiento y otras zonas de comercio pueden convertirse en lugares más seguros, ordenados y accesibles. Esto beneficiaría tanto a quienes venden como a quienes compran y abriría oportunidades de formalización para muchas personas.
Las universidades también tienen un papel muy importante. Pereira cuenta con grupos de investigación y laboratorios que pueden ayudar en la evaluación de edificaciones, el análisis de suelos, la planeación urbana y la medición de los efectos sobre el empleo.
Sus estudios serán realmente valiosos si llegan a tiempo y ayudan a resolver los problemas que están viviendo las comunidades, las empresas y las instituciones. Hay otra consecuencia de la que todavía hablamos poco: la salud mental. El miedo, la incertidumbre y la pérdida no desaparecen cuando deja de temblar. Por eso, la reconstrucción debe llegar también a los colegios y a las universidades. Desde la educación podemos aprender a conocer mejor el territorio, prepararnos para futuras emergencias y fortalecer una cultura de prevención y solidaridad.
La Policía, los organismos de socorro y las autor idades han acompañado a la ciudad durante las semanas más difíciles. Su presencia da seguridad a las comunidades y confianza a los comerciantes que deciden volver a abrir. Ese acompañamiento seguirá siendo necesario aun cuando la emergencia deje de ocupar los titulares.
Para avanzar se necesitarán recursos públicos, cooperación y aportes de distintos sectores. Informar con claridad cómo se están utilizando ayudará a conservar la confianza y a mantener unidas a las personas e instituciones que quieren contribuir. La transparencia, en este caso, no debe verse como una barrera, sino como una forma de cuidar el esfuerzo de todos.
Desde el Comité Intergremial de Risaralda seguiremos trabajando con los gremios, la academia, las instituciones y la sociedad civil.
La tarea es compleja, pero el propósito es común: reconstruir Pereira desde todos los sectores económicos, proteger el empleo y recuperar la confianza.
Pereira ya se ha levantado antes y volverá a hacerlo.
No porque sea sencillo, sino porque esta ciudad sabe unirse cuando más lo necesita. La recuperación será real cuando las familias puedan volver a sus hogares, los negocios abran de nuevo sus puertas y los trabajadores regresen a sus puestos. Ese es el objetivo que hoy debe reunirnos.
* Presidente del Comité Intergremial de Risaralda


