Felipe Baena Botero*
Pocos meses antes de que la tierra se moviera, Pereira ya se había hecho la pregunta que ahora más necesita responder: ¿Qué ciudad queremos ser? Así nació Pereira 2054, el ejercicio de prospectiva con el que la ciudad se prepara para su bicentenario. En su primera fase, Reconocernos y explorarnos, más de siete mil pereiranos dijeron qué soñaban, qué temían y qué no querían perder, y cuatrocientos expertos de diez sectores discutieron durante meses qué fuerzas definirían nuestro destino. Lideró esa fase la Alcaldía de Pereira, con Areandina como aliado operador, junto con el Comité Intergremial, la Sociedad de Mejoras Pro Risaralda, Ukumarí y la Red Risaralda Universitaria: una coalición que vale la pena reconocer, porque sin ella no tendríamos hoy una hoja de ruta que releer. Hoy, mientras la ciudad levanta escombros, esa hoja de ruta resulta ser la mejor noticia de esta hora difícil.
Pereira no empieza de cero. Empieza desde una conversación que ya tuvo consigo misma. Lo que la ciudad dijo A la pregunta de qué era lo mejor de Pereira, lo que no debía cambiar jamás, la respuesta no fue un edificio ni una avenida. Fue su gente: “Ese espíritu berraco, resiliente y amable que la ha hecho crecer a pesar de las dificultades.” Escrito meses antes, describe con exactitud lo que vimos en agosto.
Dijeron también cómo soñaban la ciudad: “donde los niños puedan jugar sin miedo, las mujeres puedan vivir sin violencia, y los jóvenes encuentren oportunidades sin tener que irse.” Ninguna aspiración fue derribada por el sismo. Todas se volvieron más urgentes. El terremoto dentro del proceso En prospectiva, los factores de cambio son las fuerzas que con mayor probabilidad definirán el futuro de un territorio. Pereira identificó más de cien. El terremoto fue la prueba más dura que ese mapa podía recibir. Y la pasó. El sismo cumplió tres papeles. Primero, confirmó lo que las mesas ya habían dicho. La mesa de vivienda advirtió que el problema no era tanto de casas que faltan sino de casas que existen y no cumplen condiciones dignas: fueron esas las que cayeron. La de ordenamiento nombró las construcciones antiguas no sismorresistentes como reto sin aplazamiento. Y en varias mesas, en boca de personas que no se conocían, apareció la misma idea: Pereira crecía hacia afuera mientras su centro se deterioraba. El sismo golpeó justamente el centro. Segundo, aceleró lo que apenas emergía: la salud mental colectiva y el cuidado eran señales tenues, hoy son la agenda. Y que las decisiones sobrevivan a los gobiernos, condición que las mesas ya pedían, dejó de ser aspiración: la reconstrucción cruzará más de una administración.
Tercero, reordenó el punto de partida: la ciudad que describimos a comienzos de año ya no es la misma, sus cifras cambiaron en noventa segundos. Pero el rumbo no. Cambió la línea de salida, no la meta.
Cuando todo parece urgente, planificar suena a lujo.
Es al revés: la urgencia sin dirección es la forma más cara de perder el tiempo. Cada decisión sin un norte compartido tendrá que revisarse y a veces deshacerse. El ejercicio de este año es hoy nuestro instrumento más pertinente.
No lo hicimos para la emergencia, pero es la emergencia la que muestra cuánto valía. La encrucijada Reconstruir tiene dos caminos. Reponer: levantar lo que se cayó donde estaba. O transformar: usar la reconstrucción para ser la ciudad que ya dijimos querer ser. Pereira sabe levantarse; lo que nunca hemos probado es levantarnos distinto. La diferencia no es de voluntad ni de recursos, es de dirección. Y esa dirección, por primera vez, ya está escrita. Reconstruir desde el futuro Por eso propongo que la reconstrucción se planifique desde Pereira 2054: no como un paréntesis en el camino al bicentenario, sino como su primer capítulo. Las decisiones de fondo, Pereira ya las discutió con método y participación; reabrirlas en la emergencia sería perder meses y la voz de quienes ya hablaron. De ahí se siguen tres cosas: que esa visión sea el criterio para decidir qué se reconstruye y dónde; que se blinde con un acuerdo que sobreviva a los gobiernos; y que el centro, el más golpeado, sea donde demostremos que Pereira crece hacia adentro. Esa primera fase ya tenía continuidad prevista: la segunda etapa, en la que la ciudad iba a explorar escenarios y consensuar una visión compartida al 2054, estaba planeada para este segundo semestre. El sismo no cambia esa hoja de ruta, la hace más urgente, y llega justo cuando la Alcaldía tiene puesta toda su capacidad en resolver lo inmediato: los damnificados, los escombros, la vida diaria de la ciudad. Por eso este es el momento de que universidades, gremios, empresas y sociedad civil se apropien de esta etapa que sigue, y le den a la Administración el respaldo técnico y ciudadano para sostener la mirada de largo plazo mientras ella resuelve lo urgente.
Lo que ya empezamos a construir El 30 de agosto de 2063 Pereira cumplirá doscientos años. Esa ciudad se decide hoy, en cada demolición, en cada obra que arranca: podemos llegar habiendo repuesto lo perdido, o habiendo construido lo soñado.
La ciudad ya escogió. Lo dijo con siete mil voces, porque entendió a tiempo que el futuro se decide antes de que llegue. Ahora nos toca escucharla, y seguir construyendo con ella lo que sigue. * Rector de Areandina Región Suroccidente
Nota: este artículo fue elaborado con el apoyo de herramientas de inteligencia artificial.


