Juan Guillermo Ángel Mejía*
Dice Gustavo Álvarez Gardeazábal, uno de los más importantes novelistas colombianos, que la socorrida historia con la cual se explica el éxodo de Cartago, desde las laderas de la cordillera, a la ribera sur del rio de La vieja, no se debió a los ataques de los Pijaos, sino al temor que despertaron el Volcán del Ruiz y los temblores.
La historia registra actividad volcánica y movimientos telúricos con frecuencia.
Es así como en 1.906 se recuerda el mayor de los que se tiene noticia, tanto así que la catedral debió ser reconstruida; recuerdo, los de 1.961 y 1.962, este último lo sentimos en horas de clase en el colegio, fue tan duro el remezón que salimos corriendo rumbo a la casa por la calle 17, donde tropezamos con la fábrica de camisas que había colapsado matando a varias personas, minutos después me tocó ver cómo, con gran estruendo, se derrumbaba la bella cúpula de la iglesia de San José. En 1.995 se registró otro que causo la muerte de decenas de personas y en 1.999 la tierra se estremeció con tanta violencia que generó una estrategia para reconstruir a la ciudad (el FOR EC) y el reciente, en el 2.026 es el más destructor de los que tengamos noticia.
Dicen los geólogos que el desastre del centro de Pereira, la destrucción de su corazón económico e histórico, se debe a condiciones del suelo sobre el cual se edificó, este que era un pueblo de esos típicos de la colonización antioqueña, apuntalado en guaduas, cagajón de caballo y barro, el cual, también se convirtió en tejas, techo y termo que mantenía frescas y secas las construcciones.
Dicen unos geólogos que el terremoto destruyó sectores de la ciudad, debido a que la tierra sobre la cual se asentó el centro histórico, es el resultado de acumulación de ceniza volcánica, verdad a medias, puesto que de ello ser cierto, no diferenciaría lo sano de lo destruido, otros hablan de la zona de influencia de la enterrada quebrada Egoyá, aquella que surge en el extremo oriental de la ciudad vieja y termina vertiendo sobre el río Otún, obra que se construyó con el liderazgo de la Sociedad de Mejoras Públicas, empresa de largo plazo que se inicia en 1.930 y se termina en 1.950, enorme tubería que requirió un segundo colector paralelo al ya vetusto, todo ello para añadir espacio para el crecimiento desbordad de la ciudad.
Esta causa de la destrucción tiene coincidencias que se hicieron evidentes solamente en el evento de 1.995 y que deben incorporarse a las causas de este desastre sobre su zona de influencia, aunque no explica lo que ocurrió en el centro y en otros sectores bien alejados de esa quebrada que se transformó en subterránea.
Muchos se preguntan las razones por la cuales Pereira, más joven que Santa Rosa, Manizales o Cartago, a pesar de estar cerca de sus vecinas, se ha desarrollado más que ellas; algunos dirán que se debe a la feracidad de la tierra, otros de la cercanía a las vías que comunican el norte del país con el antiguo sur, los de más allá argumentarán que fueron los colonos que aquí llegaron, sea lo uno o lo otro lo cierto es que esta ciudad, como nos lo recuerda el bardo de la tierra, ha conseguido llegar a ser, “sin fuerza extraña que agradecer”.
En nuestro concepto el desarrollo de Pereira, un pueblito con aires de gran ciudad, se debió al trabajo, a la tenacidad y desprendimiento de una clase dirigente que entregó tiempo, imaginación y dinero para que nosotros tuviéramos teléfonos automáticos antes que las grandes ciudades de entonces, que construyera una serie de acueductos y centrales hidroeléctrica a borde de agua, en una secuencia de hidroeléctricas, que se siguen una detrás de la otra, de tal manera que se conjugaban para darle a la ciudad la energía necesaria, de igual manera su acueducto sirvió con eficiencia la demanda, obras lejos de ser monumentales y agresivas con el entorno, eran triunfos del tesón y la voluntad de nuestros ancestros.
De manera que ahora nos vemos abocados a repensar la ciudad, por lo menos su centro que ha sido y seguirá siendo el corazón de esta Perla del Otún, ciudad que como hemos insistido, se ha construido por le esfuerzo de muchos, las casas no resultaron de empresas gigantes que entregan conjuntos, sino una a una, edificadas por maestros de obra y por sus habitantes y colonos.
Hoy no podemos repetir la ciudad aquella que a veces parecía se asentaba por el camino de las mulas, a pesar de la ciudad respetó el damero de 80 metros por 80 metros, como se gestó este centro ahora golpeado.
A la atención de la emergencia se respondió como la ciudad lo ha hecho cada que las campanas repicaron, los voluntarios no faltaron, las ayudas llegaron, las autoridades se ocuparon en la remoción de escombros y la recuperación de víctimas, todos a una, personas y empresas, la sociedad civil, el estado han cumplido como los buenos, cada cual ha puesto lo que se le ha ocurrido, y la coordinación de los esfuerzos se ha notado más en la distribución de los auxilios inmediatos y en la coordinación de rescatistas y maquinaria, pero aún no tenemos claro el que, el cómo y el quien tendrá la responsabilidad y mando para coronar esfuerzos, asignar tareas acorde con la capacidad y experiencia de los profesionales y sobre todo con la manera de articular y consultar tanto a los damnificados como a la sociedad civil que son arte y parte de lo que habrá que hacer, cuando la polvareda se asiente y la solidaridad, esta que nos obliga a dar gracias a la Colombia que se ha movilizado y también a quienes allende las fronteras han dicho, aquí estamos.
Los dineros llegarán del gobierno nacional, el mismo que nos ha atendido y ofrecido a asumir sus responsabilidades sin fronteras, pero entre tanto, bien vale la pena que nosotros empecemos por aceptar que apenas estamos en las primeras de cambio, que se hace necesario, deponer vanidades y soberbia de quienes piensan que son los dueños de Risaralda, de sus municipios y de Pereira que, como decía Oscar Giraldo es orgullosa de su pasado y segura de su porvenir, la nuestra ha de ser el de una ciudad moderna acorde con los cánones y experiencias que se ha vivido en otras latitudes, cuando les ha tocado volver a empezar como nos corresponde hoy.
*Ex alcalde de Pereira y ex senador de la República


